De los analistas y sus vergüenzas

En estos tiempos de desvergüenza, en la que los corruptos campan por su gobiernos, y las mentiras se quieren hacer pasar por verdad científica los periodistas que andan saltando de tertulia en tertulia ya no quieren seguir llamándose tertulianos, ahora pretenden que les reconozcamos el estatus superior: el de analista político.

Estamos asistiendo a uno de esos cambios de significado, en los que debido al desprestigio de la tertulia política, aquellos que la practican, vergonzantemente, creen que cambiando el nombre a lo que hacen se recupera la dignidad perdida.

Lo cierto es que hoy en día la de periodista, y en especial la de periodista tertuliano, es una condición servil. Uno, que ha estudiado algo, porque ha pasado por la universidad, ha desarrollado trabajos y tiene algunas aficiones, sabe de algunas cosas, no muchas, tres o cuatro, pero da la casualidad que esas tres o cuatro cosas que sabe están permanentemente en boca de esos periodistas que ahora quiere que se les reconozca como analistas. Invariablemente, cada vez que hablan de algo que yo sí domino, lo único que oigo son disparates, disparates que haría enrojecer a cualquiera con un poco de discernimiento.

Nunca, jamás, he visto seguir un método de análisis, aunque sea mínimo, ya sabemos que la televisión no da tiempo para profundidades. No sé establecer los hechos, exponer diferentes formas de abordarlos, proponer alternativas; algo. A cambio nos ofrecen opiniones sin fundamento. Es frecuente que el periodista diga: «yo soy…», liberal, socialista, de derecha, de izquierda, etc., y suelte su opinión ateniéndose al canon elemental de su posición ideológica, sin el más mínimo análisis. ¿Y estos pretenden llamarse analistas?

Los hay peores; los hay que pretenden llamarse analistas y ni siquiera tienen una postura ideológica. Son correa de transmisión de un partido político y sus líderes. Todo lo que sale por su boca son ditirambos hacia sus patrocinadores y ataques hacia los contrarios, cuando no simples ataques ad hominem. A estos, ante una noticia repentina, se les puede ver diciendo una cosa por la mañana y la contraria por la tarde, una vez recibidas las consignas del partido. ¿Y estos pretenden llamarse analistas?

¡Con lo qué me cuesta a mí estar seguro de algo, analizar cualquier problema, ver los pros y los contras para, finalmente, formarme una opinión informada esta gente ya tiene un análisis hecho a los dos minutos de haberse enterado de cualquier cosa! Y cuando digo cualquier cosa quiero decir una cosa cualquiera, no distinguen, todas las ramas del saber están a su alcance por ciencia infusa.

Al final, estos que ahora pretenden llamarse analistas, no son más que bufones, periodistas de cámara al servicio de partidos y determinados intereses. Nunca ofrecen un razonamiento coherente sobre nada, jamás analizan nada, no pueden, desconocen por completo aquello sobre lo que hablan. La única y cruda verdad es que son opinadores, apóstoles del amimeparecismo sin vergüenza.

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