Kárpov contra Kaspárov: El duelo sin fin

La historia del ajedrez está llena de duelos feroces que transcienden los tableros y emocionan tanto o más al común de la gente que a los ajedrecistas. Como siempre ha sucedido en estos casos, no sólo se enfrentan dos formas de entender el ajedrez, o dos personalidades, sino dos modos de entender la vida, que suele coincidir con dos modelos enfrentados de sociedad. Recodemos el duelo entre La Bourdonnais y Mac Donnell, entre la Francia revolucionaria y la Inglaterra imperial; o el de Capablanca y Aliojin, entre una América en crecimiento económico y la Europa totalitaria; o el de Fischer y Spassky, en plena guerra fría. Pero ninguno de estos enfrentamientos fue tan enconado, ni tan fructífero, ni duró tanto tiempo como el que tuvieron Kárpov y Kaspárov. Durante diez años (1985-1995) su nivel de ajedrez estuvo tan por encima del del resto de jugadores que nadie podía acercárseles.

El duelo entre Kaspárov y Kárpov no sólo se reflejó en los tableros. Cada uno era símbolo de una manera de entender la vida y el mundo. Kárpov era el símbolo del ideal soviético: comunista, miembro del parlamento soviético y presidente del Fondo Soviético para la Paz; mientras que Kaspárov era el «Hijo del cambio», que habría de transformar (con Gorbachov y Yeltsin) la sociedad soviética hasta hacerla desaparecer. Llegó a fundar un partido político, el Partido Demócrata de Rusia, próximo a las tesis de Yeltsin. Aunque una vez caída la URSS Kárpov se reveló como un hombre más tolerante y solidario, mientras que Kaspárov caía en el egoísmo del lucro personal. Se enfrentó a la FIDE para defender los intereses del campeón del mundo y los grandes maestros, hasta provocar un cisma en el ajedrez mundial. Su carácter hosco le a granjeado muchas antipatías.

El escándalo de un mundial interrumpido

El primer mundial enfrentó a un Kaspárov muy joven (21 años) con un Kárpov muy experimentado, que ya había sufrido las extremas tensiones del mundial, y de los duelos enconados, contra un Korchnoi rebelde. El primer encuentro por el título mundial entre estos jugadores se había pactado a seis victorias, y las tablas no contaban. Comenzó el 10 de septiembre de 1984 en Moscú. En nueve partidas Kárpov ganaba 4 a cero pero para sumar otro punto debió esperar hasta la partida 27. El marcador se puso cinco a cero. Cuando todos daban por terminado el encuentro comenzó una larga serie de tablas que exasperaban a Kárpov. Kárpov se propuso ganar la partida 31. Cuando tenía clara ventaja, en la jugada 28 (Dd3 en lugar de Dc4), hizo un movimiento pasivo que permitió a Kaspárov un fuerte contrajuego, con lo que logró empatar la partida. Si Kárpov hubiese ganado esta partida el encuentro habría terminado 6 a 0 y la historia del ajedrez hubiese sido otra.

Tras la partida 31 Kárpov se derrumbó psicológicamente y Kaspárov anotó su primera victoria en la partida 32. Siguieron 14 tablas consecutivas. Había comenzado el año 1985 y aquello no tenía visos de terminar nunca. Los corresponsales tenían que volver a sus países. El encuentro se transladó de la sala de columnas (Kolonnij Zal) de la Casa de los Sindicatos a una habitación interior. Kárpov estaba cada día más cansado, pero a un sólo punto de la victoria, mientras que Kaspárov se mantenía mucho más agresivo. Kaspárov anotó su segundo punto en la partida 47. Kárpov pidió uno de los descansos que le correspondían, pero perdió la partida 48. El marcador iba 5 a 3.

Ambos jugadores estaban jugando un ajedrez brillantemente, sin embargo tras 6 meses y 48 partidas, el 9 de febrero de 1985 se suspendió el encuentro, en realidad se anuló. Alegando cansancio por parte de los dos jugadores el Presidente de la Federación Mundial de Ajedrez, Florencio Campomanes, repentinamente canceló la contienda sin coronar a un ganador: «un match por el campeonato del mundo no puede convertirse en una carrera de resistencia», dijo. Esta decisión provocó una polémica que aún dura. Los contendientes querían seguir jugando. Kárpov estaba a un punto de ganar, y Kaspárov comenzaba a ganar partidas. Ambos confiaban en la victoria. Sin discutir lo injusto de esta medida, a la postre Kaspárov se hizo mucho más la víctima que Kárpov. La prensa occidental vio en la decisión todo tipo de presiones y contubernios por parte de las autoridades soviéticas.

El segundo asalto a la corona

El segundo encuentro por el título mundial se celebró, también, en Moscú. Comenzó el 3 de septiembre de 1985. Se jugaba al mejor de 24 partidas, pero quien consiguiese antes seis victorias se proclamaría campeón del mundo. En caso de empate el campeón conservaría la corona, y si perdía tendría derecho a una revancha en un plazo máximo de un año. Kárpov volvía a ser el favorito. Había ganado el torneo de Amsterdam. Todo el mundo recordaba el 4 a 0 del encuentro anterior, y consideraba que con un número limitado de partidas Kaspárov no podría hacer valer su resistencia. Sin embargo, Kaspárov había ganado en experiencia y pudo ganar la primera partida; la tercera victoria consecutiva ante Kárpov. Las dos siguientes partidas terminaron en tablas. En la cuarta Kárpov sacó lo mejor de sí mismo y ganó una emocionante partida. Hubiese sido la sexta victoria de no haber mediado la suspensión, lo que nos dejará siempre con la duda de si Kaspárov hubiese conseguido remontar aquel mundial. Kárpov también ganó la quinta partida de forma brillante. La sexta fue tablas, en la séptima Kaspárov encontró una difícil variante de tablas, y las tres siguientes también terminaron en tablas.

En la undécima partida Kárpov cometió un error y Kaspárov se adjudicó el punto. Las cuatro partidas siguientes terminaron en tablas. El marcador estaba empatado a 7,5 y pocos dudaban de que Kárpov conservaría el título, pero en la partida decimosexta Kaspárov ganó una de las partidas más emocionantes de la historia. Es el mejor Kaspárov. En la jugara 25, y con casi todas las piezas en el tablero, la posición de Kárpov es prácticamente de zug zwang. Este triunfo fue un duro golpe para Kárpov. Kaspárov se había convencido no ya de que podía ganar a Kárpov, sino de que jugaba mucho mejor al ajedrez. A falta de ocho partidas llevaba un punto de ventaja. Las partidas decimoséptima y decimoctava terminaron en tablas, y Kaspárov se adjudicó la decimonovena. La vigésima partida terminó en tablas tras una dura lucha, y tablas fue la siguiente.

En la vigesimosegunda partida Kárpov vuelve a ganar. Faltan dos partidas para el final y Kaspárov tiene un punto de ventaja. La vigesimotercera partida terminó en tablas, tras una dura lucha. Kárpov debía de ganar la última partida y jugaba con blancas. Kárpov escogió una variante muy agresiva de la siciliana, y evitó en todo momento las variantes de tablas. Al final terminó perdiendo esta partida. Kaspárov se había convertido en el campeón del mundo más joven de la historia.

La revancha

En las condiciones el encuentro anterior se estipulaba que si el campeón perdía tenía derecho a una revancha en un plazo máximo de un año. Kaspárov trató de eludir esa condición lanzando una campaña en la prensa, sobre todo occidental, por considerarlo un abuso. Sin embargo, la FIDE se mantuvo firme y los medios occidentales estaban ansiosos por ver otro emocionante encuentro entre estos dos titanes del ajedrez. También se jugaba al mejor de 24 partidas, pero quien consiguiese antes seis victorias se proclamaría campeón del mundo. Se eligieron dos sedes, Londres para jugar las doce primeras partidas y Leningrado (San Petersburgo) para las doce últimas. El encuentro comenzó el 28 de julio de 1986 con la presencia de Margaret Thatcher, a la sazón primera ministra del Reino Unido. La primera partida no tuvo mucha historia, terminó en tablas en 19 jugadas, pero Kaspárov usó, por primera vez, la defensa Grünfeld, que se convertiría en una de las más jugadas en el resto de sus enfrentamientos. La segunda partida terminó en tablas, pero la ventaja de Kaspárov era clara. Sin embargo, los apuros de tiempo le llevaron a cometer un error que le privó de la victoria. La tercera partida también fue tablas.

La cuarta partida fue una clara victoria de Kaspárov, que esta vez no tuvo los apuros de tiempo de la segunda partida. Los agoreros de turno predecían la rápida debacle de Kárpov, pero hubieron de callar la boca cuando arrasó a Kaspárov en la quinta partida. Siguieron dos tablas, y en la octava partida Kaspárov lanza un violento ataque en el que sacrificó hasta dos peones. Kárpov se defiende magistralmente y queda mejor, pero los apuros de tiempo le pasan factura, comete un error y ante los graves problemas que se le plantean se le cae la bandera. Las cuatro restantes partidas de Londres terminan en tablas.

Al llegar a Leningrado Kaspárov tenía un punto de ventaja. La decimotercera partida terminó en tablas, pero la decimocuarta se la adjudicó Kaspárov tras una emocionante partida en la que los apuros de tiempo volvieron a perjudicar a Kárpov. Kaspárov ya tenía dos puntos de ventaja. La decimoquinta partida fue tablas, y Kaspárov vuelve a ganar en la decimosexta. ¡Ya son tres puntos! Los aplausos para Kaspárov eran unánimes.

Cuando se especulaba si Kárpov querría seguir jugando, ganó la decimoséptima partida, y la decimoctava, aprovechando los apuros de tiempo de Kaspárov. Ante el asombro de todos la resistencia del excampeón era empecinada, y había reducido la ventaja a un solo punto. En la partida decimonovena Kaspárov vuelve a plantear la defensa Grünfeld, y Kárpov obtiene una sonada victoria: ¡empate a puntos!

En esta situación los nervios de Kaspárov estallaron. Comenzó a ver fantasmas y espías en todas partes. Impuso un régimen «militar» a sus analistas. Acusó a uno de ellos, Vladimírov, de vender sus análisis a Kárpov, por lo que le abandonó. Kaspárov estaba psicológicamente hundido. Pero en esta situación, incomprensiblemente, Kárpov pide el aplazamiento de la vigésima partida. Ese aplazamiento es un tiempo precioso para Kaspárov, que logra recuperarse del duro golpe. Quizá creía que la inactividad aumentaría la ansiedad de Kaspárov, y él lograría descansar.

Las dos partidas siguientes terminaron en tablas. A falta de tres partidas la necesidad de vencer comenzaba a pesar. En la vigesimosegunda partida Kárpov se lanzó al ataque, pero Kaspárov se defendió de manera magistral y se adjudicó el punto. Quedaban dos partidas y Kárpov debía ganar las dos si quería recuperar el título. Visto lo visto, nadie se atrevía a hacer pronósticos. La vigesimotercera partida termino en unas disputadas tablas, y también la vigesimocuarta, que se disputó a pesar de todo. Kaspárov había demostrado que era un digno campeón del mundo, pero la disputa en los tableros aún debía continuar. En sus enfrentamientos habían aprendido tanto de ajedrez que su nivel estaba muy por encima del resto de los jugadores.

El mundial de Sevilla

Tras haberse proclamado campeón del mundo Kaspárov comenzó a comportarse como tal. Ganaba casi todo lo que jugaba, pero también empezaron a enfriarse sus relaciones con la FIDE. Consideraba que no era capaz de velar por los intereses de los grandes maestros, ni de organizar los mundiales con unos premios adecuados, y creó la Asociación de Grandes Maestros (AGM). Por su parte, Kárpov había ganado el torneo de candidatos y volvía a enfrentarse a Kaspárov por el campeonato del mundo, esta vez en Sevilla. También se jugaba al mejor de 24 partidas, y quien consiguiese antes seis victorias se proclamaría campeón del mundo.

El mundial comenzó el 10 de octubre de 1987 en el teatro Lope de Vega, en medio de una gran expectación. En buena medida la rivalidad se había transformado en odio mutuo. Esta vez el favorito era Kaspárov, pero el divismo que había comenzado a demostrar le habían granjeado muchas antipatías y había quien quería que Kárpov volviera a ser campeón del mundo. Este mundial coincidió con la explosión de una nueva generación de ajedrecistas españoles que estaban llamados a codearse con la élite del ajedrez mundial, los Illescas, Romero, Izeta, De la Villa, Magem, Comas, San Segundo, Ilundáin, etc.; y despertó un interés inusitado en España, en donde, a partir de entonces, se multiplicaron los torneos, hasta convertirse en el país del mundo que más torneos internacionales organiza, tanto magistrales como abiertos. Esta circunstancia ha propiciado que en España se radiquen buena parte de los mejores jugadores de ajedrez de todo el mundo, y que todos los grandes ajedrecista hablen, con bastante fluidez, español.

La primera partida terminó en tablas. En la segunda partida Kárpov introdujo un sacrificio en la jugada novena de una «Inglesa» que dejó a Kaspárov inferior y con tal cantidad de problemas que llegó a desorientarse; hasta el punto de que en la jugada 26 se le olvidó pulsar el reloj, y perdió más de dos minutos. Kárpov consiguió el primer punto del encuentro. La tercera partida fue tablas en 19 jugadas, en la que Kaspárov tuvo problemas, de nuevo, con el reloj. La cuarta partida la ganó Kaspárov, tras conseguir un final con dos peones de más. En la quinta partida Kárpov volvió a ganar, una partida dramática en la que Kaspárov terminó cometiendo un error. Fue una Grünfeld en la que Kárpov jugó 12. Axf7, que se volvería a jugar en varias ocasiones, por lo que se la denominó «variante Sevilla». La sexta partida terminó en tablas, y también la séptima, por culpa de una imprecisión de Kárpov que le privó de ganar una partida en la que estuvo siempre mejor. La resistencia de Kárpov y las imprecisiones de Kaspárov propiciaban el espejismo de que Kaspárov no estaba del todo en forma, pero ganó la octava partida y el marcador volvió a empatarse.

La novena y la décima partida terminaron en tablas anodinas, pero en la undécima partida volvió la emoción. Kárpov volvió a plantear la «variante Sevilla» pero esta vez quedó inferior. En posición tan apretada jugó de manera magistral y logró una pequeña ventaja que se hacía más evidente con cada jugada: un peón de más y una torre agresiva; pero en la jugada 35 cometió un grave error que le costó el punto. Fue uno de los espectáculos más desagradables que se recuerda. La sala quedó atónita ante el error, a no ser que fuera una combinación genial que nadie era capaz de ver. Kaspárov hizo un gesto de sorpresa, clavó a mirada en su adversario, que estaba inmóvil como una roca. Comenzó a sonreírse de manera descarada tapándose la boca con una mano mientras que con la otra hacía gestos al tiempo que sacudía la cabeza. Fue un acto claramente antideportivo. Tras aquella actitud Kaspárov perdió muchas de las simpatías que tenía en Sevilla. Kárpov resistió heroicamente con calidad de menos, pero perdió la partida. Kaspárov se ponía por delante en el marcador, y sus partidarios comenzaron a vaticinar un final anticipado del encuentro.

La duodécima partida fue tablas, al igual que la decimotercera y la decimocuarta. Aunque en todas ellas Kárpov obtenía ventaja, no podía concretarla; y por su parte, Kaspárov parecía conformarse con la situación del marcador. La decimoquinta partida fue muy disputada, pero también acabó en tablas, con la anécdota de otro lamentable espectáculo sobre quién y cuándo debió proponer las tablas.

La decimosexta partida fue una lucha emocionante hasta el drama, con enroques opuestos, en la que Kaspárov desató un ataque feroz sobre el rey negro, pero Kárpov resolvió todos los problemas de manera genial y tras el ataque terminó dueño del centro y con un peón de más, suficiente para que Kaspárov terminase reconociendo su derrota. El marcador volvía a estar igualado. Kaspárov se mostraba nervioso y se comenzaba a especular con un posible triunfo de Kárpov.

En la partida decimoséptima Kárpov volvió a tener ventaja, pero Kaspárov logró arrancar unas tablas in extremis. Las cinco partidas siguientes también terminaron en tablas, tras una lucha titánica en la que ninguno de los contendientes lograba imponerse. Se empezaba a decir que Kárpov se conformaría con no perder el encuentro, aunque no recuperase la corona. Y de pronto…

En la apertura de la vigesimotercera partida todos se dieron cuenta de que iba a ser un combate sangriento. Kárpov obtuvo una clara ventaja con una «Inglesa». En la jugada 40 selló el aplazamiento. ¿Cuál sería la jugada ganadora? La jugada en cuestión no era la mejor y Kaspárov mantuvo sus posibilidades de empatar. La lucha era encarnizada y en los relojes se consumía el tiempo. Kárpov tenía dos peones pasados, pero el Kaspárov dominaba por completo la columna f. El tiempo se acababa y había que jugar: 50. …, T7f3. La jugada parecía ganadora pero era un tremendo error. Con la bandera a punto de caer se hicieron, a toda velocidad, tres precisas jugadas que daban el punto a Kárpov y que nadie en la sala entendió hasta que todo hubo pasado. Cuando terminó la partida los aplausos para Kárpov fueron apoteósicos. Hasta la televisión dio las imágenes del intenso final.

Kárpov tenía de nuevo el título al alcance de la mano, y los agoreros, que no descansan, le dieron por seguro campeón mundial. Hasta los más acérrimos partidarios de Kaspárov estaban convencidos del triunfo de Kárpov, pero Kaspárov iba a vender cara su derrota. En la última partida planteó una «Reti». No le valían las tablas y esto no parecía ser lo mejor para intentar ganar. En la jugada 31 sacrifica un peón que permite un ataque en tromba contra el enroque negro. El sacrificio no era del todo bueno, pero la responsabilidad pudo con Kárpov y se fue cargando de tiempo. Pasó por alto una variante que probablemente era ganadora y llegó al control en una posición inferior pero, seguramente, con chances de tablas. Cuando al día siguiente se reanudó la partida Kárpov se sentó ante el tablero sin convicción. Cometió un grave error en la jugada 45 que perdía la partida, y aunque la victoria no fue fácil, Kaspárov no podía dejar de ganar aquella partida. El encuentro había terminado con empate a 12, Kárpov había podido ganar el encuentro, Kaspárov había perdido buena parte de su carisma y el duelo habría de continuar.

Su último mundial: Nueva York-Lyon

Entre 1987 y 1990 las carreras de Kaspárov y de Kárpov fueron totalmente contrarias. Mientras Kaspárov lo ganaba todo con insultante facilidad y había superado el mítico récord de Fischer, obteniendo 2800 puntos ELO, Kárpov se mostraba mucho más inseguro. No obstante, seguían siendo los dos mejores jugadores del mundo y el siguiente mundial no podía ser otro que un nuevo duelo entre Kaspárov y Kárpov. Kaspárov volvía a ser el claro favorito. Las relaciones, tanto con la FIDE como con su país, se habían enfriado, hasta el punto de que se negaba a jugar con la bandera de la URSS (quería jugar don la bandera de la Federación Rusa), al final se jugó sin banderas. Cuando Kárpov volvió a ganar el torneo de candidatos Kaspárov exclamó: «le aplastaré de una vez por todas».

El quinto encuentro se celebraría en dos ciudades, en medio de la expectación mundial: Nueva York y Lyon. También se jugaba al mejor de 24 partidas, y quien consiguiese antes seis victorias se proclamaría campeón del mundo. Comenzó el 8 de octubre de 1990 en el Teatro Hudson, pero antes otra vez la polémica. Zurab Azmaiparashvili, a la sazón analista de Kaspárov, afirmó que alguien le había ofrecido 100.000 dólares por revelar los secretos de la preparación teórica de Kaspárov. Nunca quedó claro si fue una denuncia cierta o simple intoxicación.

La primera partida fue tablas. En la segunda se impuso Kaspárov, gracias a una novedad en la jugada 19 de la «Española». En la tercera partida Kaspárov sacrificó primero calidad y luego la dama para obtener una fuerte posición que obligó a Kárpov a devolver el material y conseguir unas tablas. La superioridad de Kaspárov, esta vez, parecía clara, y no faltaron voces que pronosticaron una fácil victoria. En la cuarta partida Kárpov tuvo una clara ventaja, pero apurado por el tiempo, cometió un error que le costó unas tablas. En este mundial Kárpov obtendría muchas ventajas que malograría por errores y con apuros de tiempo. Pero Kárpov no se desmoraliza tan fácilmente y ganó la séptima partida con gran estilo. El marcador volvía a estar igualado.

La octava partida habría de ser de infarto. Kaspárov consiguió una clara ventaja, atacó sin piedad la posición del rey; pero Kárpov se defendió con maestría y terminó sacando un peón de más y una posición ganadora. Así se aplazó la partida. Los grandes analistas del momento vaticinaban una clara victoria de Kárpov, pero la cosa no estaba tan clara, y una imprecisión de Kárpov permitió en empate.

En la novena partida se repitió el drama de la cuarta partida, un error de Kárpov malogró una posición ganadora. Tras otras dos tablas sin mayor importancia, otra vez, en la duodécima partida, Kárpov aceptó un empate en una posición con una mínima pero clara ventaja. ¿Falta de confianza? No apuesten. Y de nuevo el escándalo, cuando es empezó a afirmar que tenían un acuerdo para llegar empatados a Lyon.

Así terminó la etapa neoyorquina. Todo estaba como al principio. La primera partida de Lyon terminó en unas tablas anodinas, pero en la partida decimocuarta saltó de nuevo la sorpresa. Kaspárov planteó una «Escocesa», que no se veía en mundiales desde los tiempos de Chigorín, y obtuvo una posición ventajosa. Sacrificó calidad y lanzó un violento ataque que puso a Kárpov al borde del abismo y con la bandera levantada; sin embargo se defendió estupendamente hasta el punto de que pudo entrar en una variante que seguramente sería ganadora. No obstante, prefirió amarrar las tablas.

En la decimoquinta partida Kárpov obtuvo clara ventaja pero Kaspárov logró empatar la partida. En la decimosexta Kaspárov volvería a plantear una «Escocesa». La ventaja de Kaspárov, esta vez, era muy clara, pero Kárpov logró defenderse de manera casi mágica. No obstante, perdería aquella partida, eso sí, en la jugada 102. Kaspárov estaba por delante en el marcador, y todo el mundo pensaba que Kárpov estaría cansado. ¿Saben quien ganó la siguiente partida?

La decimoséptima partida fue todo un modelo de partida al estilo clásico, que hubiese firmado el mismísimo Capablanca. La manera de concebir, plantear y resolver la partida merece el estudio detallado por todos los aficionados, y al mismo tiempo es emocionante de principio a fin. Fue uno de los triunfos más bellos de Kárpov, que, por otra parte, le permitió empatar el encuentro.

La decimoctava partida fue un contundente triunfo de Kaspárov, que volvía a tener un punto de ventaja. En la decimonovena Kaspárov produjo otro escándalo, que ya empezaban a cansar, y que por lo tanto nadie se lo tomó demasiado en serio. Terminó en tablas en una posición superior y Kaspárov afirmó que habían llegado a un acuerdo para empatar. La vigésima partida fue una contundente victoria de Kaspárov, tal vez la más clara de todas. La vigesimoprimera partida terminó en tablas a pesar de que Kárpov tuvo ventaja en toda la partida y sólo un error (otra vez) le privó de la victoria.

La partida vigesimosegunda era decisiva. Si terminaba en tablas Kaspárov se aseguraba el título. La lucha fue muy tensa. Kárpov se quedó con una pieza por tres peones, pero en la jugada 43 Kaspárov estaba un poco mejor y Kárpov hubo de conformarse con las tablas, resignándose a perder el mundial. Las dos últimas partidas fueron honoríficas, y se resolvieron con una nueva victoria de Kárpov, ante un Kaspárov que jugó sin ambición, y unas nuevas tablas. El encuentro terminó 12,5 a 11,5. Kaspárov retenía el título mundial, pero no había cumplido su promesa: «le aplastaré de una vez por todas».

Este fue el último mundial que jugaron Kaspárov y Kárpov, pero no sería el fin de la rivalidad. En los cinco años siguientes cada enfrentamiento, en torneo, entre Kaspárov y Kárpov se convertiría en un espectáculo mediático. Kárpov cedió en el siguiente torneo de candidatos ante Nigel Short que, en 1993, junto con Kaspárov, consumaría el cisma del ajedrez mundial. Kárpov recobraría, así, la corona de la FIDE, pero era un título devaluado, ante el empuje de Kaspárov, que continuaba siendo el primero en la lista ELO. Además, a partir de 1995 aparecieron otros jugadores que amenazaban seriamente tanto a Kárpov, ya en descenso deportivo, como a Kaspárov. Pero esa es otra historia.

Bibliografía:
VV.AA.: «Ajedrez, curso completo». Siete tomos. Ed. Planeta Agostini. Barcelona 1990
Revista Internacional de Ajedrez de la época.
Revista Jaque de la época.

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