Aarón Nímzovitch

Aarón Isaiévitch Nímzovitch nació en Riga (Letonia) 6 de noviembre de 1886 y murió en Copenhague en diciembre el 16 de marzo de 1935. Su padre era un mercader y un hombre de cultura muy considerable, amante de las artes, poeta y un excelente ajedrecista. Le enseñó a jugar ajedrez a la edad de 8 años. Riga era conocida por su amor al juego y su hospitalidad con cualquier maestro de ajedrez que estuviera de paso por la ciudad. Riga tenía una reputación por la composición de finales y su progreso en el juego por correspondencia.

Nímzovitch tenía 17 años cuando comenzó a tomar interés seriamente en el juego. Al principio, su estilo era puramente romántico, algo típico de un adolescente. Las teorías de Steinitz eran aún extrañas para la mayoría de los jugadores y el juego brillante de sacrificio de Morphy, Anderssen aún tenía muchos partidarios. Los libros de ajedrez eran pocos y escasos. Chigorín era todavía el ídolo de los jugadores rusos, pero era un rebelde que amaba el ajedrez de los buenos viejos tiempos.

Cuando su padre le mandó a Alemania para sus estudios universitarios tuvo contacto con un gran número de jugadores y la oportunidad de participar en torneos con maestros. En 1904 participó en el torneo de Coburg. Tuvo su primera oportunidad de observar a algunos de los inmortales en acción: Schlechter, Maroczy, Chigorín, Marshall y Janovsky. Nímzovitch pudo jugar con otros jóvenes que, tiempo después, serían grandes ajedrecistas: Spielmann, Vídmar, Duras, Tartákover, Rúbinstein y muchos más.

En sus primeros torneos Nímzovitch no fue muy brillante. Aunque su dotes para el juego eran evidentes. Nímzovitch se dio cuenta de que la carencia de orientación posicional era su defecto más grande. Tomó la determinación trabajar para paliar su debilidad.

En el año de 1906 Nímzovitch convirtió en un maestro de primera clase, al quedar primero en el torneo en Munich, por delante de Spielmann. En 1907 pudo demostrar todo su genio en el torneo de Ostende, donde empató en el tercero y cuarto lugar con Mieses y a solo medio punto detrás de los ganadores Rúbinstein y Bernstein. Ese mismo año, jugando en un evento aún más fuerte en Carlsbad, donde empató por el cuarto y quinto lugar con Schlechter.

En 1910, en Hamburgo, Nímzovitch quedó en el tercer puesto. En siguiente año en San Sebastián (en el mismo torneo en el que Capablanca hizo su sensacional debut), Nímzovitch empató en el quinto, sexto y séptimo con los veteranos Schlechter y Tarrasch. En el gran torneo de Carlsbad de ese mismo año, empató por el quinto y sexto premio con Marshall. En 1912, en San Sebastián, empató con Spielmann por el segundo lugar a solo un punto detrás de Rúbinstein. El resultado de torneo se decidió en una partida en la última ronda entre Rúbinstein y Nímzovitch. Ambos jugadores estaban tan nerviosos que primero Nímzovitch y después Rúbinstein, ¡no vieron un mate en dos jugadas!.

En 1913 Nímzovitch publicó varios artículos de su «Sistema» y desató un fuerte ataque en el «Modernismo» de Tarrasch. Pero los puntos de vista de Nímzovitch causaron poca impresión. Hubo quien se burlaba de é diciendo que había inventado un sistema con el fin de ocultar su ignorancia de la teoría de ajedrez. No obstante, jugadores de la talla de Aliojin, Reti y Tartákover estaban haciendo de sus ideas su fuerte.

El rotundo fracaso de Nímzovitch en el gran torneo de San Petersburgo de 1914, fue un duro golpe para el. La primera guerra mundial supuso un alto a las actividades ajedrecísticas de las que Nímzovitch no escapó. En 1920 se insatala en Copenhague. Nímzovitch jugó gran cantidad de torneos en los países Escandinavos y, sin lugar a dudas, contribuyó substancialmente al desarrollo de una escuela de grandes maestros en Suiza. Desde 1920 hasta 1924 Nímzovitch a jugar en gran forma.

Nímzovitch fue uno de los jugadores más fuertes de su época, pero tuvo la desgracia de que su época fue la de Lasker, Capablanca y Aliojin. Hoy es universalmente conocido por su labor divulgativa. Es, sin duda, uno de los pensadores más profundos de la historia del ajedrez. Está considerado como uno de los padres de la escuela Hipermoderna. Su libro capital «Mi sistema» aún es un libro referencia par todo ajedrecista de peso.

Nímzovitch cuestionó con vehemencia alguno de los principios de Steinitz, y sus aportaciones forma, hoy, parte del conocimiento ajedrecístico de todo jugador. Sus polémica son Tarrasch, a quien llegó a llamar ignorante, y con Alapín, fueron terribles. Expuso sus ideas en tres libros básicos: «El bloqueo», «Mi sistema» y «Práctica de mi sistema». En ellos aparecen gran cantidad de términos que si bien muchos se han olvidado otros tienen plena vigencia, como los peones colgantes, la profilaxis, etc., y su famosa máxima «la amenaza es más fuerte que la ejecución».

Una anécdota ilustra tanto los recursos psicológicos de Lasker como el carácter de Nímzovitch. Cuentan que en cierta partida con Lasker, gran fumador de puros, Nímzovitch le pidió que no fumara, a lo que Lasker accedió. A media partida Lasker sacó un gran puro y se puso a juguetear con él. —Me prometió que no iba a fumar— dijo Nímzovitch; —no estoy fumando— respondió Lasker, —pero tiene el cigarro en la mano y me pone nervioso— contestó Nímzovitch, —ya ve usted maestro, vale más la amenaza que la ejecución— afirmó Lasker.

Nímzovitch sostuvo que el dominio del centro no debía reducirse a ocuparlo con peones, sino que se podía dominar con la acción de las piezas. Esta idea es básica para el nacimiento de la escuela Hipermoderna. Revisó las posibilidades de las posiciones restringidas, que no son tan malas como algunos pretenden, e hizo del bloqueo un elemento imprescindible de la estrategia moderna. Narcisista incorregible quien lea sus libros puede tener la sensación de que él inventó el ajedrez, aunque muchas de sus ideas pertenecen a la escuela Moderna. Si bien es cierto que con un sentido renovado. El ajedrez actual debe a Nímzovitch más ideas que a ningún otro ajedrecista, excepto Steinitz.

Tras la presentación de su libro todos los grandes maestros que lograron sobre salir a partir de 1925, sin excepción, mostraba trazas definitivas de la influencia de Nímzovitch. Sus teorías y sus innovaciones se combinaban para crear nuevas posibilidades para el juego. Sus novedosas líneas de juego en la defensa Nimzoindia, ataque Francés, defensa Siciliana, defensa Caro-Kann, defensa Nímzovitch, ataque Nímzovitch, etc., han enriquecido el juego de los últimos veinte años.

Hoy sabemos que Nímzovitch rescató al ajedrez del peligro de perecer bajo la influencia «científica» de la escuela Moderna. El juego de Nímzovitch causó sensación en su época, porque jugaba, aparentemente, contradiciendo sus propios principios, y sin embargo ganaba, debido a la profundidad de sus concepciones estratégicas. No obstante, al final la frescura de sus ideas se convirtieron para él en dogmatismo, lo que le valió numerosos disgustos.

Como jugador obtuvo victorias importantes, como la de los torneos de Marienbad 1925, Dresde 1926, Niendorf y Londres 1927, Berlín 1928, Carlsbad 1929 y Fráncfort 1930.

Nímzovitch fue un hombre neurótico y agrio, con una carácter inestable. Solterón, misántropo y neurótico, las anécdotas sobre sus salidas de tono son innumerables, lo que le valió numerosas antipatías. En ocasiones se ponía a hacer ejercicio físico al lado del tablero. En una ocasión, tras perder una partida, tiró violentamente las piezas y exclamó «¡pero cómo puedo perder yo con este palurdo!». En el torneo de San Sebastián de 1911 se opuso, junto con Bernstein, a que Capablanca jugase el torneo, con el argumento de que no tenía currículum suficiente.

La muerte de Nímzovitch, como su vida, estuvo llena de trágica ironía. Murió durante el torneo de Moscú, en donde jugaban muchos de sus discípulos de todas partes del mundo. Al fin era reconocido.

Frases célebres que se le atribuyen

  • «La amenaza es más fuerte que su ejecución».
  • «El peón es el contrapeso táctico de toda la partida».
  • «Una posición aplastante en el centro da derecho a atacar en un ala».
  • «El peón pasado tiene alma, como el hombre, deseos que yacen en él inexpresados y temores cuya existencia apenas él mismo barrunta».
  • «Las piezas que permanecen largo tiempo en reclusión, cuando ganan la libertad pueden adquirir una fuerza inmensa».
  • «Los peones pasados, son candidatos naturales a su promoción, y es preciso trabajar en su favor facilitando sus progresos, mientras que el adversario debe considerar a tales peones como criminales peligrosos y ejercer sobre ellos un estrecho control».
  • «Le invito a no meterse donde no le llaman». (Se refería a Capablanca cuando intervino en los análisis en una partida de Nímzovitch en el Torneo de San Sebastián en 1911).
  • «Odio las jugadas brutales prefiero las jugadas sutiles».
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