El románico: el triunfo del símbolo

El arte románico comienza en el siglo XI, a partir de la abadía de Cluny se difunde gracias a las peregrinaciones y llega hasta el siglo XII. Es un arte didáctico, que pretende la educación religiosa del pueblo. Los grandes impulsores son los benedictinos del Cluny. La arquitectura es el arte por excelencia, a la que se subordinan todas las demás. Es, fundamentalmente, un arte religioso, aunque también hay edificios civiles, vinculados a la guerra, como los castillos, las murallas, las atalayas, etc. Son, en todo caso, obras muy sólidas. Las artes figurativas tienen una clara tendencia narrativa, pedagógica y expresionista, destacando más el mensaje que la correspondencia con la realidad. Hay una clara tendencia al simbolismo.

El término románico fue aplicado en 1819 por W. Gunn con un sentido peyorativo hacia la arquitectura medieval, supuestamente derivada de la romana. Caumont dividió el período en tres etapas: primitiva o prerrománico, desde el siglo V al X, plena, el siglo XI, y de transición al gótico, el siglo XII. En realidad el románico es sinónimo de arte cristiano medieval y occidental, desde el siglo XI al XII.

En el románico se alcanza la perfección de los estilos prerrománicos, gracias a las influencias bizantinas y orientales. Es un arte feudal y con un fuerte carácter religioso y rural. Esta es una época de crecimiento económico y demográfico, en la que se recupera el comercio.

Se dice que en torno al año 1000 aparece en la sociedad la creencia de que está a punto de llegar el fin del mundo, por lo que los temas inspirados en el Apocalipsis, juicio final, Cristo majestad y los monstruos, serán recurrentes. Con el tiempo, hacia 1033, y al ver que no se ha producido el fin del mundo, los temas derivan hacia la plasmación de sentimientos de gratitud. Aunque no parece que la sociedad, en general, estuviese preocupada por el cómputo del tiempo, ni que las personas ilustradas se lo creyesen.

Arquitectura

El templo es la obra fundamental del románico. Es el cuerpo de Cristo, la casa de Dios, la imagen de la Jerusalén celeste. Está orientado, simbólicamente, hacia el Este donde se sitúa el ábside. Representa un pequeño microcosmos. Valora el espacio interior. En el románico se divulgan unos métodos constructivos y técnicas, que son una auténtica revolución.

Tiene ábside, girola, crucero, tribunas, torres en las fachadas, cimborrios, etc. Utiliza la piedra como material predominante. Los cimientos son muy estables, sobre todo se utilizan pilares, pero también columnas, y un muro de carga ancho al que están adosados los contrafuertes. Utiliza el arco de medio punto, la bóveda de cañón y la de arista. No faltan ejemplos de cubiertas a dos aguas y de cúpulas, de influencia bizantina e islámica. La planta es de cruz latina, con tres o cinco naves, la central más alta que las laterales, pero también hay ejemplos de plantas centrales: de cruz griega, basilicales o redondas. La fachada está articulada, deduciéndose del exterior la estructura interna, con la nave central, la tribuna, etc. Suelen tener torres en la fachada o en el crucero.

Los elementos sustentantes más destacados son: el muro, que es muro de carga, con pocos vanos, ya que tiene que soportar el peso de las bóvedas; el pilar, que tiene como novedad su planta cruciforme. Puede tener columnas adosadas; y la columna, que aparece en el interior del templo alternando con el pilar en los claustros, los ábsides, etc. A diferencia de la columna clásica, pierde el sentido del canon y se estrecha extraordinariamente. Los capiteles se decoran con relieves de los temas comunes.

En las cubiertas encontramos una auténtica revolución. Las primeras cubiertas son de madera y planas. Luego, la madera se sustituirá por piedra, y para que no se caiga se empleará la bóveda, tanto de cañón como de arista. La bóveda dio al templo un sentido simbólico, la representación del cielo, además de una mayor musicalidad. Hacer una bóveda de cañón es de una gran complejidad técnica. Para ello se emplearán los arcos fajones, solución que aparece en el prerrománico asturiano. Los arcos fajones dividirán la bóveda en varios tramos, estos arcos descansarán sobre gruesos pilares, que se reforzaran por el exterior con contrafuertes. La bóveda de cañón será la que cubra la nave central, mientras que las laterales se cubrirán con bóvedas de arista, que permiten tapar un espacio cuadrado y no demasiado alto. Los ábsides se cierran con bóvedas de horno. No faltan las cúpulas, por influencia bizantina, que se colocan en los cruceros. Generalmente, las cúpulas se erigen sobre trompas, aunque también las hay sobre pechinas. En el fondo, todo este sistema trata de buscar la altura y que la luz penetre en el templo. Progresivamente se irán abriendo vanos, sobre todo en las iglesias de peregrinación, para ventilarlas, hasta llegar al gótico.

En las iglesias de peregrinación aparece la tribuna o triforio un espacio superpuesto a las naves laterales y abierto a la nave central en el que se alojaban los peregrinos. A través de la tribuna llega al interior de la iglesia la luz y el aire exterior. Además, el triforio, junto con los contrafuertes, es un elemento para contrarrestar el peso de la bóveda.

La planta de la iglesia tiene una función simbólica, por lo que domina la planta de cruz latina. En la planta distinguiremos: las naves, o cuerpo del templo, el crucero (transepto), o brazo perpendicular, y el ábside o cabeza, que puede tener absidiolos. En el ábside central se sitúa el altar mayor, aquí convergen las principales líneas de fuerza del edificio. Las naves laterales se unen gracias a una girola o deambulatorio que circunda el ábside de la nave central. Esto permite el tránsito de los peregrinos y la proliferación de absidiolos. En la fachada del templo aparecen dos torres gemelas que flanquean la entrada. A veces, la iglesia forma parte de un monasterio, en cuyo caso tiene adosado un claustro. Alrededor de él se sitúan las dependencias del monasterio, celdas, refectorio, sala capitular, cocina, etc.

El templo se ilumina, fundamentalmente, de dos maneras: abriendo vanos en las naves laterales, cuando la nave central no es mucho más alta, y abriendo vanos en la nave central, cuando esta tiene suficiente altura. No obstante, la luz en el interior de los templos es escasa.

Otro elemento importante es la portada. La portada tiene una estructura abocinada, gracias a las arquivoltas. El tímpano se decorará, así como las jambas y el parteluz, que divide la entrada en dos. El parteluz se remata con un dintel para formar el tímpano. Todo ello está decorado con relieves de la temática tradicional, pero también aparecen motivos geométricos, ajedrezado, bolas, diamantes, dientes de sierra, rollos, etc.

Entre las construcciones civiles destacan los castillos. Tenían una robusta torre de dos o más pisos, torre del homenaje, en la que habitaba el señor con su familia y su servidumbre. También había granjas para la familia de los siervos y establos para el ganado. Todo ello estaba protegido por una muralla. También se construyen puentes. Los puentes son estrechos y de un solo arco.

El románico en Europa

En Francia se dan todas las tipologías, y presenta el tipo clásico, no en vano aquí nace el estilo románico. Las fachadas de la escuela de Provenza son las más antiguas. Se construye en piedra. Las naves laterales hacen las veces de contrafuertes de la central. En el crucero se levantan torres o cimborrios de dos pisos. Su aspecto exterior es austero. Las iglesias más destacadas son las de San Trophime de Arlés, San Víctor de Marsella y la catedral de Aviñón. En la escuela de Langueloc aparecen las primeras iglesias de peregrinación, con cinco naves y girola. Templos importantes son: San Sernin de Toulouse y Santa Fe de Conques. El tipo clásico de románico se encuentra en la región central: la escuela de Auvernia. Las iglesias tienen ábside y girola. Las naves laterales tienen dos pisos, en los que se encuentra el triforio. La nave central tiene bóveda de cañón. Los arcos son de grandes dimensiones. Y las piedras utilizadas son de colores. Destacan las catedrales de Puy y Notre-Dame la Grande en Poitiers. En la escuela de Aquitania y el Perigord aparecen las cúpulas, como en la catedral de Angulema y San Front de Perigueux. La escuela de Borgoña posee el modelo típico románico, el que más se difundió. Aquí se encuentran la abadía de Cluny, la catedral de Autun y la iglesia de Vezelay. La escuela del dominio real en la que se encuentra la iglesia de San Denis. Y la escuela de Normandía, que influiría en Inglaterra. Sus iglesias son más altas, armoniosas y, por la tanto, con más luz. En el exterior destacan las tres portadas, que corresponden a sendas naves. Destacan las iglesias de San Etienne de Caen y la Trinidad de Caen.

En Italia hay una profunda influencia bizantina y de la arquitectura clásica. Se dan las escuelas de: Piamonte, Toscana y Lombardía con construcciones de ladrillo y un sistema triple de edificios, a la manera paleocristiana, de: iglesia, baptisterio y campanario. Destacan las iglesias de San Ambrosio de Milán, San Abundio de Como, San Zenón de Verona, San Miguel de Lucca, y las catedrales de Parma, Pisa y Módena. En la escuela toscana el mármol es el material constructivo por excelencia. En el exterior destaca la combinación de elementos arquitectónicos repetidos: franjas horizontales, arquillos ciegos y frontones y columnas.

En Alemania los edificios son muy grandes, altos y desarrollados en longitud, construidos en ladrillo. Los muros se rematan con arquerías. Persisten, aquí, las formas carolingias, con la planta basilical y las columnas de imitación clásica. La cubierta es plana, de madera y está pintada. Las naves se dividen por medio de hileras de columnas, que se alternan con pilares. Poseen dos ábsides, uno a cada extremo de la nave, esto obliga a abrir las puertas en los laterales del templo, por lo que carecen de fachada. Posee, también, doble transepto. Destacan las iglesias de Santa María de Laach en Colonia, el grupo de Ratisbona y las catedrales de Worms, Maguncia y Espira, y la capilla palatina de Aquisgrán.

En Inglaterra se siente la influencia normanda, hasta el punto de conocerse también como estilo anglonormando. Los templos alcanzan una mayor altitud y longitud. Las naves laterales están separadas de la central por sendas hileras de pilares alternando con gruesas columnas. Los fustes tienen una decoración en zigzag. En el crucero aparece una torre que hace las veces de linterna. La cabecera suele ser cuadrada o utiliza el arco ojival. Destacan las catedrales de Winchester, Worcester y Durham, y la cripta de la catedral de Canterbury.

En Escandinavia también se nota el influjo normando. Las plantas son de cruz latina, con una torre en el crucero que hace de linterna. Destacan las catedrales de Lund, Uppsala y Trondheim. En Bélgica la catedral de Tournai anticipa el gótico.

España

En España el románico está muy desarrollado, sobre todo en el norte. Se difunde a través del camino de Santiago, el más importante en las peregrinaciones. La conquista de Toledo asegura la paz al norte del Duero.

En Cataluña, que deriva del románico lombardo, utilizan un aparejo rústico, y ponen cuatro esferas en el ábside. Es la primera región española en la que aparece el románico. Destaca la construcción de grandes centros monásticos. Predomina el ladrillo como material de construcción. Los soportes son pilares o columnas sin capitel. En las cubiertas predomina la bóveda de cañón y arista. Las plantas son variadas, aunque predominan las basilicales, de tres o cinco naves, las de cruz latina y las circulares. Los adornos se reducen al mínimo. Destacan la iglesia de San Vicente de Cardona, y las catedrales de Solsona y Urgel.

En Navarra y Aragón se nota más la influencia de Cluny. Destacan las iglesias de San Juan de la Peña, San Salvador de Leyre, San Millán de la Cogolla y San Pedro de Lárrede. Son iglesias rurales de una sola nave, ábside semicircular y arcos ciegos. Es frecuente la presencia de torres altas y cuadradas, con ventanas en lo alto, que recuerdan a los minaretes árabes.

En León el románico engarza con la tradición asturiana, en la que se obtuvieron logros notables.

El románico del camino de Santiago es el más importante. Aparece la alternancia de pilares y columnas, el taqueado jaqués como motivo decorativo y la cúpula en el crucero. En España representa el románico pleno. Es un estilo auténticamente internacional, con un modelo clásico y un lenguaje común al del resto de Europa. El prototipo es la abadía de Cluny. Aquí encontramos las típicas iglesias de peregrinación, con tres o cinco naves, crucero, girola, absidiolos, tribuna, bóvedas de cañón y arista, etc. En Castilla y León predomina la planta basilical de tres naves. La central es más alta y ancha, y tienen triple ábside. En el camino de Santiago las iglesias son urbanas: la catedral de Jaca, monasterio de Silos, y las iglesias de San Martín de Frómista, San Isidoro de León y la catedral de Santiago, aunque también las hay rurales; claro que son más pequeñas y de una sola nave, como las de San Esteban de Corullón, Santa Marta de Tera o San Esteban de Gormaz.

Hacia el sur encontramos influencias islámicas. Se trata de un románico tardío que dará paso al gótico. Ahora aparecen novedades técnicas inducidas por la reforma cisterciense, como las cúpulas sobre trompas o pechinas. El románico se hace definitivamente urbano. Destacan las catedrales de Zamora, Salamanca, Ciudad Rodrigo, Plasencia, Ávila, etc. En estos lugares, además de las catedrales, se construyen numerosas iglesias parroquiales.

También hacia el norte se extiende el románico, con un sentido más rural. Como las catedrales de Tuy y Lugo, y las iglesias de: la colegiata de Santillana del Mar, San Estíbaliz de Lasarte o Santa María de Arbás.

Pero donde más se nota la influencia islámica es en el románico mudéjar, un arte urbano cuyos templos tienen la estructura de las iglesias cristianas y los motivos decorativos del arte islámico. Sin embargo, este arte no está dominado por la concepción cristiana de la vida, ya que son conversos, musulmanes y judíos, los que construyen estos templos. Destacan las iglesias de Sahagún, Arévalo, Olmedo y Toro. Aunque en su conjunto el arte mudéjar es contemporáneo del gótico.

Escultura

La pintura y la escultura es parte indispensable y complementaria de la arquitectura. La escultura inunda los edificios, al contrario que en épocas anteriores. Las artes gráficas explican su función, triunfa lo icónico, que exige imágenes para representar ideas. Las imágenes tienen dos funciones: una estética y otra didáctica. La función didáctica es esencial, ya que pretende difundir el programa ideológico cristiano entre una población mayoritariamente analfabeta y con pocos recursos para adquirir libros. Por supuesto se mantiene, y potencia, el carácter simbólico de la representación.

Los temas más comunes son vírgenes con niño Dios o crucificados. Suelen tener un marcado hieratismo, aunque probablemente la policromía lo suavizaría. El programa iconográfico incorpora las enseñanzas de la Iglesia, el adoctrinamiento, los temas del Antiguo y el Nuevo Testamento (Adán y Eva, el arca de Noé, el sacrificio de Isaac, la Anunciación, la Visitación, la Natividad, la Epifanía, Pentecostés, etc.), el crismón, y los monstruos (unicornio, grifo, monstruos del infierno). Pero, también, aparecen motivos geométricos, vegetales, animales y de las tareas agrícolas más comunes. No faltan referencias a la historia, a las fábulas y a la mitología. Tratará de ordenar y sistematizar los conocimientos sobre el origen del mundo, el hombre y Dios. Pero el tema más repetido es el del juicio final, con los salvados y los condenados, el pecado y el demonio. En él aparece toda una estética de lo feo y lo grotesco, que llega a ser cómico.

En la escultura exenta predominan los temas de: el Crucificado y la Virgen. El Cristo crucificado está clavado con cuatro clavos y los pies separados, el cuerpo rígido, sin sentir el peso y adaptándose al marco. En la cabeza lleva una corona real, por su condición de rey de reyes, o una corona de espinas. Aparece vestido con una larga túnica, al menos desde la cintura. Las figuras de la Virgen fueron especialmente veneradas. Frecuentemente contenían reliquias. Suele ser una figura sedente, coronada y con niño. La composición suele ser rígida, sin que exista comunicación entre la Virgen y el Niño.

La escultura se caracteriza por la ley de la adaptación al marco, el horror vacui, la expresividad esquemática, sin proporciones naturalistas, y la carga simbólica y alegórica. Hay ausencia de perspectiva, y destaca la jerarquía de tamaño, composición e hieratismo. La forma se subordina al esquema geométrico que impone la arquitectura. Suelen estar realizadas en piedra caliza, granito o mármol, pero también en madera o marfil.

Dos espacios están especialmente reservados para la escultura: la portada y el ábside, aunque aparece en frecuentemente otras partes, como los bajos de las cubiertas, las jambas de las puertas, los capiteles o los claustros. Existen tanto relieves como escultura exenta, de pequeño tamaño, que están policromadas. La portada es la parte más escultórica, donde se encuentran, en el tímpano: el pantocrátor y el tetramorfos, en el dintel los ancianos del Apocalipsis, y en el parteluz y las arquivoltas otras esculturas, casi exentas.

La escultura románica en Europa

Francia es el centro del románico. Podemos distinguir seis escuelas: la escuela de Toulouse, en la que destaca la decoración de los tímpanos y portadas de la catedral de Toulouse y de Souillac; la escuela de Borgoña en la que destacan los pórticos de las catedrales de Vezelay, Autun y el sepulcro de santa Magnancia; la escuela de Auvernia destacada por los capiteles del interior, en la que encontramos Notre-Dame del Puerto; la escuela de Poitou, en la que destacan los relieves de la catedral de Angulema; la escuela de Provenza, en la que sobresale el conjunto de la catedral de Trophime y el claustro de San Bertrand de Comminges; pero la más importante es la escuela de Isla de Francia, en la que encontramos el pórtico real de Chartres y el pórtico de San Denis.

En Italia la escultura se acerca más al estilo internacional que la arquitectura. Utiliza los mismos temas, con idéntica intención e igual técnica. Destacan los tronos episcopales, los púlpitos y las puertas de bronce, como las de la catedral de Benevento.

En Alemania la escultura tiene menor importancia, sin embargo, destaca la escuela de fundidores de Hildesheim. Realizan las puertas de la catedral de Ausburgo, el altar de oro de la catedral de Basilea, y diversos relicarios. Puertas, pilas bautismales, altares, tumbas y relicarios sostienen las obras más representativas de la escultura alemana.

España

En España existía el precedente de la escultura prerrománica. En el siglo XI encontramos los primeros ejemplos de escultura, en Cataluña. Aparece en capiteles y altares, como en San Genís y en San Andrés de Soreda. En esta época destaca, también, la orfebrería en la que sobresale el arca de San Millán, el arca de las Bienaventuranzas, el relicario de San Pelayo y San Juan Bautista, y el crucifijo de don Fernando y doña Sancha.

En el románico pleno (1075-1150) destaca la producción del camino de Santiago. La portada de las Platerías, en Compostela, atribuida al maestro Esteban, tiene un programa iconográfico alusivo a la naturaleza humana y divina de Cristo. En San Isidoro de León destacan: la puerta del Perdón y la del Cordero. Además, están decorados los capiteles del interior. En el monasterio de Silos sobresale la decoración de los capiteles del claustro. Y la portada principal de la catedral de Jaca. Además, de la iglesia de San Pedro el Viejo.

En el siglo XII aparecen los maestros de transición al gótico, que tienen un aspecto más naturalista. En este período la obra más conseguida es el pórtico de la Gloria en Compostela, atribuida al maestro Mateo. Pero son destacables la portada de San Vicente de Ávila, el cenotafio de los Patronos de la Iglesia, y la Cámara Santa de la catedral de Oviedo. En Cataluña sobresale la figura el maestro Cabestany.

Pintura

La pintura tiene los mismos temas iconográficos que la escultura. Pero, además, nos encontramos con las ilustraciones de libros que aparecen para comentar los textos, como el Beato de Liébana.

Hay también pintura mural, aunque se conserva mal y poca. Sin embargo, la pintura fue muy importante ya que todos los edificios debieron estar policromados. La pintura se situaba preferentemente en el interior. El ábside principal era el centro organizador del programa iconográfico. Se pintaban, además, las bóvedas y los muros.

Entre los temas predominan: el tetramorfos, el pantocrátor, los apóstoles y santos. En los muros aparecen los temas narrativos, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento, pero también aparecen las vidas de los santos, sobre todo si tienen relación con el camino que los fieles han de recorrer para alcanzar la Salvación.

Al igual que la escultura, la pintura tiene una clara función docente, y un marcado carácter simbólico, además de estético. Aparecen el mismo tipo de convencionalismos: frontalidad, carencia de volumen y profundidad, formas geométricas y esquemáticas, adaptación al marco arquitectónico, antinaturalismo e hieratismo, aunque esto se compensa con una gran expresividad de las figuras (grandes ojos).

Tiene una fuerte influencia del arte bizantino. Predomina el dibujo, con línea gruesa, colores planos y sin volumen. El espacio se crea por la distribución de las figuras en el espacio. La técnica más utilizada es la del fresco, lo que requería una cierta preparación del muro: estucado. Los colores también pueden aplicarse al temple. Dada la amplitud de los muros, la composición de la escena adquirirá una importancia singular. También se pintó sobre tabla, para poner en los altares. La composición seguía las convenciones del relieve.

En la pintura románica sobresale la miniatura. La miniatura está realizada por gente letrada, pensada para decorar libros para la gente que sabe leer, por lo que no tiene la intención didáctica de las demás obras, y son de una mayor libertad creativa. Frecuentemente se crean modelos que luego aparecen en murales y tablas. Se pintan Biblias, códices, beatos, libros de horas, vidas de santos, libros científicos, etc. En ellos las miniaturas ocupan los márgenes de las hojas, a modo de viñeta, páginas enteras y las iniciales capitales del comienzo del texto.

Las escuelas europeas

En Europa se pueden distinguir dos escuelas: una de tradición carolingia, predominante en el norte, y otra de tradición bizantina predominante en el resto del continente, pero también hay numerosas escuelas autóctonas.

Destacan las escuelas francesas de Berry, Poitou y Turena, con obras como las pinturas de las iglesias de San Sabino de Gamterpe, Tavant y las catedrales de Puy y Brinay. En Alemania destacan los murales de San Jorge de Oberzell. Y en Italia sobresale el foco de Montecasino, con obras como el mural de San Ángelo, las iglesias de San Clemente y San Urbano, en Roma, y San Silvestre, en Tívoli.

España

En España se conservan la mayor cantidad de obras pictóricas de gran calidad. Cataluña y León son las regiones en las que encontramos los mejores ejemplos de pintura.

En Cataluña se encuentran las mejores obras, y las mejor conservadas. Tienen una marcada influencia bizantina. Destacan las obras de San Quirze de Pedret (las más antiguas), San Juan de Bohí, la Seo de Urgel, la de Santa María de Tahull y, sobre todas, las de San Clemente de Tahull.

En León, y en Castilla, encontramos un estilo mucho más internacional, influido por la estética islámica. Destacan las pinturas de la ermita de Vera Cruz en Segovia, la iglesia de San Baudilio de Berlanga, el monasterio de San Pedro de Arlanza, la ermita de Cristo de la Luz, en Toledo, y el panteón de los reyes en San Isidoro de León, el mejor conjunto de pintura románica del mundo.

La miniatura española es de gran importancia. Es continuación de la tradición mozárabe. Destacan los beatos, los libros de horas y las Biblias, como el Beato de Fernando I y doña Sancha, el Libro de Horas de doña Sancha, el Beato de Santo Domingo de Silos, las Biblias de San Juan de Peña, León (segunda), Burgos y Ávila, y sobre todos el Beato de Liébana.

Bibliografía

VV.AA.: «Historia del Arte». Carroggio. Barcelona 1987
VV.AA.: «Summa Artis». Espasa Calpe. Madrid 1990
Guillermo B. Floria: «Historia de la pintura». Plaza y Janés. Esplugas de Llobregat 1975

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