Identificación de proposiciones y argumentos

Un momento, antes de empezar con el análisis lógico necesitamos saber extraer de un texto expresado en lenguaje natural las proposiciones, con las que operaríamos. ¿Cómo se hace eso?

En primer lugar hay que decir que no todos los textos son susceptibles de análisis lógico, bien porque expresen una cuestión de la que no sea posible establecer que es verdadera o falsa, más allá del testimonio del que la expresa, o bien por que tan solo exponga una premisa, en cuyo caso es una opinión sin fundamento. Por desgracia es muy frecuente en los medios de comunicación de masas querer hacer pasar por análisis alguno de estos dos casos. Para que sea posible hacer un análisis lógico, para que sea posible un argumento, debe de haber, por lo menos dos proposiciones de las que podamos decir que son verdaderas o falsas.

Pero empecemos por establecer qué no es un argumento. Una advertencia no es un argumento. Por ejemplo: «¡Cuidado con el perro!», o «si bebes no conduzcas», o «vamos a llegar tarde». Aunque en algunos casos podemos suponer que están implícitas circunstancias que el interlocutor conoce en sí mismas no hay premisas, ni razonamiento, ni conclusión, tan solo una orden, una recomendación, una apelación, de la que no se deriva ningún análisis lógico posible.

Un enunciado, como el enunciado de una creencia o una opinión, tampoco es un argumento. Por ejemplo: «Estamos gobernados por un grupo masón secreto llamado los Iluminati», «la gestión privada de los servicios siempre es mejor que la gestión pública», «las estelas que aparecen tras los aviones significan que nos están fumigando», «no hay más dios que Alá y Mahoma es su profeta». La exposición de una creencia o una opinión parece la conclusión de un razonamiento, pero en realidad no hay nada que nos permita afirmar que lo dicho es verdadero o falso, puede que exista, pero así expresado no es susceptible de análisis lógico. En estos caso lo normal es preguntar por cuáles son los argumentos que llevan a hacer tal afirmación, y en caso de no proporcionarlos tratar la afirmación como si fuera falsa.

Los enunciados condicionales tampoco son un argumento. Los enunciados condicionales son aquellos que tiene la estructura: «si… entonces…», pero les falta la conclusión para llegar a ser un argumento completo, y además no sabemos si la condición se da o no se da. Por ejemplo: «Si aumenta el CO2 en la atmósfera la temperatura media de la Tierra se elevará», «Si no aumenta la tasa de nacimientos no habrá quien pague las pensiones». Así solo no dejan, en el fondo, de ser el enunciado de una opinión o una creencia.

La exposición de los hechos tampoco es un argumento. Por ejemplo: «El partido a terminado 1-0», «hoy hemos alcanzado los 30 ºC en la ciudad», «el gobierno ha subido los impuestos un 3 %». En estos casos no hay intención de demostrar nada, no se ponen en relación unos hechos con otros, simplemente se informa de algo que es verdadero o falso. No obstante, sí nos sirven para determinar si las proposiciones son verdaderas o falsas.

Las afirmaciones relacionadas por los pelos tampoco son un argumento. Por ejemplo: «Las autoridades promocionan el fútbol porque así nos olvidamos de la crisis económica», «El ascenso del partido X se debe a que le dice a la gente lo que quiere oír, pero sus propuestas nos llevaría a la ruina». Afirmaciones como estas tienen apariencia de razonamiento, pero en realidad son dos opiniones independientes que están vagamente relacionadas, y que no es posible inferir una de otra. En el primer caso la gente se puede ocupar del fútbol y de la crisis económica al mismo tiempo, una cosa no quita la otra, en el segundo supone que lo que quiere oír la gente son propuestas que nos llevarían a la ruina, pero puede que quieran oír propuestas que nos saquen de ella, de una cosa no se deduce la otra.

Enriquecer una exposición de creencias, opiniones o hechos con ejemplos, comparaciones, metáforas y demás figuras literarias que ayudan a entender una idea, tampoco es un argumento. Por ejemplo: «Me gusta la buena música, como la de Beethoven, Mozart y Bach», «el espacio-tiempo está arrugado como una tela sobre la que ponemos canicas de diferentes tamaños». Todos esto ilustra la exposición, pero no ofrece información adicional que nos permita establecer la verdad o falsedad de algo, ni nos permite deducir nada a partir solo de ello. Hay que tener mucho cuidado con estas ilustraciones, porque es cierto que ayudan a entender el concepto básico, pero se corre el riesgo de que si no se entiende de verdad el concepto básico la gente empiece a intentar razonar en función de las ilustraciones, llegando a cometer graves errores de juicio.

Una explicación tampoco es un argumento, aunque enriquece la afirmación. Por ejemplo: «Si gana el partido X nos llevarán al desastre, porque no tienen experiencia de gobierno», «Si se suben los impuestos la economía se ralentizará, porque la gente tendrá menos dinero para gastar». Las explicaciones pueden parecernos muy lógicas, y hasta una razón de porqué la afirmación es verdadera o falsa, pero no es una deducción, no se infiere una cosa de otra, no hay un razonamiento.

Entonces ¿qué sí es un argumento? Para tener un argumento necesitamos al menos dos premisas y un razonamiento que nos lleve a una conclusión, que nos de información nueva lógicamente deducida a partir de la información que tenemos.

Hasta aquí ¿lo que ha leído en este texto es un argumento? ¿es un texto argumentativo? Lo cierto es que no, en realidad todo el texto es una enumeración de los hechos, de qué no se considera un argumento, y hemos dicho que la exposición de los hechos no es un argumento, luego el texto no es argumentativo. Además cada párrafo consta de un enunciado, que hemos dicho que no es un argumento, un ejemplo, que tampoco es un argumento, y una explicación, que tampoco es un argumento. Ejemplos y explicaciones enriquecen el enunciado, y nos ayuda a entenderlo y a determinar si puede ser verdadero o falso, pero no nos dan información nueva, luego los párrafos no son argumentativos.

¿Y ahora es un texto argumentativo? Lo cierto es que sí, porque en el párrafo anterior hemos hecho un razonamiento y hemos obtenido información nueva: que el texto cumple las condiciones para no ser un argumento, y hemos deducido que no es un texto argumentativo.

Y el párrafo anterior, ¿es un argumento?

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