La península ibérica prerromana

La península ibérica ha sido un lugar en donde se han desarrollado pueblos prehistóricos desde hace mucho tiempo. Las excavaciones en Orce elevan este periodo hasta hace un millón y medio de años. Pero los textos sobre este período son pocos. La península ibérica no entra en la historia hasta que los griegos dan noticia de ella; y no será hasta la época romana cuando tenga un papel importante en la historia de Occidente.

El Paleolítico

El Paleolítico abarca el periodo comprendido entre los primeros restos conocidos de comunidades de homínidos, hasta que aparece la agricultura y la ganadería. Se divide tradicionalmente en tres periodos: inferior, medio y superior. Este ciclo está determinado por las glaciaciones. La ecología variaría entre un clima lluvioso y fresco y otro seco y caluroso.

El Paleolítico inferior abarca desde los 600.000 a los 100.000 años. Es un periodo mal conocido, en el que lo más destacable son los restos de los presápiens y homínidos encontrados en Atapuerca. Se distinguen tres etapas: la pebble tools (herramientas de guijarro) es la más antigua, la abevilense (o chelense) y la achelense. Es destacable la industria lítica, propia de cazadores, encontrada en el interfluvio del Manzanares y el Tajo; y la de las orillas del Guadalquivir, del periodo achelense. Las culturas de este periodo son notablemente semejantes a las africanas de la misma época, lo que permite sospechar una inmigración desde el norte de África. Es de suponer que el homínido de este periodo fuese el pitecántropo.

El Paleolítico medio abarca desde los 100.000 a los 35.000 años. Es el periodo del neandertal del que se encuentran restos en los Pirineos, Levante y Andalucía. El hombre de neandertal fue un homínido cazador y nómada que habitó en cuevas. Los restos corresponden al periodo musteriense y se caracterizan por la variedad de los utensilios que manejan; en los que destaca su funcionalidad, cada herramienta sirve para una tarea concreta. También se encuentran vestigios de ritos funerarios, como los encontrados en la cueva Morín, en Santander.

El Paleolítico superior va desde los 35.000 a los 10.000 años. Es el periodo del Homo sápiens-sápiens, de tipo cromañón. Este fue ser humano que dejaría las pinturas rupestres, o en tablillas, y que maneja un utillaje muy complejo, propio de cazadores. Se distinguieron dos zonas: la franja norte, de Gerona a Asturias, en las que se diferencian tres o cuatro culturas, y tienen ramificaciones en el sur de Francia; y la zona de Levante, aunque hoy en día no se considera debido a las múltiples influencias que debieron existir.

En el Paleolítico superior, el de mayor número de culturas, se distinguen, en España, cuatro periodos: el auriñaciense, caracterizado por la vivienda troglodita, la industria funcional y el arte rupestre, junto a la escultura votiva, como las venus, muy decorada; el gravetiense, que se caracteriza por la vivienda en cuevas junto a viviendas artificiales, la caza de grandes animales y la abundancia de puntas de flecha; el solutrense, que se caracteriza por un nuevo tipo de talla en la piedra, mucho más plana y con agujeros, y también se trabaja el hueso y la madera, en los que se pueden encontrar utensilios muy finos; y el último periodo es el magdaleniense que es el de la industria ósea por excelencia, además del gran desarrollo que tuvo la pintura rupestre y la pintura sobre placas, como las encontradas en la cueva de Altamira. Este es un periodo caracterizado por el alto nivel de las comodidades en la vida cotidiana, sobre todo en la vivienda, también troglodita, en las que se hallamos restos de luz en las cavernas y gran número de adornos. Destacan las cuevas de Altamira.

El yacimiento de la sierra de Atapuerca

La sierra de Atapuerca es una suave elevación de calizas cretácicas situada a 12 kilómetros al este de la ciudad de Burgos, en el norte de España. Durante la última parte del Terciario y el inicio del Cuaternario, el agua disolvió las calizas de la sierra formando una red de cuevas que durante el último millón de años se han ido rellenado con sedimentos procedentes del exterior. Estos rellenos son los que contienen el impresionante registro paleontológico y arqueológico que está siendo excavado desde 1978.

A comienzos de este siglo la construcción de un ferrocarril minero cortó las calizas de la sierra, sacando a la luz varios de los depósitos fosilíferos originados por el relleno de las antiguas cuevas. De los yacimientos de la trinchera del ferrocarril, dos de los más importantes son los conocidos como Galería y Gran dolina. Además de los yacimientos de la trinchera, existen otros que se encuentran aún en el interior de las viejas cuevas. El más importante de ellos es el conocido como la sima de los Huesos, situado en el interior de la cueva mayor de Ibeas.

Los fósiles de Atapuerca: la evolución humana en Europa y el origen del hombre moderno

Los fósiles humanos de la sima de los Huesos presentan una serie de rasgos que comparten con los neandertales, lo que los relaciona con ellos. Ahora sabemos, por ejemplo, que varias de las llamadas especializaciones esqueléticas de los neandertales estaban ya presentes, desde hacía mucho tiempo, en sus antepasados europeos del Pleistoceno medio. En otra serie de rasgos, los homínidos presentan la misma morfología que los africanos más primitivos. Todo ello nos permite asegurar que los hombres de la sima de los Huesos y sus contemporáneos europeos del Pleistoceno medio eran los antepasados de los neandertales, que vivieron durante el Pleistoceno superior. Ambos tipos humanos formaban parte de una misma línea evolutiva, continua y exclusiva del continente europeo. A pesar de ello, las diferencias entre ambas formas son suficientes como para darle a cada una un nombre específico distinto: Homo heidelbergensis para los hombres del Pleistoceno medio europeo y Homo neandertalensis para los neandertales del Pleistoceno superior.

Por otro lado, los fósiles de la sima de los Huesos comparten ciertos rasgos craneales tanto con los neandertales como con el hombre moderno (Homo sápiens), pero que están ausentes en el Homo erectus asiático, lo que refuerza la hipótesis según la cual los neandertales y el hombre moderno tuvieron, en tiempos remotos, un antepasado común. Pero, ¿quién fue ese antepasado común? La respuesta está en los fósiles humanos de la Gran dolina. Estos fósiles presentan una combinación de rasgos craneales, mandibulares y dentales que han permitido atribuirlo a una nueva especie humana: el Homo antecessor. Entre otras cosas, la morfología facial de Homo antecessor de hace 800.000 años es como la de Homo sápiens, que aparece tan solo hace 200.000. La nueva especie, Homo antecessor, podría constituir el último antepasado común entre neandertales y humanos modernos.

Mesolítico

El Mesolítico es un periodo indefinido en el que conviven modos de vida de Paleolítico y del Neolítico. Se desarrolla en torno a los años 7000. Se caracteriza por que las culturas son periféricas: en la costa cantábrica con el complejo aziliense, derivado del magdaleniense y la cultura de las conchas de marisco; el período asturiense con la decadencia de la industria ósea y del arte rupestre; y la costa mediterránea donde conviven dos tipos de industrias; una microlaminar y otra geométrica, de técnicas gravetenses.

En esta época desaparecen los grandes mamíferos, y las culturas tienden a cazar piezas menores y a pescar. Pero, también, comienzan a cuidar las manadas y a sembrar plantas. En este periodo empiezan los contactos con grupos extranjeros. De esta etapa destaca el yacimiento de Muge, en el Tajo portugués. La vivienda se hace en cabañas y hay restos de ritos funerarios.

El Neolítico

El Neolítico es el periodo en el que aparece la ganadería, la agricultura y la cerámica. Presenta, en la península, dos fases: el Neolítico antiguo (6000-4000) y el Neolítico pleno (4000-2500).

El Neolítico antiguo se distingue por la presencia de cerámica cardial impresa. Se extiende por toda el área mediterránea. Se caracteriza por un hábitat cavernícola, una economía ganadera y el progreso de la industria ósea en detrimento de la lítica. Se desarrolla sobre todo en la zona de Levante, con grupos en Valencia, Sicilia, Mallorca y Andalucía.

El Neolítico pleno corresponde a la primera mitad del 3er milenio. Es la época en la que se expande el Neolítico hacia el interior y el norte, gracias a la ganadería. En Andalucía destaca el yacimiento de la cueva de La Carihuela, Granada, con viviendas construidas, y el de Almería (primera fase de la cultura de Almería) con vivienda circular. En Cataluña, se encuentra la cultura más original. Se conocen los enterramientos en fosas, no los poblados. Su cerámica es lisa, con el vaso cuadrado; y desarrollaron unos sistemas de cultivo en llanura.

Las sociedades metalúrgicas

La Edad de los Metales comienza en la segunda mitad del 3er milenio, con el conocimiento del cobre, y posteriormente del bronce, que se utilizan para hacer útiles de trabajo y armas. Se refunden objetos inservibles. Pero, también, es la época de la mejor industria lítica, que se resiste a desaparecer. La periodo de transición se le llama Eneolítico. Se distinguen tres periodos: Bronce I o Edad del Cobre, hacia el 2500; Bronce II, hacia el 2000 y Bronce III, hacia el año 1000.

El descubrimiento de la fundición de los metales crea nuevas relaciones sociales y nuevas culturas, radicalmente diferentes a las anteriores. La sociedad se jerarquiza internamente, y entre poblados. Es fundamental el control de las regiones mineras. El cobre no es un material ubicuo y su posesión da poder ante los demás. La lucha por controlar el territorio minero favorece la aparición de la agresividad y la guerra, pero también del comercio a larga distancia.

Clacolítico o Bronce I (2500-2000)

Este es el periodo de las culturas megalíticas, que son enterramientos funerarios colectivos. Están formadas por grandes cajas de enormes lajas. Se distinguen tres tipos: tumbas, alineamientos rituales y simples menhires. Suelen tener un corredor, y las cámaras pueden ser individuales o colectivas.

En el sureste se desarrolla la cultura de Los Millares, en la provincia de Almería, alrededor de una ciudad fortificada y con una necrópolis megalítica próxima. Los dólmenes son la construcción megalítica más emblemática. Existen indicios de que tuvo relaciones comerciales con Egipto y con el mar Egeo. Es la cultura peninsular más importante del momento.

También en Portugal se desarrolló una cultura megalítica. Será de economía pastoril y se encuentra en torno a los yacimientos de cobre.

En la costa mediterránea también se desarrolla una cultura en la que destacan las cuevas sepulcrales (faltan los megalitos), de economía agrícola, con poblados en los llanos.

En el norte de la península se desarrollan culturas con megalitos, pobres, montañesas que subsistirán hasta muy entrado el Bronce pleno, de economía ganadera.

El Bronce II o Pleno (2000-1250)

Durante el 2º milenio se desarrollan tres culturas en la península ibérica: la de El Argar, el bronce valenciano y la de Las Motillas, en La Mancha.

La cultura de El Argar se extiende por el sudeste peninsular. Utiliza, ya, bronces de mejor calidad, y tiene un mayor número de piezas. Sólo las hoces de siega se hacen de sílex. Su economía se basa en la agricultura y en la minería, explotadas de forma intensiva. Los poblados están situados en los altos y rodeados de murallas, características de una sociedad guerrera. Cambian radicalmente los enterramientos, que se hacen individualmente o por parejas; no hay ya megalitos. Los enterramientos están dentro del poblado, debajo de la vivienda, en urnas de cerámica. Los restos artísticos son escasos, pero los que se conservan son de gran calidad técnica, aunque carecen, en general, de adornos.

La cultura del bronce valenciano tienen características similares a las de El Argar, tanto en el poblamiento como en la cerámica, pero el enterramiento sigue haciéndose en cuevas naturales.

El grupo de Las Motillas, refleja una intensa ocupación de La Mancha. Su economía se basa en la agricultura, y su sociedad es de carácter menos belicoso. Tienen contactos intensos con la cultura de El Argar. Su cerámica es pobre, pero está decorada. Los poblados están construidos sobre elevaciones de terreno, hechos por acumulación de estratos, parecidos a los tels asiáticos.

El Bronce III (1250-700)

El Bronce III es la etapa en la que la cultura del bronce se extiende por toda Europa. Se caracteriza por el nacimiento y la difusión de la cultura de los campos de urnas. La cultura de los campos de urnas se considera de origen indoeuropeo, invaden Europa desde el norte y el este hacia el Mediterráneo, aniquilando las culturas autóctonas. En la península ibérica se asentarían, esencialmente, en el valle del Ebro. Sólo la fachada atlántica queda al margen de esta invasión.

La cultura de los campos de urnas aparece en Europa hacia el 1250 a.C., probablemente desde el centro de Europa, he implantó masivamente la costumbre de incinerar a los difuntos y guardar las cenizas en una vasija, que será enterrada en campos de urnas. El rito de la inhumación desaparece casi totalmente.

Al parecer no se produce una sola invasión, sino tres, aunque las dos últimas corresponden a la Edad del Hierro. Las características de la cultura de los campos de urnas son similares a las del resto de Europa: las poblaciones están situadas en lugares estratégicos y fuertemente fortificadas; la sociedad es muy jerarquizada y dominada por una oligarquía guerrera; la economía es agraria, cerealista, en la que aparecen importantes novedades técnicas, como el arado, los molinos braquiformes, las hoces y azuelas, y los silos (de mucha importancia era la ganadería y la caza); y, por supuesto, la incineración y el enterramiento en urnas. La cerámica se caracterizará por las formas redondas, el color negruzco, el cuello alargado y la decoración cordada. El impacto de esta cultura sobre las autóctonas es demoledor, ya que sufren una rápida aculturación. Posiblemente haya un proceso de mestizaje.

En la zona del Atlántico continúan desarrollándose las culturas megalíticas, aunque ya en franca decadencia. Estas culturas se caracterizan por la perfección de su metalurgia. Sin embargo, no son conocidos ni los enterramientos, ni el hábitat de estos pueblos. Esta zona tendrá relaciones comerciales con los fenicios y los griegos, que llegan hasta aquí en busca de estaño.

En el interior de la península se encuentra el yacimiento de Cogotas I. Su signo distintivo es la cerámica de decoración cordada y forma troncocónica. Además, mantienen la inhumación como rito funerario.

En Andalucía esta etapa es muy compleja, ya que se encuentran muchas culturas, y mantiene contactos directos con los fenicios y los griegos. Perduran las culturas existentes, como la de El Argar, aunque sus poblaciones están menos fortificadas, y su economía se hace más ganadera y más comercial. En la costa occidental se desarrollan los contactos entre todos los grupos del Atlántico, el Mediterráneo y los colonizadores, que basan su economía en el comercio de largo alcance. Sus poblados no tienen murallas, aunque están situados en lugares estratégicos de fácil defensa, y cerca de las vías de comunicación. Continúan teniendo enterramientos megalíticos.

La metalurgia del hierro

Hacia el año 1000 a.C. comienza a difundirse por toda Europa la metalurgia del hierro. En la península se instalan las colonias de los fenicios, griegos, cartagineses y romanos, y aparecen las primeras referencias históricas a los asuntos de la región. Se crean, en esta época, dos ámbitos diferenciados: uno al norte y en el centro, dominado por los pueblos indoeuropeos y los íberos; y otro al sur, en contacto con los pueblos mediterráneos.

La metalurgia del hierro comenzó en la región de Armenia a comienzos del 2º milenio. Hasta el 1200 a.C. la producción de hierro era muy pequeña, pero la técnica se difunde gracias a los pueblos del mar, y de esta manera llega a la península ibérica. La época de la Edad de Hierro se dividirá en dos etapas: la cultura de Hallstatt y la cultura de La Tène.

La cultura de Hallstatt o Hierro I (725-450 a.C.)

La cultura de Hallstatt es la continuadora la de los campos de urnas, aunque en su contacto con los pueblos del mar se introducen ritos orientales como la tumba de carro, y se recupera el rito de la inhumación. Entre los restos de esta cultura aparecen objetos procedentes del comercio con griegos y etruscos.

En esta cultura son característicos los poblados fortificados, con murallas de grandes dimensiones. Las sociedades son guerreras, y están fuertemente jerarquizadas, en la que domina la relación tribal, y con el poder político en manos de reyes; que al final del periodo controlarán varias ciudades, creando auténticos reinos. La economía es fundamentalmente agrícola y ganadera. Utilizan el torno de alfarero. Sus relaciones comerciales con los colonizadores son muy intensas. En su actividad industrial destaca la fabricación de armas, en la que por primera vez se diseña una espada para ser utilizada desde el carro.

La cultura de La Tène o Hierro II (450 a.C. hasta la época romana)

La Tène es la cultura de mayor difusión en Europa. Incluye el norte de Inglaterra, la ribera sur del Báltico y todo centro Europa. Los pueblos que la componen son los primeros de los que hay referencias históricas: son los celtas.

Su hábitat continúa siendo fortificado, pero aparecen indicios de una organización urbanística de tipo ortogonal, de influencia griega. Su desarrollo económico se ve estimulado por las relaciones comerciales con griegos, fenicios, cartagineses y romanos, para lo que acuñan moneda desde el siglo III a.C. No obstante, sigue siendo una cultura agrícola en la que hay nuevos inventos: como el arado mecánico y la guadaña. También se desarrolla la ganadería, en la que aparece la estabulación invernal del ganado. El perfeccionamiento técnico de esta agricultura es tal que sufre muy pocos cambios hasta el siglo XVIII.

En los enterramientos subsisten las dos tradiciones: incineración e inhumación. En las tumbas de varones se encontrarán armas y en la de las mujeres adornos.

Su organización política es muy compleja. Tienden a la ciudad estado, gobernada por un rey. Pero esta ciudad extiende su influencia a un territorio más o menos amplio. Las ciudades suelen ser centros comerciales, en los que se encuentran con los colonizadores.

La cultura de La Tène se verá frenada por la expansión del Imperio romano.

Las colonizaciones

Los griegos y los fenicios crearán colonias por todo el Mediterráneo con el fin de construir una tupida red de rutas comerciales. Estas colonias pondrán en relación los pueblos indígenas con la civilización del Mediterráneo oriental. Pero, los colonizadores sólo crean ciudades en la costa, y no harán incursiones en el interior. Son los indígenas los que buscan esas urbes para mantener relaciones comerciales.

Habrá tres tipos de colonias: las de colonización masiva, en las que vivirán pobladores aún vinculados a su tierra, como la Magna Grecia o Cartago; las colonizaciones en factorías o ciudades costeras, que se crearán en la costa levantina y en Andalucía; y los centros comerciales, temporales y sin carácter urbano, que aparecerán, también, en la costa.

Las ciudades se creaban, siempre que era posible, en una isla cerca de la costa, como Gadir o Ampurias. Se buscaba una defensa fácil, pero también un acceso sencillo a las rutas comerciales. Pero el número de islas cercanas a las costas y con condiciones de habitabilidad es escaso, así que se buscarán lugares con playa y río que proporcionase agua dulce y refugio para las naves, a ser posible con una colina cercana.

El intercambio comercial es muy intenso, no en vano las colonias son, ante todo, centros comerciales. Los colonizadores buscaban, sobre todo, metales, principalmente cobre y estaño, y en menor medida oro y plata. Estos metales se cambiaban por tejidos, joyas, adornos, perfumes y cerámica. También se potenció la actividad industrial, como las salazones y la orfebrería, y el comercio agrícola, pues los colonizadores también tenían que comer. La pesca fue introducida por los fenicios, que conocían los métodos de explotación del mar.

La colonización fenicia

Las ciudades fenicias tuvieron su época de esplendor durante el declinar del poder micénico y la invasión de los pueblos del mar. Sidón y Tiro son las ciudades de origen y Cartago (814 a.C.) su fundación más importante. Los fenicios fundan en la península tres ciudades importantes: Gadir (Cádiz), hacia el 1100 a.C., Sexi (Almuñécar) y Abdera (Adra) y muchos centros comerciales menores. En Baleares los cartagineses fundan en el 654 a.C. Ebusus (Ibiza).

Gadir es el principal centro comercial, junto con Cartago. Las colonias fenicias eran ciudades estado, independientes entre sí y dominadas por la oligarquía de mercantil. Las relaciones con los indígenas fueron intensas, por lo que hubo una gran mezcla cultural. No hay noticias de grandes revueltas ni guerras.

La colonización griega

Los griegos también fundaron colonias en la península ibérica. La colonización comienza hacia el siglo IX a.C. Sin embargo, la presencia griega es menos clara que la fenicia. Las fundaciones griegas llegan de Massalia (Marsella, 650 a.C.) fundada por los focenses, como una etapa en su ruta con Tartesos. Se funda Rode (Rosas) en el siglo VIII a.C., Emporio (Ampurias) hacia el 600 a.C. Se supone que fundaron más colonias (Hemeroscopeion, Baria, Malaka, Alonis), pero probablemente no fueron más que centros comerciales, más o menos estables, de los que no quedan restos. Rode y Emporio funcionaron como ciudades estado y acuñaron moneda. No es de extrañar que entre las ciudades fenicias y las griegas hubiese un intenso comercio.

El comercio con los indígenas fue del mismo tipo que el que tuvieron los fenicios: iban buscando lo mismo, metales, principalmente cobre y estaño, y en menor medida oro y plata. Estos metales se cambiaban por tejidos, joyas, adornos, perfumes y cerámica. Pero las colonias griegas de Rode y Emporio tuvieron una mayor vocación de permanencia y de explotar el espacio circundante.

Tartesos

El reino de Tartesos es conocido por sus referencias históricas, pero la confirmación arqueológica de la ciudad aún está por determinar totalmente. Existen dos fuentes clásicas que confirman la existencia de Tartesos, la Biblia (dudosa) y los autores grecolatinos como Avieno, Cicerón, Plinio, Herodoto y Estrabón.

Se tiende a considerar Tartesos como un reino autóctono surgido por la aculturación de los indígenas, producida por el contacto con griegos y fenicios. En realidad sería una cultura de la Edad del Bronce, de economía agrícola y ganadera, que se desarrolló en torno a la región minera onubense (siglo IX a.C.), y que controlaba la ruta del estaño con el norte y la ruta marítima con Cartago.

La tartésica es una sociedad jerarquizada, en cuya cúspide se encuentra la oligarquía comercial. Su estructura política se parece mucho a la de la tiranía griega, y busca extender su dominio favoreciendo el comercio; sobre todo después del contacto con los fenicios, que se incrementa tras la fundación de Gadir. Ello provocará una floración de la cultura material entre las elites indígenas, de la que tenemos constancia a través de los tesoros de El Carambolo (Camas, Sevilla) y Aliseda (Cáceres), en los que se encuentra productos de procedencia foránea.

La fundación mítica de Tartesos se remonta al año 1200 a.C., aunque el reino histórico no aparece hasta el 750 a.C. Según la mitología hay tres grandes reyes de Tartesos: Gárgoris, el recolector de miel; Habis, el agricultor; y Gerión, el ganadero: las tres etapas del acceso a la civilización, según la concepción griega. Pero el primer rey histórico fue Argantonio, al que se refiere Herodoto.

Los pueblos íberos

Tradicionalmente se ha considerado a los íberos como los habitantes de las regiones costeras desde el cabo de Palos hasta el estrecho de Gibraltar. Sin embargo, para los antiguos, íberos eran todos los habitantes de Iberia. El nombre es, posiblemente, griego aunque nos llega a través del latín. Estos son los primeros pueblos que escapan al anonimato, por las referencias históricas que de ellos se tienen. Su localización espacial es imprecisa, y probablemente cambiante. A menudo no va más allá de una ciudad y su zona de influencia. Los pueblos más destacados son: los sordones, en la zona del Rosellón; los indigetes, en el Ampurdán; los layetanos, en Barcelona; los cosetanos, en Tarragona; los ceretanos, bergistanos, andosinos, ilergetes, lacetanos, sedetanos y airenosos, en el valle de Ebro y Pirineos; los ilercavones en Sagunto; los edetanos en el Júcar, los contestanos en el Segura; los mastienos más al sur; y los bastetanos y turdetanos en Andalucía. Algunas de sus ciudades tendrán gran importancia, como Sagunto, Ilici (Elche) o Numancia.

Su economía se basaba en el desarrollo agrícola, de un nivel técnico muy alto, parecido al romano. Cultivaban trigo, olivo y vid, la clásica trilogía mediterránea, así como árboles frutales y verduras, y plantas textiles. La ganadería era complementaria; y la minería continuaba teniendo importancia, por su mercadeo con los colonos, principalmente cartagineses. Esta relación les lleva a un rápido proceso de urbanización y a utilizar la moneda, por lo que cuando lleguen los romanos su labor será más fácil.

En su organización política se distinguen dos formas: la monarquía y la república. La monarquía, la turdetana es la más evolucionada, se desarrolla en torno a una ciudad estado que controla un territorio más o menos grande. Los reyes aparecen rodeados por una «corte» de individuos fieles al rey por un vínculo personal. No faltaba un «consejo de ancianos». El poder real era, en principio, hereditario y personal. La república estaba dominada por la aristocracia, la más notable fue la de Sagunto, que era también la oligarquía mercantil. Su estructura era análoga a la de las ciudades griegas, cuyo modelo les influyó decisivamente.

Se distinguían tres clases sociales: la aristocracia, los hombres libres (de riqueza media) y la clase baja. Su estructura es fuertemente patriarcal, aunque la condición social se trasmitía por vía matrilineal.

Su hábitat se caracterizaba por los asentamientos en ciudades bien fortificadas y situadas en lugares estratégicos, calles estrechas de planta regular y sin edificios públicos.

Los pueblos del centro y el norte: los celtíberos

Las invasiones indoeuropeas se pueden dividir en tres periodos: la de los siglos XII-XIII a.C. o campos de urnas, la de los años 600 a.C. o Hallstatt, y la del siglo IV a.C. o poshallstatt, en la que la metalurgia evoluciona in situ con la llegada de los nuevos pobladores.

El centro y el norte de la península está ocupada por diversos pueblos, diferentes entre sí, pero con características comunes. Su situación geográfica les pone al margen de las corrientes civilizadoras del Mediterráneo. Son descendientes de las invasiones indoeuropeas. Tienen una estructura social tribal y una economía de base ganadera, excepto los vacceos, que son agricultores. Pero conocen la metalurgia del hierro, gracias a su relación comercial con los colonizadores.

Esta es la clásica región de los celtíberos en la que se encuentran pueblos como los pelendones, los arevacos, los vetones, los vacceos, los carpetanos, los lusitanos, los oretanos y los autrigones. Más al norte los pueblos más antiguos: galaicos, astures, cántabros y vascones.

La sociedad es tribal y está fuertemente jerarquizada. Eran sociedades guerreras, por lo que sus poblados se situaban en lugares defensivos. Aunque carecen de ciudades y son seminómadas.

Cartagineses y romanos

Cartago fue la primera potencia que pretendió dominar la península. Lo intentó en dos etapas: entre el siglo VI y III a.C. con un carácter colonial, y desde el siglo III a.C. por medio del dominio territorial. Esta es la época en la que gobierna en Cartago la dinastía de los Barca. Tiro ha caído en manos persas en el 573 a.C. y Cartago heredó la función de capital púnica. Cartago se enfrentaría a los griegos, y en el 509 a.C. firmaría un pacto con Roma que les garantizaba el dominio del Mediterráneo. Pero Roma y Cartago eran dos potencias en expansión y habrían de chocar.

El conflicto entre Roma y Cartago se resuelve en tres guerras: las guerras púnicas. En la primera guerra púnica (264-240 a.C.) Cartago, gobernada por Amílcar, pierde Sicilia y las colonias hispánicas, excepto Gadir. Desde el año 237 a.C. la guerra se desarrolla en la península. La derrota implica grandes pérdidas económicas y el pago de parias a Roma. Roma construye una gran flota. Con la derrota de Amílcar es Asdrúbal quien controla el ejército de Cartago, y firma el Tratado del Ebro en el 266 a.C. que divide las áreas de influencia de Roma y Cartago en este río. En el 255 a.C. se funda Cartago Nova (Cartagena). Asdrúbal muere en el 221 a.C. y Aníbal sube al poder. En la segunda guerra púnica (218-201 a.C.) el protagonista es Aníbal, que consolida los territorios de Hispania y lanza una campaña contra Roma, tras la conquista de Sagunto en el año 219 a.C. Pero Cneo Escipión desembarca en el 218 a.C. en Emporio y cortando el abastecimiento de Aníbal le derrota. En el 210 a.C. Publio Cornelio Escipión, el Africano, llega a la península para luchar contra los cartagineses. Publio Cornelio Escipión, el Africano, consiguió que muchos reyes indígenas se pusiesen en favor de los romanos, lo que marcará el inicio de la dominación romana de la península. En el 206 a.C. toma Gadir, último reducto cartaginés de la península. Tras la victoria de Zama en el 202 a.C. Roma incorpora Hispania a su imperio, divide la península en dos provincias (Hispania Citerior e Hispania Ulterior) y nombra dos pretores para gobernarlas (Cayo Sempronio Tuditano y Marco Helio, respectivamente). Pero la península no está pacificada, y los romanos han de luchar contra los indígenas. Marco Porcio Cantón lucha en la Hispania Citerior y Publio Cornelio Escipión Emiliano en la Ulterior. En el 155 a.C. comenzarán las guerras lusitanas, con los episodios de Numancia y Viriato. La tercera guerra púnica (149-146 a.C.) consistió en la toma final y la destrucción de Cartago a cargo de Publio Cornelio Escipión Emiliano (Africano menor).

Roma era la dueña indiscutible del Mediterráneo y de la península. Ahora tendría que pacificarla luchando contra los pueblos celtas e íberos. Asunto que le llevaría hasta el año 2 a.C. en que el emperador Octavio declara la paz romana.

Las Baleares

Por su carácter insular, las Baleares tienen una prehistoria diferente a la peninsular, pero por estar en el Mediterráneo su historia depende de las corrientes que afectan a la península. Sólo Mallorca y Menorca, estaban habitadas. Ibiza y Formentera eran conocidas como las Pitiusas, y carecen de restos arqueológicos.

El Neolítico precerámico se data en torno al año 4000 a.C. Hacia el 2000 a.C. se fecha una cultura que habita en cuevas y pequeños poblados, y que conocen la cerámica decorada con incisiones. Hacia el 1500 a.C. aparece otra cultura caracterizada por los enterramientos en navetas, denominada pretalayótica.

Pero la cultura balear, por excelencia, es la talayótica, que dura hasta la llegada de los romanos en el 123 a.C.; los cartagineses habían fundado en el año 654 a.C. Ebusus (Ibiza). La cultura talayótica se caracterizó por sus construcciones: taulas, navetas y talayós, que le dan nombre. Estas construcciones les hermanan con la cultura megalítica.

Las Canarias

Las islas Canarias están fuera del ámbito de influencia de las culturas mediterráneas, pero sí se conocen. Las fuentes históricas las nombran desde la antigüedad, los autores latinos las llaman fortunatae insulae, pero con la caída del Imperio romano son olvidadas hasta que las redescubren los árabes en el 1312. Aunque nadie intenta conquistarlas, por lo que la Prehistoria aquí llega hasta el siglo XV.

Posiblemente las Canarias estén habitadas desde el 3000 a.C., por una cultura neolítica avanzada, ya cromañón, que llega desde África. No existen restos paleolíticos.

Hacia el 2000 a.C. llegan pobladores del Mediterráneo; al menos a Gran Canaria. De esta época son las pinturas rupestres, la cerámica pintada y los ídolos antropomorfos. Una tercera migración se produce ya después de Cristo, con pobladores negroides que viven en casas de piedra. Su cerámica está decorada con incisiones y tienen grabados que recuerdan al alfabeto libio. Serán los habitantes que se encuentren los conquistadores castellanos en el siglo XV.

Bibliografía

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Página de Internet de Atapuerca, de diciembre de 1997

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