Maurice Tabard

«La fotografía es el arte de la luz. ¿Por qué limitarla al simple rol documental? ¿Por qué prohibir a la imaginación divertirse a través de ella?» Así se entendía Maurice Tabard (1897 – 1984) la fotografía, en un tiempo dominado por el documentalismo y la fotografía costumbrista él prefería el arte, el juego, el espíritu rompedor de las vanguardias históricas, dadaísmo, surrealismo, constructivismo.

Al igual que los futuristas, obsesionados por el mundo moderno y la velocidad, Maurice Tabard prefería la fotografía a la pintura por su rapidez y su inmediatez: «La foto va a doscientos por hora, en tanto que la pintura avanza poco a poco en su coche de caballos». Será precisamente esa rapidez la que le permita innovar, buscando composiciones insólitas, el aislamiento del objeto, en busca de la sorpresa, el humor, el escándalo. Todo para encontrar nuevas formas de ver el mundo, nuevas relaciones entre las cosas y las personas.

Maurice Tabard nació en Lyon (Francia), pero en 1914 se traslada con su familia a Nueva York. Allí se matriculará en el Instituto de Fotografía y comenzará a trabajar en esta ciudad.

En 1922 comienza a trabajar para Bachrach, que tenía su estudio en la Quinta Avenida y se especializa en el retrato, lo que le dará acceso a una clientela selecta, como el presidente Coolidge.

En 1928 regresa a Francia, y comienza a trabajar para las más importantes revistas de moda y publicidad: Le Jardin des Modes, Vu, Vogue y L’Art Vivant. Ya encontramos en él un estilo decididamente moderno, con puntos de vista audaces y un radical contraste de luces y sombras. Conoce a Magritte y en 1931 realiza su fotografía más conocida: Composition (surimpression), un ejemplo de fotografía surrealista, pero será partir de 1932 cuando desarrolle sus trabajos de corte más experimentales, utilizando técnicas como la solarización y la sobreimpresión.

Tras la segunda guerra mundial regresó a Estados Unidos, donde trabajó para Harper’s Bazaar y Vogue, e impartió clase de fotografía en la universidad de Hudson y en la de Winoma.

De nuevo en Francia, en 1951, hace fotos para Vogue, Elle, Marie-Claire, Jardin des modes y Jazz Magazine, sin abandonar sus trabajos experimentales.

Maurice Tabard no solo era un fotógrafo, también era un teórico del arte. Para él «la materia prima del artista no es la vida, sino, siempre, otra obra de arte que le inspira». En su obra fotográfica se puede apreciar un fuerte carácter cientifista, matemático, geométrico, con el que trata de alejarse del romanticismo en el hecho artístico. «Fotografiar no es abandonarse a lo aleatorio de la toma de vistas, es premeditar la imagen». Con ello pretende recuperar las leyes matemáticas que produjeron las grandes obras de arte del Renacimiento. Tratará de conciliar dos tensiones: la exigencia matemática y las sorpresas de la vida, para lograr la armonía en sus imágenes. Al final será en el estudio donde haga su trabajo como fotógrafo, abandonando la calle.

Fuentes:

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