Principios fundamentales de la apertura

Todos los principiantes temen quedar perdidos en la apertura, caer en una trampa que les haga perder la partida antes de empezar. Este miedo les hace demandar que se les enseñe aperturas, sin darse cuenta de que lo más impor­tante no es conocer todas las líneas de aperturas, sino saber terminar la parti­da. José Raúl Capablanca afirmaba, y lo han confirmado luego todos los gran­des maestros que en el mundo han sido, que toda jugada está conectada con el final; la apertura está conectada con el medio juego, y este con el final. El fi­nal, además, puede estudiarse por sí mismo. Los argentinos llaman a esta fase de la partida planteo, el cual es un término mucho más preciso que apertura.No obstante, un mal comienzo de la apertura puede implicar un resultado catastrófico, que nos lleve a perder la partida antes de tiempo. Para evitar esto es necesario seguir estrictamente una serie de principios para asegurarnos un buen comienzo de la partida. El aficionado debe memorizar estos principios y aplicarlos siempre. Es necesario conocerlos bien antes de empezar a estudiar aperturas, ya que todas ellas se guían por estos mismos principios, resueltos de una manera o de otra. No solo evitará la catástrofe en la apertura, sino que podremos encontrar una jugada adecuada si el rival juega una variante desco­nocida para nosotros. Los aficionados, ni somos ni queremos ser enciclope­dias de aperturas.

Antes de nada definamos una serie de conceptos clave.

Centro: Las casillas d4, e4, d5 y e5. Si incluimos las casillas adyacentes a estas hablamos de centro ampliado.
Pieza centralizada: Pieza colocada en una de las casillas centrales de tal manera que no sea fácilmente atacada.
Tiempo: Jugada útil para llevar a cabo un plan; en nuestro caso sacar las piezas y controlar el centro.
Desarrollo: Proceso de poner en juego nuestras piezas y peones.
Espacio: Cantidad de casillas dominadas por nuestras piezas, particular­mente las que están detrás de la cadena de peones.

La apertura abarca las siete, diez, quince, primeras jugadas en las que el ob­jetivo es poner nuestras piezas en juego y controlar el centro. De esta manera planteamos nuestra partida, y aspiramos a encontrar una serie de temas tácti­cos en el medio juego y llegar a un final tipo, que sabemos ganar. Para hacer bien la apertura debemos tener un buen desarrollo y unas piezas activas.

Reglas para un buen desarrollo:

  1. Mover una pieza o un peón diferente en cada movimiento.
  2. Abrir el juego con los peones de rey o dama, ya que pueden ocupar el centro.
  3. En general, sacar los caballos antes que los alfiles, particularmente si son del mismo lado.
  4. No sacar la dama demasiado pronto, sobre todo a casillas avanza­das. Nos la atacarían y deberíamos romper la primera regla.
  5. Enrocar lo antes posible, para resguardar al rey y conectar las to­rres.
  6. Procurar hacer el menor número de movimientos de peón en el planteo.
  7. Procurar mantener, al menos, un peón en el centro.
  8. En general, colocar las torres en las columnas que estén libres de nuestros peones, o detrás de nuestros peones más avanzados.

Reglas para desarrollar las piezas de manera activa y acumular tiem­pos.

  1. Colocar las piezas en casillas que amenacen el centro.
  2. Colocar las piezas en casillas que amenacen ganar material.
  3. Colocar las piezas en casillas que eviten una amenaza del rival.
  4. Colocar las piezas en casillas que dominen muchas casillas, particu­larmente en el campo contrario. (Movilidad)
  5. Colocar las piezas con armonía, es decir, en casillas que no estor­ben los movimientos de nuestras propias piezas.
  6. No hacer jugadas sin un objeto determinado (pérdida de tiempos).

Estas reglas no se deben romper nunca a no ser que:

a) Podamos dar jaque mate.
b) Capturemos material.
c) Obliguemos al rival a romper estas mismas reglas en la jugada si­guiente.

También se pueden romper si:

d) Logramos impedir el desarrollo del rival.
e) Podemos descoordinar las piezas del rival.
f) Podemos desbaratar la estructura de peones del rival.
g) Logramos ganar un tiempo suplementario. Por ejemplo, atacando con nuestros peones las piezas contrarias.
h) Impedimos temporal o definitivamente el enroque del rival.

Estas cinco últimas reglas requieren del ajedrecista experiencia y una co­rrecta valoración de la posición resultante.

Un buen desarrollo inicial se puede malograr si:

a) Cambiamos una pieza que hemos movido muchas veces por una que se ha movido pocas veces.
b) Cambiamos una pieza activa por una pieza que no lo es, y no pue­de serlo en la jugada siguiente.
c) Nos capturan una pieza que hemos movido muchas veces con una pieza que se ha movido pocas veces, particularmente si es su pri­mera jugada.
d) Nos vemos obligados a retrasar una pieza centralizada.

Precisiones finales.

  1. Procuraremos ganar espacio avanzando los peones centrales si, y sólo si, tenemos la iniciativa y están apoyados desde atrás por nues­tras propias piezas, ya que de lo contrario los perderemos.
  2. Si podemos hacer una captura en una casilla con dos peones, uno lateral y otro central, preferiremos tomar con el peón lateral, a no ser que la captura con el peón central dé más actividad a nuestras piezas.
  3. En ocasiones uno de los bandos sacrifica un peón para que el rival pierda un tiempo capturándolo, a este lance se le llama gambito.
  4. Recordemos que para poder lanzar un ataque debemos dominar, al menos, tres de las cuatro casillas centrales. A la oportunidad de co­menzar el ataque la llamamos iniciativa, y la tiene quien antes ter­mine el desarrollo.
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