Andre Kertesz

Engañosamente simples, limpias, Andre Kertesz (1894 – 1985): «Yo interpreto mis sensaciones en un instante determinado. No lo que veo, sino lo que siento», pero, en contra de esa declaración sus fotografías tienen un gran artificio, un gran trabajo de composición para que todo el trabajo quede oculto, y la imagen sera simple, limpia, directa.

Andre Kertesz, Andor en su húngaro natal, comenzó a trabajar como corredor de bolsa, pero él se sentía atraído por las fotos de las revistas. En cuanto tuvo algo de dinero se compró una cámara y comenzó a fotografiar a las gentes de su entorno: campesinos, gitanos y los paisajes de la gran llanura húngara.

Durante la Primera Guerra Mundial fue reclutado en las filas del ejército austrohúngaro, y tomo fotos de la vida en las trincheras. Fotos, lamentablemente, perdidas en buena medida. Sería tras la guerra cuando comenzara a publicar sus fotos, en la revista Érdekes Újság. Para entonces ya tenía un estilo propio, no obstante siguió trabajando como corredor de bolsa, se casó e hizo de sus esposa una de sus principales modelos.

A principios de la década de 1920 abandona su trabajo como corredor de bolsa y se dedica a la agricultura y la apicultura, pero fracasa en esa aventura debido al desorden político y social de su país.

En 1925 Kertesz emigra a París, decidido a convertirse en fotógrafo. Allí no solo se encontró con la vanguardia artística del momentos, si no que muchos de sus principales representantes era, como él emigrantes del Imperio austrohúngaro: François Kollar, Robert Capa, Emeric Feher, Brassaí, Man Ray, Germaine Krull, etc. En París a Kertesz lo sonrió el éxito, tanto comercial como artístico, y recibió encargos de las principales revistas europeas. En París Kertesz cambió su nombre por el de André, que usaría en adelante.

En el París de las décadas de 1920 y 1930 triunfaba el dadaísmo entre los fotógrafos, al que no será ajeno. También retrató a los grandes pintores de la época: Piet Mondrian, Marc Chagall, la escritora Colette, el cineasta Sergéi Eisenstein, etc.

En 1933 le encargarán una de sus series más famosas: «Distorsiones», 200 fotografías de dos modelos desnudos (un hombre y una mujer) frente a varios espejos cóncavos y convexos. Algunas de estas fotos se publicaron en la revista Le Sourire y en la revista Arts Et Métiers Graphiques, aunque aparecerán todas en un libro.

En la década de 1930 empezó a despuntar en Alemania la barbarie nazi, y Kertesz comenzó a hacer fotografía políticamente comprometidas, espoleado por su condición de judío, pero no eran ese tipo de fotografía las que publicaban las revistas para las que trabajaba. La amenaza nazi se extiende por toda Europa, y en 1936 emigra a Estados Unidos, y se instala en Nueva York.

Al principo Nueva York fue para Kertesz una cuidad hostil, ya que no conocía el mundo artístico, no tenía un nombre que le abriese las puertas y, para colomo, le costaba mucho hablar inglés. No obstante, poco a poco va trabajando para diversas revistas estadounidenses: Harper’s Bazaar, Look, Life, Coronet, Vogue e hizo fotos publicitarias, pero con muchos problemas y poco éxito.

Para colmo de desgracias en 1941, por su condición de ciudadanos húngaros, es decir aliados de Hitler, fueron declarados enemigos extranjeros y no se le permitió fotografiar exteriores ni nada relacionado con la seguridad nacional. Kertesz abandonó la fotografía durante tres años. No obstante, obtuvo la ciudadanía estadounidense en 1944 y volvería a trabajar como fotógrafo.

En 1945 publica el libro «Day of Paris», con el que obtuvo un gran éxito, y fue contratado por House & Garden. Los temas eran limitados pero eso le primitió vivir de la fotografía, viajar, y conocer a los famosos de la época. Trabajaría para ellos hasta 1962, pero no se trata de una revista que dé prestigio, y aunque apreciado no se le considerará uno de los grandes fotógrafos estadounidenses del momento.

Tras romper con House & Garden, y ya con mejores contactos, Kertesz comenzará su carrera internacional, y sus fotografías serán reconocidas en todo el mundo. En 1964 monta una exposición individual en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, que supondrá su consagración como artista, pero los reconocimientos no le llegarían hasta la década de 1980. Siempre se quejaría de la falta de ellos, y su obra se apreciaría, realmente, después de su muerte.

¿Y por qué esa falta de reconocimiento? Bueno, por un lado está la evidente falta de sintonía con el mundillo artístico de Estados Unidos, la barrera del idioma siempre fue un hándicap para Kertesz, pero es que, con frecuencia sus fotos son tan engañosamente simples que se tomaban por eso. Durante los primeros años sus trabajos no fueron apreciados debido a sus ángulos poco ortodoxos y a su deseo de conservar un estilo fotográfico personal. Kertesz hace grandes contribuciones a la composición fotográfica, y también por establecer y desarrollar el ensayo fotográfico.

Fuentes:

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