De los primeros humanos a las primeras culturas

Uno de los misterios más fascinantes de la historia es la cuestión de cuándo aparece el ser humano. El desconocimiento, y el interés, al respecto, ha hecho que se propongan múltiples hipótesis, que van desde las míticas a las científicas, pasando por las religiosas. Nosotros trataremos de explicar cuál ha sido el proceso de aparición del ser humano en la Tierra, y cómo consiguió tener una cultura, a la luz de las hipótesis científicas.

En realidad desconocemos cómo y cuándo aparece el ser humano, ya que hay pruebas de la existencia de homínidos, pero, ¿en qué medida son la misma especie que nosotros? Lo que es indiscutible es que en algún momento hay un determinado grupo de homínidos que adquiere consciencia de sí, de su existencia, del pasado y del futuro, tienen memoria y son capaces de crear una cultura con eso. El ser humano aparece cuando conoce sus posibilidades físicas y mentales, es capaz de reflexionar sobre lo que hace, y corrige sus errores. Es capaz de predecir sus acciones. Pero ¿qué es la cultura? Según Grahame Clark la cultura es un modo de comportamiento aprendido, heredado en virtud de la pertenencia a un determinado grupo social. Según esto cualquier grupo animal, insectos, aves o monos, tienen cultura, ya que siguen comportamientos comunes y usan señales comprensibles por todos y aprendidas.

Lo que hoy sabemos del ser humano primitivo es fruto de las excavaciones arqueológicas y los estudios de la Antropología. Hace ya más de un siglo que se realizaron las primeras excavaciones en busca de los restos de los pueblos perdidos. Estas excavaciones eran fruto de la casualidad, pero hoy se emplean métodos complejos y científicos para el descubrimiento de la historia anterior a los documentos escritos. Pero no basta encontrar los restos, hay que interpretarlos. La historia de la evolución humana es, a pesar de lo que pudiera parecer, una de las ciencias cuyos contenidos más frecuentemente cambian; y es que está condicionada por el descubrimiento de fósiles humanos cuya interpretación hace que tengamos que redefinir buena parte del sistema de clasificación y de nuestras ideas sobre cómo llegó nuestra especie hasta aquí.

La Antropología puede determinar qué grado de evolución habían alcanzado y la raza a que pertenecían los individuos cuyos fósiles han sido encontrados. La Etnografía puede reconstruir sus modos de vida, estudiando las sociedades actuales que se supone que viven como en la Prehistoria. La Geología nos da información sobre las condiciones ambientales en las que vivían. La Antropología sigue las técnicas de la evolución de las especies para determinar el proceso que llevó a la aparición del ser humano. Pero aún falta saber cómo nace el primer ser humano, o el primer grupo de seres humanos.

La datación del tiempo es también muy compleja. Se utilizan, fundamentalmente, dos métodos: uno, el relativo, con respecto a nuestro calendario, y otro absoluto, con respecto a la edad de la Tierra, y en función de los estratos geológicos y las glaciaciones.

El Paleolítico

El Paleolítico es el período más antiguo de la historia de la humanidad. Va desde la aparición del ser humano hasta la invención de la agricultura, la ganadería, la cerámica y el telar.

Con respecto a cómo aparece el ser humano, la hipótesis más aceptada es la que afirma que los primeros homínidos fueron muy parecidos a los simios arborícolas, pero que comenzaron a andar erguidos. Es posible que el hecho de andar erguido sea suficiente para hacer aparecer al ser humano, pero, además, este tuvo que ser capaz de crear cultura nueva. La diferenciación radical hubo de hacerse en un medio aislado ecológicamente, que impidiera el contacto y la mezcla con otras especies, de manera que las mejoras conseguidas se transmitiesen genéticamente. Supuestamente, esta área fue el valle del Rift. No es fácil determinar cuándo ocurre esto, se cree que a finales del Terciario, pero sí parece claro porqué; un árbol ofrece refugio a un omnívoro, pero no comida. La posición erecta permitió que le creciera el cerebro, y esto es lo que les diferencia de los monos contemporáneos. Pero, además, le permite utilizar los miembros superiores para otros cometidos, que no son el desplazamiento. Tendrá capacidad para crear instrumentos y modificar los elementos del medio en su favor. Esto, junto con su condición de ser social, le permitió dominar el medio con ventaja y crear una cultura que transmitir a sus descendientes.

Su capacidad de transformar el medio le permitiría elegir entre todas las piedras la más cortante, luego aprendería cómo hacer una piedra cortante, estamos ya en el Paleolítico, las piedras talladas. En realidad, estas primeras piedras no se distinguen de las lascas de origen natural, sino fuera por que se encuentran juntas y están talladas de una misma forma. Sin embargo, al que talló estas piedras se le llama prehomínido.

El prehomínido más conocido es el australopiteco, aunque se discute si era capaz de hacer instrumentos o sólo los seleccionaba. El fósil homínido más antiguo apareció en el año 2001 en Kenia, un fósil que pertenece a una nueva especie de hace unos cuatro millones de años, y que se ha llamado keniántropo. En el año 2004 se descubrió cerca de Barcelona un fósil que se ha llamado Pierolapithecus Catalaunicus (popularmente Pau). Parece ser que representa el último eslabón común entre los grandes monos y el hombre actual. Hasta ese momento el fósil más antiguo era el de Lucy, que tiene unos tres millones de años. Otros prehomínidos son: el oreopitecus, más antiguo, el zinjantropus, el hombre de Kanam, etc. Estos prehomínidos vivirían hace dos millones de años, en el Plioceno, aunque la mayoría de los fósiles son del Pleistoceno. El más extendido fue el australopiteco, que se encuentra en África, Asia suroccidental e Indonesia. Hoy, dentro del australopiteco se reconocen muchas subespecies, las más famosas son el Australopiteco robustus y el Australopiteco africanus, dentro del que puede estar el Homo hábilis.

La cultura paleolítica

Parece claro que la posición erecta fue un hito fundamental en el proceso de hominización, ya que permitió el crecimiento del cerebro y la utilización de las manos para otros fines. Pero, además, fue fundamental el sistema económico: caza y recolección. La caza aumentó la variedad de la dieta del ser humano del Paleolítico. Esto le obligó a crear un utillaje material, un lenguaje y una sociedad organizada. Era necesario que una parte de la tribu cazase mientras que otra se dedicaba a recolectar, y a cuidar de los pequeños de la tribu. Por lo tanto: la comida se debía repartir. Es posible que este sea el origen de la familia.

De vital importancia fue la aparición del lenguaje articulado, ya que les permitió comprender el medio en el que vivían y comunicarlo a los demás. Esto les ayudó a crear una cultura y a acumularla. El lenguaje les permitirá tener conciencia de la propia existencia.

La utilización de instrumentos no es privativa de los homínidos. Pero sí lo es el fabricarlos: el coger un instrumento que ofrece la naturaleza y darle forma para que sea más efectivo, con vistas a una utilización futura.

Las primeras culturas

Normalmente se acepta que la mejor manera de clasificar a todos los homínidos distintos de los australopitecos es como género Homo; incluyendo al pitecántropo, que aparece en el Pleistoceno medio, según la moderna terminología se le llamará Homo erectus. Otras especies como el neandertal, del Pleistoceno Superior, se llamarán Homo sápiens, con diferentes subespecies. El hombre moderno que aparece hace unos 35.000 años será el Homo sápiens-sápiens.

El Paleolítico se divide tradicionalmente en tres periodos: inferior, medio y superior. Este ciclo está determinado por las glaciaciones. La ecología variaría entre un clima lluvioso y fresco y otro seco y caluroso.

El Paleolítico inferior abarca desde los 600.000 a los 100.000 años. Es un periodo mal conocido, en el que lo más destacable son los restos de los presápiens y homínidos encontrados en Atapuerca. Se distinguen tres etapas: la pebble tools (herramientas de guijarro) es la más antigua, la abevilense (o chelense) y la achelense. Es de suponer que el homínido de este periodo fuese el pitecántropo.

El Paleolítico medio abarca desde los 100.000 a los 35.000 años. Es el periodo del neandertal. El hombre de neandertal fue un homínido cazador y nómada que habitó en cuevas. Cada herramienta sirve para una tarea concreta.

El Paleolítico superior va desde los 35.000 a los 10.000 años. Es el periodo del Homo sápiens-sápiens, de tipo cromañón. Este fue ser humano que dejaría las pinturas rupestres, o en tablillas, y que maneja un utillaje muy complejo, propio de cazadores. Es el periodo en el que se encuentran la mayoría de las culturas.

Los primeros fósiles de pitecántropo (Homo erectus) se encontraron en Java, tenían unos 400.000 años. Más tarde se encontró la misma especie en las cercanías de Pekín. La especie apareció hace unos 1.500.000. En este yacimiento se encuentras evidencias del dominio del fuego. No está probado que el pitecántropo desciendan del australopiteco. Son los primeros seres humanos que, sin duda, construyen instrumentos y viven en sociedad, a veces con muchos individuos. Junto a ellos se encuentran restos de muchos animales. Se les supone inquietudes espirituales.

Con el dominio del fuego se cubre una etapa fundamental en la conversión en ser humano, y en la creación de una cultura, ya que es capaz de superar el instinto del miedo. El pitecántropo era cazador, y lo hacía en grupo, lo que implica la existencia de una sociedad organizada, y también de un lenguaje para comunicarse. Sin embargo, su evolución técnica es muy baja. Sus útiles están toscamente trabajados. No enterraba a los muertos; y probablemente eran antropófagos.

Las culturas de la piedra tallada

La estirpe de pitecántropo fue la única representada durante los 300.000 años siguientes, con formas cada vez más evolucionadas. El progreso técnico está documentado en los yacimientos de Tanzania (Olduvai), en los que se encuentran útiles cada vez más perfectos en las capas superiores. La materia con la que se hacen los distintos instrumentos es siempre el guijarro, pero pronto se añadirán diferentes minerales según su dureza: cuarzo, granito, lava y obsidiana, lo que implica una selección de los materiales. Las piedras están trabajadas, bien por un sólo lado, bien por los dos (monofaciales y bifaciales). Los instrumentos bifaciales no necesariamente implican una cultura superior. El instrumento bifacial por excelencia es el hacha de mano, que pudo tener mango desde muy pronto.

Los primeros instrumentos bifaciales se engloban dentro de la cultura abevilense que están aún toscamente trabajados. Estos instrumentos se irían perfeccionando, por los portadores de la cultura achelense, que los fueron afilando mediante un proceso de pulimentado. Además tienen instrumentos de hueso y madera. La tradición achelense dio la cultura micoquiense que fabricará elegantes instrumentos lanceolados.

La cultura clactoniense posee utensilios aún toscamente trabajados, pero de ella nacerán dos culturas diferentes, la tayaciense, y la levalloisiense, que se distingue por sus utensilios labrados por percusión de otras piedras. Esto implica el conocimiento de diferentes durezas. Ambas culturas son monofaciales. En su último estadio cultural, los instrumentos tendrán un uso específico: cortar, tallar, agujerear, etc.

En este momento aparece otro homínido, que es evolución directa del Homo erectus, es el Homo sápiens neandertal, que aparece en las primeras fases de la glaciación Wiurm, hace unos 120.000 años. Se extiende por Europa, Asia y África. Los últimos descubrimientos de las excavaciones de la sierra de Atapuerca modifican esta teoría. Según los científicos que trabajan en Atapuerca el neandertal evoluciona del Homo antecessor, una nueva especie Homo descubierta aquí. Del Homo antecesor evolucionaría también el cromañón. Neandertales y cromañones convivieron durante 10.000 años. Los neandertales eran una especie más robusta y fuerte, pero precisamente por eso con mayores demandas de consumo de energía. Los cromañones eran más débiles, pero empleaban su energía suplementaria en la creación de una sociedad compleja y una cultura, lo que, a la postre, le haría triunfar ante los neandertales en el mismo lecho ecológico.

El neandertal será el portador de la cultura musteriense. En el plano tecnológico no es más que un perfeccionamiento de los utensilios anteriores, con muchos instrumentos de uso específico; pero se acostumbran a cuidar el fuego, viven en cavernas y enterraban a sus muertos, lo que supone una nueva concepción espiritual, que les llevará al concepto de dios.

En el año 2004 se descubrió el Homo floresiensis, en la isla indonesia de Las Flores; una especie humana de reducido tamaño, que vivió, al menos, hasta hace unos 18.000 años, y que, por lo tanto es contemporáneo al hombre moderno. Hasta entonces pensábamos que la única especie humana que había coincidido con nosotros era el hombre de neandertal, extinguido hace unos 30.000 años.

El hombre de neandertal se extinguió durante la glaciación Wiurm, pero otra raza había surgido mientras, descendiente de la misma rama (el Homo antecessor) y contemporáneas, el Homo sápiens-sápiens, que recogerá toda la herencia cultural anterior. Este es el ser humano actual. Los primeros Homo sápiens-sápiens conocidos son los de cromañón del que descienden todas las razas modernas de ser humano. Estos serán los que conquisten todas las tierras habitadas, incluso América.

El Homo antecessor de Atapuerca

Los fósiles humanos de la sima de los Huesos presentan una serie de rasgos que comparten exclusivamente con los neandertales, lo que los relaciona con ellos. Ahora sabemos por ejemplo, que varias de las llamadas especializaciones esqueléticas de los neandertales estaban ya presentes desde hacía mucho tiempo en sus antepasados europeos del Pleistoceno medio. En otra serie de rasgos, los homínidos de la sima de los Huesos presentan la misma morfología que los homínidos africanos más primitivos. Todo ello nos permite asegurar que los seres humanos de la sima de los Huesos y sus contemporáneos europeos del Pleistoceno medio eran los antepasados de los neandertales, que vivieron durante el Pleistoceno superior. Ambos tipos humanos formaban parte de una misma línea evolutiva, continua y exclusiva del continente europeo. A pesar de ello, las diferencias entre ambas formas son suficientes como para darle a cada una un nombre específico distinto: Homo heidelbergensis para los seres humanos del Pleistoceno medio europeo y Homo neandertalensis para los neandertales del Pleistoceno superior.

Por otro lado, los fósiles de la sima de los Huesos comparten ciertos rasgos craneales tanto con los neandertales como con el ser humano moderno, pero que están ausentes en el Homo erectus asiático, lo que refuerza la hipótesis según la cual los neandertales y el ser humano moderno tuvieron, en tiempos remotos, un antepasado común. Pero, ¿quién fue ese antepasado común? La respuesta está en los fósiles humanos de la Gran dolina. Estos fósiles presentan una combinación de rasgos que han permitido atribuirlo a una nueva especie humana, el Homo antecessor. Entre otras cosas, la morfología facial de Homo antecessor de hace 800.000 años es como la de Homo sápiens, que aparece tan solo hace 200.000. La nueva especie Homo antecessor podría constituir el último antepasado común entre neandertales y humanos modernos.

Los descubrimientos en el yacimiento de Atapuerca pueden modificar de manera importante la cronología de la Prehistoria en Europa.

Las culturas sápiens-sápiens

La cultura más antigua creada por el Homo sápiens-sápiens es la perigordiense, heredera directa de la musteriense. Es notable tanto por la elegancia como por la especialización de los utensilios.

Contemporánea a la perigordiense es la auriñaciense, algo más compleja. Es originaria del Asia suroccidental y se extiende desde Afganistán hasta el Atlántico. Se continúa viviendo en cuevas, pero sus utensilios demuestran una industria lítica mucho más avanzada, ya que están retocados en las esquinas y afilados con regularidad. Sus formas son muy variadas, y aparecen lanzas y flechas con puntas de hueso. La cultura auriñaciense es la primera en la que está atestiguado el arte. Los primeros restos son huellas de las manos en negativo (pintando la roca de alrededor). Luego aparecieron las figuras, al principio esquemáticas y luego más realistas. Por fin surgen las primeras esculturas, en marfil, piedra, arcilla, etc. Aparecen y se generalizan los adornos de uso personal, como collares. En la decoración predominan los idolillos, símbolo de la fertilidad, la decoración geométrica, etc. Todo ello supone una preocupación por la espiritualidad, y por comunicar ideas y dejarlas plasmadas. Existe una espiritualidad mágica que identifica los pensamientos con los hechos, una espiritualidad animista.

La cultura gravetiense

En las llanuras de Europa central y Rusia meridional se individualizó la cultura gravetiense, debido a las peculiares condiciones naturales. La ausencia de cavernas les obligó a construir viviendas artificiales, hechas con palos, tierra y pieles. También eran de piel sus vestidos, que estaban trabajados con instrumentos de hueso o de marfil. Dentro de cada vivienda había un hogar.

Eran cazadores, preferiblemente de mamut. El mamut es una presa grande que es necesario cazar en grupo, lo que implica una sociedad organizada, y puede que jerarquizada. Esta hipótesis se ve apoyada por la existencia de comercio con otros países.

La cultura solutrense

La cultura solutrense es también una derivación de la achelense, que invadió las regiones de la gravetiense.

Esta cultura se caracteriza por sus bastones agujereados (bastones de mando), las primeras agujas de hueso con ojo, y sus utensilios con forma de laurel o de sauce.

La cultura magdaleniense

La cultura magdaleniense tuvo su centro en Francia suroccidental, y la Cordillera Cantábrica, pero se difundió hasta Levante y Andalucía y hasta Polonia. Duró hasta el 9000 a.C. y fue la edad de oro de la Prehistoria.

En su vida cotidiana se multiplicaron las comodidades: se iluminaron las cavernas con grasas animales, se hacían acopios de carne ahumada y seca, hacían hervir el agua echando dentro piedras calientes, los vestidos se cosían con agujas de hueso, etc. Los instrumentos de hueso sustituyeron, en parte, a los de piedra, ya que eran más finos y prefectos. Incluso se comerció con ellos. También fueron abundantísimos los adornos personales, tanto que debió haber personas dedicadas a ello, lo que supone una sociedad organizada. La cultura magdaleniense sepultó a sus muertos bajo el hogar, con todos sus adornos.

Es de destacar la perfección que alcanzó su pintura, aunque su evolución fue lenta, llegaron hasta la tentativa de reproducir el pelo y las sombras de los animales, como en las cuevas de Altamira, Lascaux y Font de Gaume. Este arte tendrá una finalidad mágica, ya que aparecen más veces pintados los animales más difíciles de cazar.

Pero la sociedad magdaleniense basaba su economía en la caza, por lo que su prosperidad dependía de las condiciones naturales. A finales del Pleistoceno, la etapa interglacial se hizo más intensa, apareció el clima mediterráneo, los grandes herbívoros emigraron hacia el norte, y los pueblos se convirtieron en nómadas.

El Mesolítico

La transición del Paleolítico al Neolítico fue un proceso más o menos lento y con etapas intermedias. No es posible que un cambio tan radical sea repentino. Fue en 1887 cuando se descubrieron, en las cuevas de Mas d’Azil, pruebas de la existencia de culturas mixtas. Este periodo mesolítico comenzó hace unos 10000 años en el cercano oriente y hace unos 8000 en Europa.

Los motivos de este cambio tan trascendental son confusos, pero en su raíz está el cambio climático producido durante el período interglacial y el neotérmico. El Holoceno comenzará con el fin de la glaciación Wiurm. Las nuevas condiciones climáticas no es que fuesen catastróficas, además fueron lo suficientemente lentas como para permitir la adaptación ecológica, pero los cambios en la naturaleza implicaron transformaciones radicales en las formas de vida y en la base económica. Había que inventar nuevas formas de conseguir alimentos.

En Europa occidental las regiones libres de hielos se fueron templando, y los bosques atlánticos comenzaron a dominar el paisaje. Los animales dominantes eran mucho más pequeños y los cazadores debían cazar más. Los pueblos se hacen nómadas estacionales, ya que van siguiendo a las manadas de animales. Se conocen culturas como la hamburguense, la aziliense, la montmorenciense o la tardenoisiense, que viven en los bosques siguiendo animales y recolectando frutos. Pero a finales del Mesolítico algunos de ellos cuidan las manadas, sobre todo de ovejas y cabras.

El utillaje de estas culturas es de pequeño tamaño, necesario para transportarlos en una vida nómada. El arte está casi totalmente ausente. Pero gracias al nomadismo se difundieron por Europa los avances de Oriente.

En la Europa septentrional los cambios climáticos estuvieron acompañados de movimientos epirogénicos, que permitieron la unión del continente con las islas británicas (hace unos 9000 años), pero hace unos 7000 años el aumento en el nivel de los mares las dejó nuevamente aisladas. Aquí se conoce la cultura maglemosense, que vivió en las orillas de los ríos, lagos y mares, y que basaron parte de su dieta en la pesca. Para pescar utilizaron anzuelos y arpones, pero también redes de mimbre. Además, se comenzó a comer marisco, accesible desde la costa, por lo que se acumularon conchas en las proximidades de los poblados.

El cambio de los animales supuso una transformación en la dieta, pero también en las técnicas de caza. Se inventó la flecha cónica y la azada de mano. La abundancia de bosque permitió construir cabañas y embarcaciones, como las canoas. Al construir sus poblados cerca del agua los levantaron sobre pilotes (palafitos) que al subir el nivel del agua quedaron inundados. También se conoce la cultura esteboelliense, algo más al sur y en contacto con las culturas neolíticas. Utilizaban cerámica, cuidaban ganado y cultivaban la tierra, por lo que se puede considerar una cultura neolítica.

El cambio más drástico ocurrió en el norte de África, cuyo clima pasó a ser árido. Quizá este sea el motivo por el que aparecieron aquí las culturas neolíticas. Pero existieron culturas intermedias como la capsiense. La sequía del clima hizo convivir a los animales y al ser humano en un espacio muy reducido, en torno a los oasis. Las culturas natufense y de Karim Sahir seguían viviendo en cuevas, pero construyeron muros alrededor de ellas, lo que significa que se hicieron sedentarios. No existen pruebas de que conociesen la ganadería, pero tenían a mano manadas de bovino y ovino que protegían de los depredadores. Estos serán, posteriormente, los primeros animales domésticos. Tampoco hay constancia de que conociesen la agricultura, pero sí debían recolectar los cereales que de manera abundante crecían naturalmente en torno a los oasis. Ya estaban creadas las condiciones necesarias para dar el salto al Neolítico.

El proceso de transición al Neolítico fue complejo, y necesitó de una sociedad más organizada, e incluso jerarquizada, pero con una fuerte implantación de los recursos comunes. El nomadismo suponía que la densidad de población fuese muy baja.

El dominio de la agricultura dará al ser humano la posibilidad de transformar el paisaje radicalmente, y hacerlo más confortable. Pero esta no es labor de individuos sino de sociedades organizadas. Esto supone la existencia de un sistema social y jurídico estable, y decidido a transformar el medio, ordenando el esfuerzo y que permitiese la especialización del trabajo, y nuevas formas de organización. Esta sociedad necesitó de personas con capacidad para organizar el trabajo e inventar soluciones a los problemas vitales. Puede que estas personas se convirtiesen en jefes y luego fuesen mitificados, creando las religiones no mágicas. La división del trabajo fue necesaria para el buen funcionamiento de las tareas agrícolas. Este modelo tuvo una rápida difusión ya que todos los pueblos se enfrentaban a problemas similares, y pronto aparecerían las primeras culturas urbanas de Egipto y Mesopotamia, en las que también surgió en concepto de propiedad privada.

Para las tareas agrícolas el primer sistema utilizado fue el de roza y fuego, lo que hizo a las sociedades agrícolas seminómadas, ya que las tierras se agotaban rápidamente y era necesario dejarlas en barbecho durante mucho tiempo. Sin embargo, la gran cantidad de tareas agrícolas no permitía, todavía, que hubiese personas que no se dedicasen a ellas. Las tareas tendían a hacerse en común. El aumento de la productividad de la tierra gracias a los avances del Neolítico, y al incremento de población, permitió liberar de tales tareas a parte de la sociedad, que se dedicó al comercio, a la defensa, y a la organización de la sociedad. Esto posibilitó la aparición de las ciudades como modelo de convivencia y organización social.

¿Qué es el progreso?

El progreso es un concepto subjetivo, que se debate entre la consecución de conquistas materiales y las conquistas espirituales. Muchos antirracistas convencidos no dudan en atribuir a la cultura científica y tecnológica nacida en la Europa occidental un rango de cultura superior. Pero, ¿en esto se basa el Progreso?

Por inercia tendemos a identificar cultura y progreso, pero la relación entre ambos conceptos es más compleja de lo que pudiera parecer. Todo depende de lo que entendamos por progreso. Para Voltaire (y luego la escuela neopositivista) el progreso de la humanidad era unilateral y acumulativo por lo que todas las culturas debían alcanzar los mismos niveles de progreso, y la sociedad que más había progresado era la Europea. Rousseau (y la escuela de Fráncfort más tarde), sin embargo, opinaba que la civilización y el progreso habían alejado al ser humano de su naturaleza, por lo que no creía que la ciencia y la técnica fuesen un verdadero progreso.

No hay que confundir progreso con evolución biológica, ni esta con evolución social. El problema del progreso es determinar qué criterios hay que aplicar, y si estos criterios pueden ser absolutos, ya que cuando una sociedad opta por una determinada línea de progreso abandona otras.

Para medir el grado de progreso, Leslie White propuso medir el consumo de energía por habitante y año, ya que el consumo de energía revela el grado de independencia del medio. Esto encaja con el ideal de progreso científico y técnico del modelo occidental y permite señalar a la sociedad estadounidense como la más desarrollada. No obstante, las nuevas tecnologías de bajo consumo han echado por tierra esta propuesta. Pero, ¿porqué no han de ser progreso los valores espirituales que tanto se cultivan en otras culturas, máxime cuando son capaces de obtener del medio todo lo que necesitan para su subsistencia, y su permanencia, ya que estas culturas son capaces de explotar el medio sin esquilmarlo? Sin embargo, casi no nos podemos sustraer al vicio del etnocentrismo, y considerar a la propia como la cultura superior.

El relativismo cultural nos enseña que ningún criterio permite juzgar en absoluto una cultura como superior a otra.

Sin embargo, no tendría sentido negar la evolución, y el progreso, de la humanidad sobre la Tierra. Pero este progreso es discontinuo. Para Lévy-Strauss, el progreso no es ni necesario ni continuo, sino que evoluciona a saltos cuando se produce un cambio de orientación en los objetivos de la sociedad. Pero, además, el progreso no ha sido impulsado nunca por una sola cultura, sino que ha surgido de la cooperación de varias, ya que en el contacto se crean preguntas nuevas y respuestas originales, que constituyen el progreso.

El materialismo cultural es una estrategia eficaz para intentar comprender las causas de las diferencias y semejanzas entre sociedades y culturas. Se basa en que la vida social humana es una reacción frente a los problemas prácticos de la vida terrenal. Para ello utiliza el método científico de investigación, alejado del determinismo; sin embargo, sus conclusiones no dejan de ser relativas. No cabe duda que el progreso del ser humano sobre la Tierra se debe a las respuestas que se han ido dando a los problemas a lo largo de la historia, así como a la posibilidad de comunicarlos a los demás e ir acumulando las experiencias.

Bibliografía

Equipo Redacción PAL: «Prehistoria e historia del Próximo Oriente». Bolsillo mensajero. Bilbao 1986
Grahame Clark: «La Prehistoria». Alianza. Madrid 1981
Marvin Harris: «El materialismo cultural». Alianza. Madrid 1982
Claude Lévy-Strauss: «Raza y cultura». Alianza. Madrid 1993
Página de Internet de Atapuerca de diciembre de 1997

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