Una mirada histórica sobre algunos movimientos sociales

 

Vivimos en una sociedad, la capitalista, democrática y occidental, que genera dentro de sí ciertos cambios. Casi se podría decir que está permanentemente en transformación, y que estos cambios son muy rápidos, y hasta cierto punto definitivos. Un vicio del que no están exentos ni los sociólogos, ni los historiadores, ni los periodistas, ni nadie que se dedique a observar la sociedad es el de pensar que vivimos la época más decisiva de la historia de la humanidad, o la más catastrófica.

Se tiende a creer que las sociedades antiguas cambian poco, pero esta es una apreciación, sin duda, fruto de la ignorancia a cerca de ellas. Probablemente ocurra lo contrario. Vivimos en una sociedad muy organizada, con un nivel económico alto, muchos servicios y muchos derechos que queremos conservar a toda costa, aún por encima de las modas y los cambios a corto plazo. Tendemos a ser más conservadores.

Teorías del cambio social

Los cambios sociales e históricos han venido siendo estudiados por todos los filósofos. En el siglo XVIII Comte inventó el término sociología para referirse a la ciencia que estudia la sociedad, sus comportamientos y costumbres. Desde entonces se han aplicado diversos cuerpos ideológicos al análisis de la sociedad.

Las teorías evolucionistas

Desde una óptica simplificada de las teorías sobre la evolución de Darwin, sociológicos como Herbert Spencer y Lewis Henry Morgan aplicaron la teoría de la selección natural a las sociedades, según la cual sobrevivían las más fuertes y organizadas.

Estas teorías, durante el siglo XIX, justificaron el colonialismo y el triunfo del capitalismo.

Las teorías marxistas

Las teorías marxistas también están vinculadas al evolucionismo, pero se centraban más en los mecanismos del cambio y la revolución, fijándose más en los factores socioeconómicos que en los culturales, ideológicos y organizativos. Frecuentemente se le ha acusado de lineal y finalista.

Las teorías funcionalistas

En las teorías funcionalistas encontramos a sociólogos como Emile Durkheim o Bronislav Malinowski. Se busca el origen de los cambios sociales en fenómenos contemporáneos a los mismos, despreciando la historia y cuantificando los hechos para determinar su importancia. Es la teoría más aceptada, ya que configura la visión de la sociedad de consumo de masas, y utiliza la estadística como paradigma.

Pero, probablemente, el cuerpo teórico y dogmático que anima a la mayor parte de los sociólogos e historiadores es la creencia en el fin de las ideologías, el agotamiento y el cansancio, incluso la muerte, de los grandes sistemas ideológicos, sin darse cuenta de que la ideología siempre existe y que quien hace dejación de ella asume la ideología dominante acríticamente. Se asume, así, una ideología transmitida por los medios de comunicación y la educación, y que tiende a ser estática. Por eso conviene estudiar sistemas diferentes, que son los que promueven el cambio social. Entre estas ideologías diferentes están el feminismo, el pacifismo y el ecologismo, que son las más pujantes, junto con los movimientos antiglobalización.

Estas ideologías se caracterizan por no estar dentro de los parlamentos, y ni siquiera están constituidas en partidos políticos, son las ideologías alternativas. Sin embargo, todas ellas tienen una gran fuerza dentro de la sociedad, crean opinión y promueven posturas positivas en su favor. Poco a poco impregnan los discursos de todos los partidos organizados y con representación parlamentaria, si bien de una manera un tanto distorsionada.

Aunque los movimientos alternativos han existido siempre, es en la década de 1960 cuando en nuestra sociedad toman carta de naturaleza como movimientos de masas, generando simpatías y opiniones en nuestro entorno, de tal manera que hoy en día todo el mundo se considera un poco feminista, pacifista o ecologista, aunque no se asuman todas las posturas. Estos movimientos no ejercen el poder, pero crean un estado de opinión al que el poder termina acogiéndose, para no gobernar en contra de las masas. Las nuevas tecnologías han proporcionado un arma nueva de organización de estos grupos. La aparición de Internet y la posibilidad de que los teléfonos móviles reciban mensajes cortos de texto han revolucionado la organización de manifestaciones, y la propia estructura de los movimientos. Las redes sociales de la red, los blog y los microblog, como Twitter, son plataformas muy influyentes para expresar ideas políticas que lleguen a gran cantidad de personas.

El feminismo

El feminismo es un movimiento de toma de conciencia y lucha de las mujeres por sus derechos y su emancipación social, así como por la igualdad real en la sociedad, de todos, hombres y mujeres, como personas. Claro que se ha dado un feminismo radical que pretendían la superioridad de la mujer frente al hombre.

Es, sin duda, el movimiento alternativo de más larga tradición en la historia contemporánea. Nace en el siglo XIX con el movimiento sufragista en Inglaterra, aunque hunde sus raíces en las ideas ilustradas y en la Revolución francesa. Igualdad para todos, el lema de la revolución, implicará que las mujeres también quieran ejercer los derechos que se le reconocen al hombre. Sin embargo, esa igualdad sólo es real si se parte de unas mismas condiciones y unas similares posiciones sociales, de lo contrario se torna en desigualdad.

La situación social de partida de las mujeres es la de objeto decorativo y fuente de placer. Durante el romanticismo se las consideró como unos sujetos pasivos que deben limitarse a ser bellas.

El primer signo de protesta se produce en 1791 cuando Olimpia de Gouges proclama ante la Asamblea Nacional Francesa la Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana, que son los mismos que los Derechos del Hombre y el Ciudadano. Pero si la Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano se fue imponiendo a lo largo del siglo XIX, la de la mujer no.

La lucha de las mujeres durante el siglo XIX se centra en conseguir el derecho al voto. Son las famosas sufragistas que se extienden por toda Europa y Estados Unidos. Este movimiento tiene su carta de nacimiento el 19-20 de julio de 1848 en Séneca Falls (Nueva York). La reunión de Séneca Falls fue convocada como respuesta al rechazo que soportaron dos activistas antiesclavistas en un congreso celebrado en Londres en 1840, sólo por el hecho de ser mujeres. Se redacto la Declaración de sentimientos, en la que se plasmaban sus reivindicaciones: acabar con todas las leyes que producen su infelicidad, lo que impide ocupar la posición social deseada; reconocer la igualdad de sexos; obtener una educación completa; poner fin a la doble moral vigente; abrirse camino en empleos lucrativos; y obtener el derecho a votar. La lucha por el voto era una cuestión central, ya que se consideraba que si un político dependía de sus votos para salir elegido atendería sus peticiones.

Pero la ideología más pujante, y de más proyección en la época, es el marxismo. Los marxistas unen la suerte de la emancipación de la mujer a la de la liberación del proletariado. Mujeres como Flora Tristán o Louise Michel están en esta posición.

Para los marxistas, la nueva sociedad creará otras estructuras e infraestructuras donde la mujer se verá liberada de la esclavitud a la que le somete el sistema capitalista; por consiguiente, mientras tanto, el marxismo no hace nada para mejorar la situación actual de las mujeres.

Pero en el siglo XIX las primeras en conseguir resultados son las sufragistas. No en vano, ellas sí pretenden mejorar la situación de las mujeres en la sociedad capitalista. Además de la participación en la vida pública, a través del voto, reivindican, también, el derecho a la educación y a tener un empleo. Quizás las primeras en conseguirlo fueron las cantantes e interpretes de música y las maestras de escuela. Por supuesto estamos hablando de las mujeres pertenecientes a la burguesía y cierta clase media, ya que las mujeres del proletariado fueron protagonistas en la puesta en marcha de la revolución industrial. El trabajo femenino fue una constante desde los primeros tiempos, ya que cobraban menos.

En 1792 Mary Wollstonecraft publica en los Estados Unidos Vindicación de los derechos de la mujer. En esta obra trata de dar una batalla legal para que los derechos de la mujer sean incluidos junto con los del hombre en la constitución estadounidense. Con el tiempo, su postura se radicaliza y propone la abolición del matrimonio, ya que para ella esta es la causa, y el medio, de opresión de la mujer.

Las mujeres van consiguiendo el derecho al voto en diferentes países. En 1893 lo consiguen en Nueva Zelanda, en 1917 en Rusia, en 1918 en Inglaterra, aunque lo pierden y han de recuperarlo en 1928. En 1920 en Estados Unidos, en 1931 en España, y en 1971 en Suiza, el último país desarrollado. En la mayoría de los países islámicos el voto sigue negado a la mujer, cuando no al hombre.

El socialismo y el anarquismo obtienen pocos éxitos, ya que no profundizan mucho en la situación de las mujeres. Sin embargo, sus mujeres son las más activas y las que más contribuyen a la difusión del feminismo.

Los anarquistas dan por supuesto que las mujeres estarán en igualdad de condiciones con el hombre en la nueva sociedad, en la que no existirán ni clases, ni grupos de poder ni, por supuesto, diferencias entre hombres y mujeres. La educación liberaría al hombre de su prejuicio contra las mujeres. Su opresión no es más que otra manifestación de la represión general.

El socialismo está en la misma idea, pero Engels introduce un elemento más de análisis: la lucha de clases-sexo, no es específicamente capitalista, si no que tiene su propia dinámica. La liberación de la mujer se producirá con la del proletariado, pero para ello debe estar plenamente integrada en el modo de producción capitalista. Las mujeres deben luchar específicamente por la igualdad en el trabajo y en la sociedad dentro del propio partido. Paladinas de estas posturas fueron Clara Zetkim, Alexandra Kollontai y Rose Luxemburg.

En el siglo XX el fascismo fue una ideología que dominó durante las décadas de 1920 a 1940. El fascismo redujo a la mujer a la condición de cosa, y le privó de los más elementales derechos, algunos de ellos ni siquiera durante el Antiguo Régimen se les había negado, como el derecho a administrar sus bienes. Hasta 1978, en España una mujer no podía tener un pasaporte, abrir una cuenta corriente, o poner una denuncia, si no era con el consentimiento expreso de su marido, padre o hermano.

Será después de la segunda guerra mundial cuando el feminismo, como ideología, sea asumido por toda la sociedad, y ello gracias a la información y a la sociedad de masas.

Sin embargo, la visión de la mujer para la sociedad de consumo de masas es muy diferente a la de los feminismos. Esta sociedad impone un tipo de mujer: esposa, feliz en su hogar, porque tiene aparatos que le hacen todas las tareas de la casa. Esta mujer feliz, y con mucho tiempo libre para el ocio, no tardará en revelarse en su jaula de oro.

Después de la segunda guerra mundial aparecen tres grandes pensadoras del feminismo: Simone de Beauvoir, Betty Friedmann y Kate Millet.

Simone de Beauvoir publica en 1949 El segundo sexo. Sostiene, que la situación oprimida de la mujer en la sociedad actual es algo cultural, y no natural, como creen algunos. Pone de manifiesto las diferencias de hecho, pero sostiene que no suponen un rango inferior. Se deben buscar nuevas relaciones entre los sexos, lo que enriquecerá a ambos como personas.

Betty Friedmann arremete en 1963 contra la mística de la feminidad, la esclavitud del hogar feliz y la paz del mito consumista. Todo ello lo que provoca es el aislamiento de la mujer, que vuelve a estar engañada por los viejos mitos, aunque modernizados.

Kate Millet en 1970 desarrolla una teoría sobre la política sexual. Para ella el patriarcado es un arte de dominación masculino que afecta a todas las clases sociales.

La década de 1960 y el nuevo feminismo

En las dećadas de 1950 y 1960 la opresión de las mujeres va desapareciendo de la vida pública y se concentra en el hogar. No obstante, las mujeres que trabajan sufren situaciones laborales discriminatorias: tienen salarios inferiores por igual trabajo, o puestos de menor categoría con la misma formación. Son las leyes de la ideología consumista que propagan la publicidad y la pornografía, y que convierten a la mujer en objeto de la publicidad, y en destinataria de los mensajes de consumo.

Las feministas de la década de 1960 se dan cuenta que la sola igualdad jurídica es una estafa, y que sufren una situación de explotación económica, legal y sexual. Las mujeres son la minoría oprimida dentro de las minorías.

No se trata sólo la lucha de las mujeres por la igualdad, sino de un compromiso de la sociedad por destruir las barreras de la opresión social. El mundo está organizado según el modelo masculino, tanto en lo laboral como en la educación. Aunque es cierto que la mujer tiene derecho a la educación, también es verdad que los contenidos, y los métodos pedagógicos a los que acceden, pertenecen al modelo masculino. Un buen ejemplo de la situación de la mujer en esta época lo constituyen las películas de estos años, que transmiten la idea de la mujer sumisa, ama de casa y, sólo circunstancialmente, trabajadora, siempre en puestos de poca responsabilidad.

Pero este cuadro que hemos pintado es la situación de la mujer en la sociedad capitalista occidental. La situación de la mujer en el Tercer Mundo es aún más penosa, puesto que además de estar atrapada en una sociedad machista, es pobre. Sus recursos de defensa dependen del hombre, así como los económicos. Su educación es muy deficiente, según los patrones occidentales. Todo esto impide que se desarrollen movimientos de protesta o rebeldía semejantes a los occidentales. El caso más extremo es la situación de la mujer en el Afganistán de los talibanes. Aquí, la mujer debe ir cubierta con el burka, una prenda que la tapa totalmente, no tienen derecho a trabajar, aun siendo viudas y no teniendo hombres en casa, ni a la educación, o a salir a la calle si no van acompañadas. Tampoco tienen derecho a la sanidad, no es raro que las mujeres mueran en los hospitales ante la pasividad de los médicos. Sin llegar a tales extremos, la situación de muchas mujeres del Tercer Mundo es similar; si a toda la población se le niegan los derechos a ellas se le niega la posibilidad de reclamarlos, y no sólo desde el poder, sino desde su mismo ambiente social. Frecuentemente, la prostitución y la emigración es la única manera de conseguir dinero.

El feminismo en España

El movimiento feminista en España no tiene una presencia destacada hasta instauración de la segunda República, cuando prende con fuerza. Desde las primeras Cortes republicanas las mujeres están presentes en la política y tienen derecho al voto.

Clara Campoamor, Victoria Kent y Margarita Nelken son las primeras diputadas de las Cortes españolas.

En el bienio radical-cedista se incorporan a las Cortes María Lejárraga, Matilde de la Torre, Veneranda García Blanco y Francisca Bohigas, y durante el gobierno del Frente Popular Dolores Ibarruri (La Pasionaria), y Julia Álvarez. En 1936 España es el país de mundo que más mujeres tiene en el Parlamento.

Victoria Kent, diputada de la CEDA, es nombrada, en 1931, directora de Prisiones, hasta 1934. Por primera vez en el mundo una mujer es nombrada para un cargo público tradicionalmente masculino. Hasta entonces, incluso en la Unión Soviética, sólo se les daba cargos considerados como «asuntos de mujeres», o asuntos para los que «la mujer tenía una sensibilidad especial», como la educación o los diversos «asuntos sociales». Victoria Kent fue la primera mujer española que intervino en un juicio como abogada, en 1924, y en 1930 actuó como abogada ante el Tribunal Supremo, era la primera vez en la historia que una mujer actuaba ante un Tribunal Supremo. Murió en Nueva York en 1989.

Margarita Nelken defenderá en el Parlamento la ley del Divorcio y la cuestión del voto femenino. Es una activista muy capaz, preocupada especialmente por la condición social de la mujer en España. Es diputada del Partido Socialista Obrero Español. Escribió, entre otras obras, La condición social de la mujer (1921). Murió en Moscú en 1968.

Clara Campoamor, militante del Partido Radical también defenderá la ley del Divorcio ante el Parlamento. Este es el tema más importante, en aquel momento, del feminismo activo en España. A fin de cuentas, en la mentalidad de la época, la manera de independizarse de su familia, para toda mujer, era casándose, y la del hombre trabajando, por lo que la mujer quedaba atada para siempre al marido que la sustentaba, independientemente de las condiciones del matrimonio. Partidaria de la concesión inmediata del voto a la mujer, sostuvo un agrio debate con Victoria Kent, partidaria de aplazarlo. También formará parte de la comisión encargada de redactar la constitución de 1931. Escribió El derecho femenino en España (1936), y La situación jurídica de la mujer española (1938), entre otras. Murió en Lausana en 1972.

Pero sin duda la más carismática de todas ellas fue Dolores Ibarruri, la Pasionaria. Ella es una activa dirigente comunista de gran fuerza, que lucha por los trabajadores. Sus discursos durante la guerra civil, en la defensa de Madrid, la convierten en un mito. Se exilia en Moscú. Regresa a España en 1977. Ese año se presenta a las elecciones generales y sale elegida por Asturias. No obstante, dimite de su escaño a los seis meses. Murió en Madrid en 1989.

Otra mujer importante en tiempos de la república fue Federica Montseny. Ella está fuera del parlamento, ya que es anarquista, pero durante la guerra civil participó en un gobierno de compromiso, cosa de la que se arrepentiría más adelante. Fue la primera ministra de la historia de España. Murió en Toulouse el 15 de enero de 1994.

En Cataluña, durante la guerra civil, surge el Grupo de Mujeres Libres, de tendencia anarquista. Se trata de una asociación que reúne a unas 20.000 afiliadas, y que practica un feminismo activo y radical. Muchas de ellas habrán luchado en el frente como milicianas. Publican la revista Mujeres Libres, que es de lo más revolucionario y progresista que el feminismo ha hecho nunca. La mayor parte de sus reivindicaciones hoy se consideran básicas, pero otras aún están por conquistar. Entre las animadoras de este grupo se encuentra Lucía Sánchez, Mercedes Comaposada y Amparo Poch.

Durante el franquismo la mujer española pierde todos sus derechos y es reducida al papel de esposa, madre y mujer piadosa. No tenía derecho, siquiera, a administrar sus bienes, tener pasaporte, o poner una denuncia. En un juicio, para que el testimonio de las mujeres se tuviese en cuenta como el de un hombre, debían formularlo dos. La mujer está, literalmente, secuestrada en casa. Sin embargo, los avances sociales pueden más que las leyes injustas. En las décasdas de 1960 y 1970 España tiene un crecimiento económico muy importante. Se permite la emigración y el turismo. Todo ello muestra otro estilo de vida, más democrático y, sobre todo, otro concepto de la mujer que poco a poco va calando en la sociedad. En 1970 la nueva ley general de Educación no puede obviar el asunto y reconocerá el derecho a una educación igual para todos, incluidas las mujeres. Las mujeres van tomando conciencia de sus derechos, comienzan a reclamarlos, y la sociedad cada vez ve más normal que se les concedan. No obstante, estos derechos no serán reconocidos en España hasta la proclamación de la constitución en 1978. Desde entonces las mujeres españolas han conseguido los mismos derechos que las de cualquier país desarrollado.

En la actualidad, el feminismo ha dejado de ser radical, pero impregna la ideología de toda la sociedad, de tal manera que es impensable, e imposible, legislar discriminatoriamente contra las mujeres, o tomar decisiones que no las tengan en cuenta. No obstante, los hechos nos siguen diciendo que la mujer sufre, en muchos casos, situaciones de opresión. La mujer sigue siendo el pilar fundamental del hogar, le cuesta más encontrar trabajo y, en caso de que lo consiga, suele tener un puesto inferior y un sueldo menor, en la empresa privada.

El pacifismo

La paz es una de las aspiraciones más antiguas de la humanidad. En La república, de Platón, ya se pone esto de manifiesto. Toda guerra ha generado corrientes pacifistas, que normalmente no eran otra cosa que una manera diplomática de resolver los problemas y los conflictos.

Pero, ¿qué es la paz? Esta es una de las discusiones ideológicas que se han mantenido en el siglo XX. En principio, la paz es la ausencia de guerra, sin embargo, está claro que esta definición se queda corta, porque puede haber ausencia de guerra e inestabilidad social por causas económicas, políticas, etc. El concepto de paz también debe incluir la paz social, donde no hay muertos ni declaraciones de guerra, pero donde sí hay detenidos por defender los derechos, y en donde los conflictos se resuelven de forma violenta, contra los bienes, las vías de comunicación y las personas. Los ejemplos más claros de esto los tenemos en los países con dictaduras, o en España, las amenazas de la ETA que han creado un clima de violencia difícilmente soportable, aún sin muertos, hasta la segunda mitad de la primera década del siglo XXI. Hoy en día, la actividad del terrorismo internacional, con el atentado del 11 de septiembre del 2001 en la Torres gemelas de Nueva York, que provocó miles de muertos, y el atentado del 11 de marzo del 2004 en Madrid, en el que murieron cientos de personas, se tiene la sensación de estar inmerso en una guerra no declarada contra una minoría fanática que optan por el terrorismo para imponer su modelo social.

El pacifista está tanto contra la guerra, como contra las maneras violentas de resolver los conflictos, por ser ilegítimas y, a la larga, ineficaces.

Por otra parte, la guerra no es una querella entre individuos amplificada, sino un esfuerzo de dominación política y económica de un Estado sobre otro, o sobre un pueblo o un territorio.

Según este concepto, es muy posible que la guerra, como institución, nazca durante la Edad de los Metales, ya que el dominio del territorio donde existía el cobre, el estaño o el hierro, por un lado, y los mercados, por otro, suponían una riqueza suplementaria para el pueblo dominador.

En la aparición del pacifismo, como ideología, tienen mucho que ver las religiones, como el cristianismo y el budismo, que predican el amor a los demás y la renuncia a las cosas del mundo, como modelo de vida.

El pacifismo moderno se puede remontar hasta los anabaptistas y otros grupos religiosos que en la Francia del siglo XVI se negaron a participar en las guerras de religión. El católico Boétie, defendió la táctica no violenta a través de la desobediencia a los jefes. En el siglo XVIII, los cuáqueros, crearon comunidades en Pensilvania (EE UU) lo que les libró de la guerra durante muchos años.

Tras la guerra franco-prusiana aparecieron los primeros grupos pacifistas. Estaban formados, generalmente, por socialistas que se negaron a participar en una guerra burguesa.

Pero es en el siglo XX, y después de la primera guerra mundial, cuando el pacifismo toma carta de naturaleza, como ideología asumida por gran parte de la sociedad.

Las grandes figuras del pacifismo en el siglo XX son: Mohandas Gandi, Juan XXIII, con su encíclica Pácem in Terris, Martín Lutero King y León Tolstoi, que abogaba por una revolución social no violenta.

Mohandas Gandi utilizará la estrategia de la no violencia para oponerse al gobierno inglés de la India, y como medidas de presión utiliza la resistencia pasiva, la no colaboración y la desobediencia civil. No utiliza armas, pero tampoco la paz social. En primer lugar está la no colaboración, que implica renunciar a las supuestas ventajas que ofrece el sistema británico, con el fin de paralizar la maquinaria del Estado. En segundo lugar está la desobediencia civil, según la cual se transgreden deliberadamente las leyes injustas buscando la detención y la condena, que se acepta sin apelar y sin defensa; para poner en evidencia lo injusto de las leyes y crear un estado de opinión en contra, incluso de sus defensores. Y en tercer lugar la resistencia pasiva, que son los tres pilares de la estrategia de la no violencia.

El socialismo, sobre todo en el siglo XIX, es pacifista en un sentido: condena la lucha entre Estados, la guerra burguesa, a favor de la lucha de clases y la solidaridad obrera internacional. Se niega a tomar parte en las guerras concretas. Sin embargo, su fracaso ante la guerra franco-prusiana y en la primera guerra mundial le lleva a replantearse su postura.

La primera guerra mundial produjo un rechazo generalizado hacia la guerra, pero sólo algunos hicieron algo positivo. En Inglaterra se proclama el Juramento de Oxford en el que los firmantes se niegan a volver al luchar por la patria y el rey. Juramentos similares se hicieron en muchos países, pero fueron firmados por una pequeña parte de la sociedad, y quedaron en papel mojado ante la barbarie nazi.

Con la explosión de las primeras bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki, se inicia una nueva era en la tecnología militar y en las relaciones internacionales. Socialmente se toma conciencia de que esta tecnología es capaz de terminar con la vida humana sobre la Tierra, particularmente cuando estas bombas proliferan y aumentan su potencia, durante la guerra fría. Surge, entonces, un pacifismo radical y activo que se niega a utilizar la violencia para resolver cualquier tipo de conflictos, se opone a cumplir el servicio militar obligatorio y, en definitiva, rechaza aprender a matar.

Los primeros grupos pacifistas aparecen en los países escandinavos durante la invasión nazi en la segunda guerra mundial, pero su mayor desarrollo, y los más activos, surgieron en Estados Unidos durante la guerra de Vietnam (1956-1973). Los grupos de objetores de conciencia surgen desde diferentes posturas ideológicas, o religiosas como los testigos de Jehová o el islam. Pero, sobre todo, son grupos antimilitaristas de todo tipo.

La objeción de conciencia tiene en Estados Unidos una cierta tradición. Durante la guerra contra México en 1845 Henry David Thoreau sienta las bases de la desobediencia civil y aboga por el derecho a rechazar el servicio militar obligatorio.

Los primeros grupos pacifistas abogan por el desarme nuclear definitivo, como una reivindicación inexcusable. El terror al holocausto nuclear es el principal motor de toma de conciencia de las ideas pacifistas por parte de la sociedad. Aunque en la actualidad la paz se plantea de otra forma.

Durante la década de 1980 los grupos pacifistas más activos, y de mayor calado social, se encuentran en Alemania. Alemania sufre especialmente la guerra fría y las consecuencias de la política de bloques, con lo que se desarrolla una especial sensibilidad antimilitarista.

Estos grupos son, con frecuencia, reprimidos violentamente, sobre todo en los países donde no están garantizadas las libertades mínimas, ya que opinan y protestan fuera de la lógica del sistema.

España

La sociedad española se incorpora muy tarde a los movimientos pacifistas. Hasta 1978 estuvimos bajo el signo del franquismo, en el que el modelo de organización, por excelencia, era el militar y se cultivaba el culto a la violencia, la juventud y los valores patrióticos militares.

Tras la ley de Libertad Religiosa de 1967 algunos testigos de Jehová se niegan a hacer el servicio militar obligatorio. Pero será el caso de José Luis Beunza el juicio por objeción de conciencia que más repercusión tenga, por ser el más publicado y seguido de la época. José Luis Beunza es un católico que en sus argumentos utiliza el Nuevo Testamento, y la encíclica Pácem in Terris, del papa Juan XXIII. Su juicio será una farsa en la que no se le permite la defensa, ni leer sus alegaciones, y es condenado a hacer el servicio militar en la Legión. Después de pasar por la prisión de Valencia, en 1971.

La constitución de 1978 reconoce el derecho a la objeción de conciencia, en su artículo 30, y desde el primer momento comienzan a declararse objetores al servicio militar. Pero falta una ley de Objeción de Conciencia que los regule; y estas personas estarán en una situación alegal. No se les puede negar su objeción de conciencia, pero no hay una ley que diga lo que tienen que hacer.

La ley de Objeción de Conciencia llega en 1984. Desde el primer momento es contestada por todos los movimientos de objetores establecidos en España, particularmente el MOC (Movimiento de Objeción de Conciencia), lo que provocará el fenómeno de la insumisión. Los insumisos usan la estrategia de la desobediencia civil y se niegan a hacer tanto el servicio militar obligatorio como la prestación social sustitutoria que establece la ley. El motivo fundamental es que los mecanismos que establece la ley para declararse objetor, y la propia prestación sustitutoria en sí, no son considerados adecuados, justos, ni constitucionales, por los grupos de objeción de conciencia. El que una persona sea objetor depende de un tribunal de evaluación que decide si puede serlo o no. Se rechazan a todas aquellas personas que en algún momento hayan intentado entrar en el Ejército. No se contempla la objeción sobrevenida, con lo que no se reconoce que una persona pueda cambiar de opinión una vez conocida la realidad. Por otro lado, la prestación social sustitutoria tiene dos defectos: en primer lugar dura más que el servicio militar obligatorio, lo que se considera un castigo, y nadie puede ser castigado por ejercer un derecho reconocido en la Constitución; y por otro, generalmente, los puestos en los que se realizan pueden ser cubiertos por trabajadores sociales, con lo que se ocupan puestos de trabajo, cosa que prohíbe expresamente la propia ley. No obstante, una resolución de la Unión Europea obliga a aceptar como objetores a todas aquellas personas que lo declaren. En 1997 el Partido Popular, en el gobierno, presentó una ley para hacer un ejército plenamente profesional en el año 2002.

A partir de la promulgación de la ley de Objeción de Conciencia, en España los objetores aumentan espectacularmente, hasta el punto de desbordar a la Administración. Con el anuncio del fin del servicio militar obligatorio los objetores de conciencia aumentan aún más, llegando a los máximos históricos. Una vez producida la profesionalización del Ejército la objeción de conciencia y el movimiento pacifista en España debe cambiar radicalmente.

El ecologismo

El ecologismo es la última ideología en incorporarse a las preocupaciones de la sociedad, y por lo mismo es la que más impulso y arraigo tiene en la actualidad. Apenas se pueden encontrar antecedentes históricos del ecologismo, como no sean las actitudes higienistas del siglo pasado, puesto que el deterioro del medio natural está ligado directamente al aumento de la industrialización en todos los países de Occidente, y a la utilización de combustibles fósiles y recursos no renovables, así como a la sobreexplotación de los mismos.

Esto implica que el ecologismo, no sólo tiene una dimensión ideológica, sino también una magnitud económica de primer orden. Las implicaciones económicas permiten que hagan bandera del ecologismo todas las ideologías políticas y económicas. No obstante, donde primero prenden las ideas del ecologismo es en los grupos de izquierda desencantados del socialismo soviético y maoísta, y en el anarquismo radical.

El ecologismo comienza a tomar cuerpo en la década de 1960, en movimientos extraparlamentarios que reaccionan contra la política de bloques y la guerra fría, y no se identifican ni con el capitalismo ni con el socialismo existente.

Los primeros grupos ecologistas surgen junto con los pacifistas antinucleares, que ponen de relieve los peligros de la radiactividad y las centrales nucleares: son el primer paradigma de la defensa del medio. Pero pronto se analizarán los efectos negativos para la vida, de toda la contaminación industrial y urbana, sobre todo después del accidente, y desastre ecológico, del Gran Londres en 1952, en que una niebla de smog asfixia a la ciudad y las autoridades británicas se ven obligadas a promulgar, en 1956, una ley sobre limpieza del aire.

En 1965 Murray Bookchin escribe un texto en el que resume el pensamiento ecológico: Ecología y pensamiento revolucionario. En él se describen las bases teóricas del ecologismo y su implantación, y sus consecuencias económicas, como la descentralización del poder económico y la formación de circuitos locales de comercio. También advierte sobre la desvirtuación interesada de los principios ecológicos, que pueden convertir en una farsa la preocupación por la mejora del medio.

En la Alemania de la década de 1970 los grupos ecologistas se organizan políticamente, y optan por la no violencia y el pacifismo, sin necesidad de dejar de ser contundentes en sus reivindicaciones.

El grupo más importante se forma en 1977, es Greenpeace, de carácter internacional. Se funda en un congreso en Estocolmo. Adena se crea en España 1968 y se adhiere al Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) la otra gran asociación ecologista mundial.

El ecologismo supone una nueva forma de hacer política, lo que implica un choque teórico con los economistas, un debate entre el desarrollo sostenible y el beneficio rápido. En multitud de ocasiones se ha presentado a la ecología como un freno al desarrollo, sin tener en cuenta que la existencia de materia prima en buenas condiciones, en la naturaleza, es una condición fundamental para la actividad económica. La ecología influye en todos los aspectos de la actividad económica, particularmente en la generación y fabricación de bienes. En realidad, abarca todo el ciclo del producto, desde la extracción de materias primas, a la fabricación, transporte, venta, consumo y hasta el fin de su vida útil y su gestión como residuo. En todo ello, y en todo el proceso, se pueden encontrar mejoras, que sin menoscabo de la obtención de beneficios, e incluso minimizando las pérdidas y los gastos, impliquen una mejora de la calidad ambiental. Se puede utilizar la materia prima con mayor eficacia, reduciendo los residuos, con menor consumo de energía, sin que haya pérdidas en el transporte, y que no genere basura no biodegradable.

Este intento de resolver los problemas que genera el capitalismo consumista le acerca ideológicamente al socialismo, por eso se considera como una ideología de izquierda. Pero no es una izquierda clásica, marxista, sino de una nueva izquierda aún por definir.

Como quiera que la calidad ambiental ha ido entrando en las conciencias de la gente, muchas veces con mensajes catastrofistas, los Estados se han visto en la obligación de legislar, y de asumir estos puntos de vista. En principio sólo se trata de normas e informes técnicos. Se obliga a que cada obra nueva tenga una evaluación de impacto ambiental, y que las empresas hagan auditorías ambientales. Sin embargo, los grupos ecologistas pretenden, para conseguir sus objetivos, apelar a la conciencia de la gente; descubriendo en el entorno inmediato las señales de la degradación del medio, y explicando sus consecuencias. Esta actitud ha llevado a muchos grupos ecologistas a lanzar mensajes catastrofistas y alarmantes, sin muchas bases científicas. El lema emblemático de los ecologistas es: actuar localmente y pensar globalmente. Esto supone implicar a todas y cada una de las personas en la defensa del medio natural, pero también derivar una cadena de consecuencias, desde lo local a lo global, que no tiene en cuenta el cambio de escala y, por tanto, el cambio de naturaleza del problema. En ocasiones, tampoco están suficientemente probadas desde le punto de vista científico. Esta actitud sugiere que la defensa comprometida de una especie o lugar concreto implica la mejora del medio natural en todo el mundo.

La necesidad de mejorar y conservar el medio natural ha supuesto el avance de los estudios sobre ecología y climatología. Uno de los temas recurrentes es el del cambio climático, en el que se trata de demostrar cómo la influencia del hombre puede alterar las condiciones del medio natural; así como la deforestación.

Otro de los problemas centrales del discurso ecologista es el del consumo de energía. Cómo ahorrar energía, cómo producirla con medios renovables, etc. Esto ha supuesto un avance tecnológico de importancia, tanto en los medios de producción de energía como en los aparatos de bajo consumo.

El tercer problema central es el de la generación de residuos y la costumbre consumista, del usar y tirar, que implica una actitud positiva de la gente, ya que debe comenzar al separar los residuos, y de la industria. La clave es reducir, reciclar y reutilizar. El gran mérito del ecologismo es que ha sido capaz de implicar en la defensa del medio a cada persona.

La pujanza del ecologismo en todo el mundo ha provocado multitud de reuniones diferentes, de carácter internacional, con los gobiernos de por medio. Una de las más importantes ha sido La Cumbre de la Tierra, celebrada en Río de Janeiro en 1993, y el Protocolo de Kioto, en 1998. Este protocolo no entró en vigor hasta el 16 de febrero del 2005, y además sin que lo hayan ratificado EE UU, India ni China, lo que lo hizo ineficaz, y ha sido imposible acordar otro protocolo mejor.

Nadie discute la necesidad de conservar el medio natural para sobre vivir como especie, pero sí para crecer económicamente. Por eso, los gobiernos han llegado a unos acuerdos para reducir la contaminación que produce la industria de su país, sin perjudicar el crecimiento económico. También se han comprometido a no reducir la biodiversidad, que es la condición indispensable para el buen funcionamiento de los ecosistemas. Pero muchos gobiernos, sobre todo de los países en vías de desarrollo, incumplen sus compromisos en favor de un mayor crecimiento económico. Incluso los países más ricos como, Estados Unidos, que tiene asignadas unas determinadas emisiones a la atmósfera, compran los derechos de emisión de los países más pobres, para sostener su economía.

España

Los primeros grupos ecologistas en España surgen en la década de 1960, y sus primeras actuaciones se centran en contra del plan energético nacional (PEN), que prevé para España la instalación de varias centrales nucleares. La reacción antinuclear es muy fuerte, en muchos municipios, contra las autoridades franquistas del gobierno (los alcaldes también son franquistas), y en muchos casos se consigue que la central no se construya. En un principio, el movimiento antinuclear es vecinal, la única manera en la época de asociarse, pero con la llegada de la democracia en 1978 el movimiento ecologista se desarrolla extraordinariamente, apareciendo en la década de 1980, grupos en todas partes, que tienen gran calado social.

Ha esta expansión no son ajenos los medios de comunicación, y en especial la labor divulgativa que en aquellos años hacen Félix Rodríguez de la Fuente y Jaques Cousteau.

Conclusiones

Como conclusión, podemos decir que hoy en día estos tres movimientos alternativos, feminismo, pacifismo y ecologismo, forman parte del acervo cultural de nuestra sociedad, y que sus valores no son puestos en duda por nadie, medianamente educado.

La implantación de estas ideas en la sociedad es tan fuerte que todo el mundo se siente ecologista, pacifista y feminista en alguna medida. Claro que, a veces la desvirtuación de los objetivos es tan grande que hay gente que afirma que los más feministas son los hombres, porque «les gustan las mujeres como deben de ser», los más pacifistas son los militares, porque en caso de guerra ellos son los primeros en sufrir, y los más ecologistas las grandes empresas, porque ponen remedio a la contaminación que producen. Todo un ejercicio de hipocresía y de desconocimiento de lo que es realmente la ideología.

Bibliografía

Montserrat Roig: «El feminismo». Temas Clave. Salvat. Barcelona 1985
Esperanza García Méndez: «La actuación de la mujer en las Cortes de la segunda República». Ministerio de Cultura. Madrid 1979
Myrna M. Breitbart: «Anarquismo y Geografía». Oikos-Tau. Barcelona 1988
Santiago Genovés: «El hombre entre la guerra y la paz». Labor. Barcelona 1968
Joan Martínez Alier: «De la economía ecológica al ecologismo popular». Icaria. Barcelona 1994
VV.AA.: «Anuario». Difusora Internacional. Barcelona.
Caple Martínez, Rosa Mª: «Mujeres, la larga marcha». La Aventura de la Historia, n. 19, pp. 16-27

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