El Neolítico y las primeras culturas urbanas

El término Neolítico fue acuñado por John Lubbock en 1865 para denominar la fase prehistórica caracterizada por el pulimento de la piedra, frente a la talla característica del Paleolítico. Sin embargo, con posterioridad, se ha comprobado que esta característica sólo era una manifestación más de un cambio cultural mucho más profundo, que generaría nuevas formas de relación del ser humano con el medio. Las comunidades humanas dejarán de depender de la recolección, la caza y la pesca, para sobrevivir. Las culturas del Neolítico aprenderán a producir sus alimentos por medio de la agricultura y de la ganadería y los conservarán en recipientes de cerámica. Esto llevó aparejados cambios radicales. Las comunidades humanas se harán sedentarias, las ciudades permitirán que la población aumente, aparece la propiedad privada, y con ella las primeras leyes, la economía se especializa y la división el trabajo, con lo que se hace necesario el comercio; y por último se modifican las creencias. Este cambio tan radical se ha dado en llamar revolución neolítica, aunque no está claro que se produjese tan rápidamente como para ser una revolución, sí es un cambio radical con el mundo anterior, es el proceso de neolitización.

La revolución neolítica

Existen tres teorías fundamentales que explican el proceso de neolitización: la de los cambios climáticos, la del aumento de la población y la de la evolución cultural.

Según la teoría de los cambios climáticos, apadrinada por Gordon Childe, el fin de la última glaciación provocó una progresiva desertización, que afectó sensiblemente al Próximo Oriente. La desecación trajo consigo la escasez de plantas y animales, lo que incitó a que en las zonas favorables, oasis, se comenzasen a cuidar las plantas y los animales, descubriendo, así, las técnicas de la agricultura y la ganadería. Sin embargo, no parece que el cambio climático fuese lo suficientemente rápido como para obligar a las tribus nómadas a tal cosa.

La teoría del aumento de la población, sostenida por Binford y Flannery, afirma que el aumento natural de la población fue el que provocó la escasez y la necesidad de recurrir al cultivo de plantas y a domesticar animales para poder alimentar a la población. Pero no aclara porqué se produjo ese repentino aumento de la población, ni si fue debido a una mayor disponibilidad de recursos.

La teoría de la evolución cultural, apoyada por Braidwood, sostiene que las transformaciones de los procesos económicos son consecuencia de la evolución de los modos de alimentación de los pueblos Paleolíticos, que al conocer perfectamente el territorio en el que vivían se dieron cuenta de dónde crecían las plantas que les servían como alimento. Además, observaron que si cuidaban esos lugares había más; así aprenderían, con el tiempo, a cultivar la tierra. El cultivo de la tierra les hace sedentarios y tendrán la necesidad de domesticar animales para no tener que cazarlos. Esta teoría no excluye a las otras dos.

El proceso de domesticación de plantas y animales

El origen del proceso de neolitización es la domesticación de las plantas y animales, el descubrimiento de la agricultura y la ganadería. No está claro si estas dos actividades surgieron al mismo tiempo o si fue primero una y luego la otra; ni cuál fue la primera. No obstante, parece claro que el proceso no surgió en un sólo sitio desde el que se difundió, sino que apareció en diferentes lugares; que pudieron estar en contacto, aunque no es probable; y que siguieron diferentes modelos. Unos grupos humanos pudieron seguir un proceso de neolitización agrario, otros ganadero y otros mixto.

El descubrimiento de la agricultura comenzaría con los cereales silvestres en la región del Próximo Oriente. En los lugares en que la vegetación era destruida aparecían con mayor facilidad los cereales, sobre todo si esas zonas estaban cerca de los asentamientos humanos y eran fertilizados con los excrementos. Por su alto rendimiento, eran recolectados, pero sólo se podrá hablar de agricultura cuando una parte de lo recolectado se plante de nuevo para obtener una mayor producción. Los cereales más difundidos, por su alta productividad y por ser panificables, fueron: el trigo, la escanda, la cebada y el maíz (una planta creada en América). Los sistemas de cultivo serán los de roza y fuego, para despejar las áreas cultivables de otras plantas competidoras. Esta técnica hace a la agricultura itinerante.

La domesticación de los animales se inició a partir del conocimiento que se deriva de seguir a las manadas para la caza. En un primer momento se limitaría a un control de los recursos animales, protegiendo la fauna de otros depredadores y cazando selectivamente. Más tarde se custodiarían los animales, para lo que se cazarían cierto número de ellos y se guardarían en corrales. Pero sólo se podrá hablar de ganadería cuando se comience a criar al animal: controlando su reproducción y cuidándoles durante el invierno, para lo que es necesario establecer cómo se han de satisfacer las necesidades del rebaño. Los animales domésticos tienen parientes salvajes, pero la domesticación y la selección artificial les hace parientes lejanos. El ganado vacuno, la oveja, la cabra y el cerdo, fueron los primeros animales domesticados para la ganadería. Parece que el primer animal doméstico fue el perro, que acompañaría al hombre ya en las cacerías, anteriores a la ganadería.

Salvo excepciones, todas las sociedades, independientemente de si primero fueron agricultores o ganaderos, terminarán adoptando ambos sistemas y complementando las diferentes actividades. Las comunidades agrícolas tienden a la sedentarización y a crear ciudades. Hacia el año 5000 a.C. un gran número de burgos se fortifican y presentan, ya, carácter urbano. Algunos de ellos, como Mersín, Hacilar, Satal o los tel de Hasmar y Haji Mohamed tendrán varios miles de habitantes. La vivienda tiende ser artificial y a situarse en lugares fácilmente defendibles, y que no sean superficie agrícola útil. Su actividad se reduce al entorno de la población, creando un sistema de cultivo más o menos itinerante; se explota una parte del suelo y se deja en barbecho el resto para que se recupere o paste el ganado. El sistema de roza y fuego esquilma rápidamente los suelos. No todos los terrenos son buenos para cultivar lo mismo, por lo que cada ciudad se especializa en algún producto, el resto se comprará a otras ciudades, esto crea tensiones y las urbes se fortifican, pero también aparece el comercio. Para sostener este sistema surge una autoridad centralizada que dirige los trabajos. Esta autoridad, en principio, también es cultivadora, pero con el tiempo dejará estas funciones al resto de la población. Las comunidades ganaderas fueron esencialmente nómadas, por lo que tienden a ser menos numerosas, y más pobres, pero son las que mantienen las vías de comunicación y el comercio.

En torno a las nuevas formas de explotar el medio aparecen nuevas tecnologías para aprovechar mejor el aumento de productividad. Las más importantes son: la cerámica, el telar y el pulimento de la piedra. La cerámica es la industria necesaria para conservar y almacenar los alimentos recolectados, y que duren todo el año. Aunque ha habido sociedades neolíticas que la desconocían. El telar apareció para confeccionar el vestido. La lana fue un subproducto, abundante, de la ganadería. Su construcción es muy compleja. Cada utensilio tiene una función, lo que indica un grado de especialización material muy alto. El pulimento de la piedra fue, durante mucho tiempo, el signo de identidad de las sociedades neolíticas. El pulimento permite utilizar piedras más duras que las del Paleolítico, como la obsidiana, y por lo tanto las herramientas son mejores. El útil más característico es el hacha, muy utilizado en las labores agrícolas. Continúan utilizándose objetos de madera y hueso, como en las últimas fases del Paleolítico.

El Neolítico en el Próximo Oriente y Egipto

Tradicionalmente se establecen dos etapas en el proceso de neolitización: el Neolítico precerámico, o antiguo y el Neolítico pleno.

Jericó es una de las ciudades más antiguas del mundo. La arqueología atestigua su existencia al menos desde el año 8000 a.C. (cultura natufense en la industria lítica y ósea). Pero no será hasta el año 7000 a.C. cuando se reconozcan los restos Neolíticos. Jericó se rodea de gruesas murallas. Sus casas serán de planta circular, con cimientos de piedra, pavimentos pintados con ocre y enterramientos en el interior de la vivienda. Esta ciudad tenía un templo, puede que dos, y una incipiente industria cerámica. Su economía se basaba en la agricultura y se completaba con la caza y la pesca. Pero Jericó se hizo rica y próspera gracias al comercio: seguramente dominaba la extracción de sal, betún y sulfuro, del mar Muerto. El aumento de población en Jericó les obliga a extender su dominio, pero también a incrementar la productividad de su territorio. Fue entonces cuando comenzó, aquí, la ganadería y aparecieron nuevos útiles, como las mazas, los molinos de mano, el cuenco o la cestería. En este período las casas serán de planta rectangular, tendrán hornos y hogares, y aparecerán los santuarios, en los que habrá pequeñas estatuas de dioses de la naturaleza. Con características similares a las de Jericó tenemos los yacimientos de Baida y Jarmo.

La cultura de Jarmo, en el Kurdistán iraquí hacia el 5700 a.C., es una de las más sorprendentes. Comenzó siendo un pequeño poblado que, a base de sucesivas reconstrucciones sobre el mismo lugar, se fue elevando artificialmente. Se datan unos 16 niveles de ocupación. Este tipo de asentamiento, que se eleva sobre sí mismo en periódicas reconstrucciones, dará lugar a los tel, un establecimiento típico de este país, aunque se constata en otros lugares. En Jarmo se comprueba el alto desarrollo de la agricultura: trigo, cebada, guisantes, lentejas, etc., a pesar de ser una área no regable; y de la ganadería: cabra, oveja, perro. La vivienda era de planta rectangular, tenían hornos y estaban cubiertas con juncos. La industria lítica era muy floreciente, trataban la obsidiana. También se han encontrado estatuillas zoomorfas. Los enterramientos se hicieron fuera del poblado.

En el área del Asia Menor, hacia el año 6500 a.C., se encuentran los poblados de Cukurkent, Catal Huyuk, Mersín y Hacilar. En el poblado de Hacilar se ha descubierto un tipo de vivienda de planta rectangular con la entrada por el techo. Su economía era, básicamente, agrícola. En Beldibi se han encontrado restos de cerámica. Fue importante su producción artística.

Chipre también fue un país de neolitización temprana. Aquí se desarrolla la cultura de Kirokitia, hacia el 5500-3500 a.C., caracterizada por sus poblados pequeños, situados en lugares fácilmente defendibles. La vivienda era de planta circular, hecha de piedra y ladrillo, con horno; y en ella se enterraba a los muertos. Su economía era mixta: agrícola y ganadera. También en Chipre se desarrollo la cultura de Erimi, hacia el 3500 a.C., con un importante desarrollo de la cerámica, que se pintará. Es de destacar que Chipre es una isla relativamente alejada del continente, con lo que sus pobladores debieron conocer la navegación.

Hacia el año 4500 a.C. se desarrolla en Siria la cultura de Tel Halaf, que fue una de las más importantes en la transición del Neolítico a la Edad de los Metales. Posee una cerámica esmaltada y ricamente decorada, con muchas representaciones guerreras. Tiene un activo comercio.

A finales de VII milenio a.C. se generaliza el uso de la cerámica. En las zonas de Siria, Palestina y Líbano se asientan diversas culturas de carácter local, que tienen en la ganadería y la agricultura su principal fuente de recursos. En Jericó aparece el Neolítico pleno, así como en Biblos. Más tarde surgirá la cerámica pintada; después de la cerámica incisa y la cordada. Hacia el VI milenio a.C. aparece en Samarra la decoración con motivos zoomorfos y antropomorfos. En esta época el uso de la cerámica se introduce en la llanura de Kenia.

En Egipto el Neolítico está representado por la cultura de El Fayum, hacia el 5000 a.C., la cultura de Tasiense, hacia el 4500 a.C. y la cultura de Merimda, hacia el 4000 a.C. Todas ellas conocen la piedra pulimentada, la cerámica, la agricultura y la ganadería. En El Fayum la selección de semillas había alcanzado el estadio básico que se mantendría hasta el siglo XVIII. Sin embargo, el cambio climático pondrá en dificultades a estos poblados.

Se supone, con bastante buen criterio, que en la época que tratamos, el Sáhara tenía un clima mediterráneo, más húmedo que el actual. En los macizos del Ahagar y el Tibesti, habría bosques en plena actividad. El proceso de desertización pasaría inadvertido para aquellos pobladores. Para ellos el Sáhara sería una extensa estepa con grandes herbívoros que cazar. Las culturas saharianas son, en gran medida, desconocidas, pero no por ello inexistentes.

El Neolítico en Europa

Desde el Próximo Oriente, el Neolítico de expande hacia oriente y occidente. Tradicionalmente se creyó que la propagación del Neolítico se debió a la migración de grupos humanos, pero parece que, en realidad, se debió a un proceso de aculturación de las sociedades próximas. En Europa el cuadro del desarrollo del Neolítico es muy complejo, debido a las influencias llegadas de todas partes. Además, algunas de estas culturas fueron nómadas. Su duración en el tiempo abarca desde el 6000 al 500 a.C. En Europa destacan las culturas campigniense, Starcevo, lacustre, cardial del Mediterráneo, ibérica, danubiana, Windmill-Hill, jarras embudiformes, Sesclo, Dimini, Tripolye, tumbas ocradas, Cucuteni, Bodrog Kerezur, Baden, protoarios, megalítica y vaso campaniforme.

La cultura campigniense, 5000-2000 a.C., es una de las que más tiempo dura y de las de más amplia difusión: todo centro Europa. Recibió múltiples influencias, lo que hacen imposible determinar unas características homogéneas. Su industria lítica era muy avanzada. Conocían la agricultura, la ganadería y la cerámica. La casa tradicional era de planta circular, pavimentada y con varias estancias.

La cultura de Starcevo, 5500-4000 a.C., se extiende por la península balcánica y Rusia. Su desarrollo es vio dificultado por la agricultura itinerante. Su recurso principal fue la caza. Sin embargo, practicaron el comercio de obsidiana y de otros objetos foráneos.

Las culturas lacustres florecieron hacia el año 4000 a.C. en los Alpes y las costas del mar del Norte. Lo más característico es su vivienda sobre palafitos. Sus útiles son muchos y variados.

Hacia el año 4500 a.C. aparece en el Mediterráneo la cerámica cardial, en la zona costera. Se caracterizan por decorar sus objetos con incisiones de conchas. El aspecto más notable de esta cultura es su dedicación al comercio, sobre todo de obsidiana.

En la península ibérica aparecieron múltiples culturas, entre el 3000 y el 2500 a.C. El Neolítico antiguo se caracteriza por la presencia de cerámica cardial impresa. Se extiende por toda el área mediterránea. Se distingue por: un hábitat cavernícola, una economía ganadera y el progreso de la industria ósea en detrimento de la lítica. Se desarrolla, sobre todo, en la zona de Levante, con grupos en Valencia-Sicilia, Mallorca y Andalucía. El Neolítico pleno corresponde a la primera mitad del 3er milenio. Es la época en la que se expande el Neolítico hacia el interior y el norte, gracias a la ganadería. En Andalucía destaca el yacimiento de la cueva de La Carihuela, Granada, con viviendas construidas; y el de Almería (primera fase de la cultura de Almería) con vivienda circular. En Cataluña, se encuentra la cultura más original. Se conocen los enterramientos en fosas, no los poblados. Su cerámica es lisa, con el vaso cuadrado; y desarrollaron un sistema de cultivo en la llanura.

Las culturas danubianas, hacia el 4000 a.C. en la región del Danubio, fueron numerosas y florecientes. En la primera fase son culturas agrarias que no practican la agricultura itinerante, y sus aperos son muy rudimentarios para la época: azada y hacha. Eran más bien ganaderos y nómadas, por lo que su vivienda estaba construida con materiales vegetales y barro. En su cerámica reproducían los objetos de mimbre. También se dedicaron al comercio a través de los ríos. En una segunda etapa, hacia el 3500 a.C. las tensiones por la posesión de la tierra debieron degenerar en guerras, ya que los poblados aparecen fortificados. Pertenecen al Neolítico pleno y pintan la cerámica.

En Inglaterra hacia el año 2500 a.C. surge la cultura de Windmill-Hill, influida por las culturas ibéricas, nórdicas y danubianas. Fueron principalmente ganaderos, y su hábitat fue notablemente disperso. Sin embargo, custodiaban sus rebaños en recintos fortificados. Sus ritos funerarios dejan entrever una sociedad dividida en clases.

Entre los años 3000 y 2000 a.C. se desarrolla en Escandinavia la cultura de las jarras embudiformes, que es extendió por toda Europa central, sobre las culturas mesolíticas.

La cultura de Sesclo, 3000-2500 a.C., es una fusión de elementos europeos y asiáticos. Se encuentran sellos, copas de piedra, figuras zoomorfas, cerámica decorada, etc. Se practica la trashumancia. Sus poblados no están fortificados.

Contemporánea de la anterior es la cultura de Dimini, hacia el 2500 a.C., agricultora y guerrera, que sometieron al Sesclo. Era una sociedad organizada y dominada por la aristocracia guerrera, al estilo de los pueblos indoeuropeos. Decoraban la cerámica en cordón.

En las llanuras del entorno de Kiev, entre el 3000 y el 1700 a.C., floreció la cultura de Tripolye: una escisión de la danubiana. Sobrevivió mucho tiempo y tuvo muchas fases. Su vivienda estaba dividida en habitaciones, eran de arcilla y estaban provistas de hornos y depósitos para conservar la cosecha. Los poblados se distribuían de forma radial y estaban fortificados. Sin embargo, la agricultura era itinerante, por lo que las aldeas eran abandonadas y reocupadas. Su cerámica tiene gran variedad de formas y colores.

En las riberas del Cáucaso se asienta la cultura de las tumbas ocradas, 2500-1700 a.C. Esta cultura se caracteriza por las grandes tumbas colectivas en las que los enterramientos se hacen en posición contraída y recubiertos por una capa de ocre. Es una cultura carente de unidad, ya que al tiempo que algunos grupos estaban en el Neolítico pleno otros, como en el valle del Kubán, tenían manufacturas de metal. A través del Kubán entraron en Europa, no sólo los metales, sino también la rueda.

En Rumania en torno al año 2500 a.C. aparece la cultura de Cucuteni, un poblado fortificado y rodeado de un foso. En él se encuentra cerámica adornada en cordón, típica de los pueblos esteparios.

Contemporáneamente a Cucuteni, aparece en Hungría la cultura de Bodrog Krezur. Se caracteriza por los grandes poblados fortificados y la industria lítica, mezclada con los primeros metales.

Al norte del Danubio aparece la cultura de Baden, 2000-1800 a.C., como evolución de la cultura danubiana. Utilizaban el arado y habían domesticado el caballo. Tenían objetos de metal y carros de cuatro ruedas.

También hubo tribus nómadas y seminómadas, como los pueblos de la estepa: protoarios. Se desenvolvieron entre Mongolia y el mar Negro. El número de culturas es inmenso, pero destaca la de los kurganes. Su economía se basaba en la ganadería, la caza y la rapiña. Son los antecesores de los indoeuropeos. Los restos arqueológicos más importantes son sus tumbas, los túmulos, grandes sepulturas principescas; lo que revela una sociedad estratificada. Era una colectividad guerrera que usó nuevos tipos de armas: el carro de combate, el caballo y el hacha de dos filos. Con sus razias impusieron parias a las comunidades agrícolas. Su movimiento empujaría a otras tribus, creando fenómenos migratorios masivos.

Los megalitos, hacia el 2000 a.C., son los monumentos más tópicos de la Prehistoria, quizá por su origen un tanto misterioso. Parecen ser restos de una religión desconocida que enterraba a sus muertos señalando las tumbas con grandes monumentos de piedra. Los megalitos son tumbas; bien colectivas, bien individuales. Aparecen en la última etapa del Neolítico y en la Edad de Bronce. Pertenecen a sociedades guerreras.

Hacia el año 1800 a.C. surge la cultura del vaso campaniforme, que pertenece a un pueblo cazador, pastoril y guerrero. En esta época están asentadas muchas de las culturas neolíticas, pero estos son los primeros, y auténticos, difusores de la industrial metalúrgica. Se caracterizan por su cerámica de vasos en forma de campana invertida; y por el arco. Esta cultura, o nació en la península ibérica, o entró en Europa por ella. Sometieron a los pueblos megalíticos, que se extinguieron de golpe, ya que se funden con ellos creando culturas mixtas. Sin embargo, la base económica sigue siendo neolítica: elaboración del sílex, cerámica, agricultura, ganadería, caza, etc. Sólo al final, la minería y el comercio de metales tiene una importancia significativa.

La Edad de los Metales

El descubrimiento de la fundición de los metales tuvo un impacto muy profundo en las culturas existentes. El espació dejó de ser, definitivamente, homogéneo, y las zonas mineras comenzaron a ser más ricas que las demás. Hubo un interés creciente por dominarlas, incluso por la fuerza.

Aunque la fundición de los metales revela un mayor dominio del medio, esto no quiere decir que los pueblos que sabían procesar el bronce tuviesen culturas más avanzadas. La periodo de transición entre el Neolítico y la Edad del Cobre se le llama Eneolítico, aunque no todos los historiadores reconocen este período. En realidad, sólo la cultura micénica fue una civilización basada en la metalurgia del bronce. Pero también es cierto que el alfabeto surgió en sociedades que dominaban la metalurgia del hierro.

El cobre

El descubrimiento de la metalurgia del cobre no supuso el fin de la industria lítica. Algunas culturas tendrán ahora su época de mayor perfección; pero se irán aculturizando con el tiempo. El cobre es un metal blando y de pocas aplicaciones, que en principio no competía con la piedra. Además, las demandas eran muchas y las zonas mineras pocas, lo que le hacía un metal muy caro.

El descubrimiento del cobre se realizó o en Egipto o en la altiplanicie del Kurdistán. Fue desde este último lugar, desde donde se inició su difusión por todo el mundo. Hacia el año 4000 a.C. ya se conoce el cobre en Egipto; hacia el 3500 a.C. aparece en Mesopotamia, Irán y la India; hacia el 3000 a.C. en el Egeo y China; y entre el 2500 y el 2000 a.C. en Europa. Los objetos de cobre entraron en Europa a través del valle del Kubán, pero los auténticos propagadores de la técnica de fundición fueron las culturas del vaso campaniforme.

El bronce

El bronce es una aleación de dos metales: cobre y estaño. Esto supone un avance significativo con respecto al estadio anterior. Además, hizo necesario que se pusiera en contacto las zonas mineras de cobre y las de estaño, lo que favoreció el comercio. El mineral de cobre se había descubierto en muchas partes, pero no el de estaño. Esta aleación consigue objetos más duros y duraderos que los de cobre.

El origen del bronce parece estar en Armenia, en torno al año 2800 a.C., pero aparece casi simultáneamente en la India, Irán, Sumeria y Egipto. Hacia el 2400 a.C. llega al Egeo y hacia el 1700 a.C. a Europa.

El hierro

En el último milenio a.C. aparece la siderurgia del hierro. El hierro ya era conocido, e incluso se han encontrado objetos de hierro fundido que se datan en torno al 1800 a.C. Sin embargo, los primeros en trabajar el hierro en abundancia fueron los hititas, hacia el 1300 a.C., que lo exportaban a Egipto y a Asiria. En Grecia el hierro entró con los dorios hacia el 1200 a.C. En el resto de Europa alcanzó su máximo esplendor hacia el 450 a.C., con la cultura de La Tène.

El hierro era un metal mucho más duro y duradero que el bronce, pero también necesita unas temperaturas mucho mayores para su fundición.

Las primeras culturas urbanas

Las primeras culturas plenamente urbanas, y organizadas, aparecen en Mesopotamia, en el interfluvio del Tigris y el Éufrates, donde es posible el regadío y la tierra es de gran feracidad. Sin embargo, las crecidas de ambos ríos son irregulares, por lo que no siempre se garantizan las cosechas. Estos ríos, además de permitir la agricultura, son también canales de comunicación por los que navegar y comerciar. En este medio se desarrollan algunas de las más importantes civilizaciones: sumerios, acadios, asirios y Babilonia. Pero este no es el único ámbito donde florece la civilización: en torno al Nilo aparece Egipto.

Las culturas mesopotámicas

Los sumerios eran un pueblo procedente de tierras áridas que se establece en las riberas del Tigris y el Éufrates. Fundaron ciudades importantes como Kish, Ur, Uruk, Shurupak, Lagash, Nipur y Nínive, que se vieron sometidas a inundaciones periódicas y catastróficas. Después de cada inundación se reconstruyen las ciudades y se vuelve a repartir y a cultivar la tierra. Es una sociedad guerrera dominada por la casta sacerdotal. Los templos sumerios se levantan sobre un zigurat.

Su historia está llena de guerras contra las ciudades vecinas. Se distingue seis períodos: Obeid, Uruk, protodinástico, Imperio acadio, gutos y III dinastía de Ur. El período de El Obeid (4200-3500 a.C.) es de base neolítica, pero con unas instituciones políticas profundamente novedosas, dominadas por los sacerdotes. El período Uruk (3500-2900 a.C.) es heredero del anterior; sobre todo en religiosidad, que se erige como norma de vida social y política. Aparece el cobre, el torno de alfarero y un sistema de símbolos para la contabilidad del templo. Para la división del círculo, el año y el día, recurren al sistema sexagesimal. En el período protodinástico (2900-2370 a.C.) se acentúa el progreso cultural anterior. Aparecen los primeros palacios separados del templo, lo que indica que la clase guerrera se está independizando de la sacerdotal. El primer rey sumerio documentado, Mesilim, pertenece a esta época. Pero se conocen otros, como Lugalzagesi que construyó un imperio desde Mesopotamia hasta el Mediterráneo, aunque no logró romper la estructura de la ciudad estado. Ya estamos en la Edad del Bronce. El período del Imperio acadio (2370-2150 a.C.) surge cuando la ciudad de Kish se impone al imperio de Lugalzagesi, capitaneada por Sargón, que fundo una nueva capital: Acad. Aparecen así los acadios, con una unidad política notable. El Imperio acadio cayó en la anarquía y los gutos (2150-2050 a.C.) conquistaron el país. Los gutos eran un pueblo nómada del Kurdistán que sufría el empuje de las hordas de la estepa. Los gutos establecieron su capital en Arapja y desde allí asolaron el país. Para detener las razias de los gutos, Utujengal se hace con el poder en Ur, iniciando el periodo de la III dinastía de Ur (2050-1955 a.C.); pero es con el reinado de Urnamu cuando Sumeria alcanza los mayores logros de su civilización. Gracias a la paz se pudieron abrir las vías comerciales, pero caerá ante el empuje de los pueblos semitas y los bárbaros, hacia el año 2000 a.C.

En Mesopotamia también se desarrollan las culturas de Babilonia y Asiria, que durante el segundo milenio se desenvuelven al margen de las grandes revueltas. Tras la caída de la III dinastía de Ur surgen estas ciudades. Babilonia fue fundada por tribus semitas a orillas del Éufrates. Hacia el 1815 a.C. Sumu-Abum funda la primera dinastía, la amorrea, a la que pertenecerá Hamurabi (1730-1670 a.C.). Hamurabi someterá toda la región, organizará el Estado y pondrá por escrito un cuerpo legislativo: el código de Hamurabi. Para ello hubo de centralizar el poder, tanto político como religioso. Babilonia caerá bajo el poder de los hititas (1515 a.C.), y sólo resurgirá durante el reinado de Nabucodonosor I (1140 a.C.). Los asirios tienen una historia paralela. Su poder se consolida hacia el 2000 a.C., tras la caída de la III dinastía de Ur; desde su capital Asur. Es una civilización imperialista y agresiva, políticamente absolutista y militarista. Pero el país queda atrapado entre el expansionismo babilónico y el hitita.

En Mesopotamia, a diferencia de Persia y Egipto, florecieron las ciudades estado, pero con rasgos muy similares. La base de la vida económica era la agricultura de regadío y el pastoreo. Pero había personas que no vivían del campo, como el rey y su corte y los sacerdotes. Además, había artesanos, escribas, artistas y administradores, amén de comerciantes, que utilizaron la moneda. El rey tenía poder absoluto, derivado de Dios. En la guerra fueron los primero en utilizar carros y caballos. Su ejército era muy complejo. Utilizaron un sistema de escritura cuneiforme, desde mediados del IV milenio a.C., lo que les permitió tener una literatura; introdujeron el sistema sexagesimal para contar; crearon el código de Hamurabi y su arte fue floreciente.

Egipto

El Nilo es un río más regular que el Tigris o el Éufrates. Su crecida es progresiva, y no catastrófica. En este gran oasis se desarrolló una de las culturas más fascinantes de la historia. Cuando en el Sáhara el avance del desierto era patente, sólo en el Nilo continuaba habiendo caza, frutos silvestres y cañas para las viviendas. Pero, ante todo, la tierra del Nilo era fácilmente cultivable. Las orillas del Nilo comenzaron a poblarse y los habitantes se hicieron sedentarios.

Aquí florecieron las culturas de El Fayum, hacia el 5000 a.C., la de Tasiense, hacia el 4500 a.C. y la de Merimda, hacia el 4000 a.C. Tras estas culturas aparecieron la baderiense y la amratiense, hacia el 3800 a.C., que basaban su economía en la agricultura, la ganadería, la caza y una industria lítica muy refinada. Fueron los primeros en aprovechar racionalmente las crecidas del Nilo. Hicieron embalses y canales para el riego. Conocieron el cobre, probablemente los primeros. También tendrán manifestaciones artísticas: como los bajorrelieves, el marfil, la madera y los metales: cobre, oro y plata. En algún momento, en la sociedad amratiense, fue posible que algunos de sus miembros no cultivasen la tierra. Fueron mineros, comerciantes y artistas; lo que supone la existencia de excedentes agrícolas y su centralización, que implica que hubiera de una clase administradora. Nace así el poder político, que se ocupará también de la administración de las tierras y el regadío. Como consecuencia, comienza, también, la escritura.

Hacia el año 3600 a.C. aparece la cultura gerzeense, que se difunde por todo Egipto unificándolo. Esta consonancia cultural llevará a la unidad política, que surgirá tras un periodo de luchas entre clanes para imponerse. En torno al año 3200 a.C. aparece por primera vez, en Egipto, la figura del soberano: el faraón, que se conoce como Menes, y que pudo haber sido Scorpios, Narmer o Aha, y es convencionalmente el primer faraón. Unificó el alto y el bajo Egipto y fundó Menfis. La política de los faraones fue marcadamente centralizadora, aunque siempre persistió la diferencia entre el norte y el sur.

La cultura Egipcia está dominada por la vida de ultratumba, para la que se cuidaban los enterramientos (mastabas y pirámides), el culto a los muertos y los templos: lo más característico de Egipto. Egipto se mantendría hasta el Imperio romano, aunque fuera conquistado en varias ocasiones.

Otras culturas

En la península de Anatolia se desarrollaron también culturas urbanas, que sólo en raras ocasiones dominaron territorios más grandes que una ciudad estado. Aquí aparecieron algunas de las civilizaciones más avanzadas de la época, y buena parte de los procesos migratorios que difundieron los metales por el mundo. Las más importantes serían: Troya, Cilicia, Yortán, Dorak, Horoztepe, Mersín y Beycesultán. Estas ciudades dependerían de los imperios mesopotámicos. Aquí se asentarán los frigios, con capital en Gordias; los cimerios (año 900 a.C.), nómadas que difundieron la silla de montar y utilizaron el caballo como arma de guerra; los escitas, también nómadas y que con los cimerios penetrarían en Europa; y los lidios, con capital en Lidia.

En la península de Anatolia aparecerá una cultura expansiva, los hititas, hacia el 2000 a.C. Su primera capital será Kusara, pero luego se trasladará a Nesa y a Hatusa, de donde toman el nombre. Los hititas serán uno de los pueblos que intenten dominar Mesopotamia, y que divulgue la civilización; ya que por su posición dominan las vías de comunicación entre Oriente y Occidente. Es el pueblo que difundió la metalurgia. Su cultura es, básicamente, heterogénea, ya que tiene elementos de todas las civilizaciones limítrofes.

En torno al lago Urmia (Armenia), hacia el 2000 a.C., surge la cultura hurrita, un pueblo indoeuropeo y guerrero que se impuso como clase dominante en las tierras que conquistaron: aportando su concepto de la política, pero aculturándose con ellos.

En Palestina se asentarán los pueblos semitas, como los amorreos, los cananeos o los arameos, que formaron parte de las ciudades mesopotámicas. Incluso fundaron Babel. Florecieron ciudades como Jerusalén, Samaría, Biblos, Tiro, Sidón, Damasco o Trípoli.

Los filisteos fueron un pueblo no semita que intentaron crear un reino en la franja costera de Canaán. Dominaron las ciudades de Ecrón, Asdón, Ascalón, Gat y Gaza, con las que destacaron en el comercio.

También semitas eran los fenicios, comerciantes y navegantes. Los fenicios impusieron en el Mediterráneo su talasocracia. Crearon un reino que dominó las ciudades semitas más florecientes y fundaron Cartago en el 814 a.C.

En el interior de Palestina se asentaron los hebreos, el pueblo semita más representativo. Los hebreos se dividirían en dos reinos: uno con capital en Samaría y otro con capital en Jerusalén.

Los persas

Al este de Mesopotamia aparecería otro gran imperio unitario: el Imperio persa, con un país semidesértico. Aunque en la época tenía más lagos y era una región rica en metales: cobre, estaño y hierro. Además, era paso obligado en las rutas comerciales con la India. Este país fue asiento de numerosos pueblos indoeuropeos; pero fueron los medos los que consiguieron crear un imperio hacia el 800 a.C. Fue Ciaxares (625-585 a.C.) quien unificó el reino y el rey Ciro II (559-529 a.C.) quien creó el imperio. Para entonces ya había una floreciente cultura en Grecia, e incluso en Roma.

La arqueología y las civilizaciones antiguas

El conocimiento de la época prehistórica, y de las primeras civilizaciones históricas, depende en gran parte de los restos encontrados por la arqueología. De la Arqueología resulta el conocimiento de la historia y comparte con ella todo el significado que esta tiene en el mundo moderno. Da una imagen de los acontecimientos pasados, transmite los valores de la propia época del historiador y promueve interrogantes acerca del futuro. Es un instrumento esencial para comprender cómo era la vida en el pasado, cuando este era presente.

La Arqueología demuestra que hemos cambiado como especie, y por lo tanto podemos afirmar que la naturaleza humana cambia con el tiempo. Cuando se estudian las épocas prehistóricas las individualidades se diluyen y sólo permanecen los grandes procesos, sobre todo económicos. La historia es cosa de los pueblos y no de los grandes hombres.

La Arqueología traza el curso de la vida de todos los seres humanos desde lo más simple a lo más complejo. Las civilizaciones y los imperios caen, pero la Civilización permanece y se enriquece. La Arqueología rompe las limitaciones geográficas y temporales y ofrece a todos los logros de la humanidad.

Bibliografía

Equipo Redacción PAL: «Prehistoria e historia del Próximo Oriente». Bolsillo mensajero. Bilbao 1986
Joan Santacana y María Camino García: «El Neolítico». Anaya. Madrid 1991
Grahame Clark: «La Prehistoria». Alianza. Madrid 1981
K. C. Chang: «Nuevas perspectivas en Arqueología». Alianza. Madrid 1976

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