David Brónstein

David Ionóvitch Brónstein nació en Kiev el 19 de febrero de 1924, en el seno de una familia judía emparentada con Trosky, y murió en Minsk, Bielorrusia, el 5 de diciembre del 2006. Cuando contaba con 6 años su abuelo le enseñó a jugar al ajedrez. Tras obtener el segundo puesto en un torneo escolar a los 12 años, David se hizo miembro del Club Juvenil de Ajedrez y Damas de Kiev. Su progreso era rápido y al poco tiempo ganó el campeonato escolar de dicha ciudad. A los 16 años fue seleccionado como jugador de reserva para el campeonato de Ucrania y la indisposición de uno de los participantes habituales le dio la oportunidad. La mayoría de los jugadores experimentados opinaban que el muchacho sería presa fácil pero para sorpresa general, fue ganando las partidas y finalizó con una puntuación de 11,5 puntos sobre 17 posibles. A causa de ello se convirtió en el jugador soviético más joven que recibió el título de maestro nacional (en 1940), y se ganó el derecho a jugar la semifinal del Campeonato de la URSS en Róstov. Sin embargo, el torneo fue suspendido tras seis rondas por la invasión de la URSS por las tropas nazis.Su primer instructor fue Konstantinopolsky, el cual le enseñó a valorar combinaciones, los hermosos mates, los sacrificios, las defensas sutiles, y combinaciones, combinaciones… Alguien le habrá dicho que el dominio de los finales es esencial, pero él, por su parte, habrá comprendido que no lo son menos la apertura, ni el medio juego, ni, en fin, el conocimiento de las partidas del pasado, tema recurrente en sus comentarios. Durante tres años, David no jugó al ajedrez seriamente, hasta que en febrero de 1944 se le invitó a participar en la semifinal del Campeonato de la URSS en Bakú. A pesar de su falta de práctica, logró clasificarse para la final, que se celebró en junio de aquel mismo año. Atrajo la atención del mundo del ajedrez fuera de la URSS al ganar a varios de los primeros jugadores de aquel tiempo Botvínnik, Lílienthal, Ragozin, Tolush y empatar con Smyslov, Boleslavsky y Makogónov, jugando con un estilo innovador que llegó a ser su principal característica.

Su ascenso en el ajedrez de élite fue meteórico. Fue cinco veces campeón de Moscú, dos veces campeón de la URSS (1948 y 1949). A pesar de sus éxitos deportivos, La Federación Soviética de Ajedrez no le seleccionó para participar en el primer Torneo Interzonal de la FIDE; si jugó fue debido a las votaciones de las federaciones extranjeras. Este torneo, muy competido, se celebró en julio de 1948 en Saltsjöbaden (Suecia) y Brónstein consiguió el primer premio, asegurándose así un puesto en el primer Torneo de Candidatos. Poco después, se le concedió el título de gran maestro internacional, en 1949 en el congreso de la FIDE en París.

En Torneo de Candidatos Budapest (1950) Brónstein, tras haber empatado con Boleslavsky ganó el desempate por 3 a 2 y 9 tablas. Lo que le da derecho a enfrentarse al campeón del mundo. En 1951 llega el apasionante encuentro con Botvínnik, con el título mundial en juego. Brónstein trata de demostrar que también hay otra forma de jugar al ajedrez. Hay que saber quién es Botvínnik, de qué modo inapelable domina a sus colegas. En la Unión Soviética se le considera casi un dios, el campeón por antonomasia. Brónstein comentará más tarde: «Durante el transcurso de mi preparación para el Campeonato del Mundo de 1951 no logré desvelar el secreto de Botvínnik, es decir, sus ininterrumpidas victorias. Pero tuve la suerte de dar con algo más importante: el algoritmo del juego a seguir en aquel encuentro. Tras haber analizado profundamente más de cien partidas del campeón del mundo, decidí improvisar en el tablero, a pesar del peligro que ello entrañaba». Y con esa fórmula Brónstein entabló el encuentro (12:12), pero Botvínnik retuvo el título, pues el aspirante debía ganar.

Tras perder su oportunidad de ser campeón mundial, al haber empatado su encuentro con Botvínnik, perdió interés en el título mundial y se dedicó a jugar torneos, pasando, incluso, grandes temporadas lejos de los tableros. Creyó que su capacidad como jugador práctico no era suficiente, y le faltó la confianza suficiente para continuar intentando el asalto al campeonato del mundo. Una de sus anécdotas más célebres es la de aquella partida en la que estuvo una hora pensando para jugar 1. e4. No obstante, sus logros deportivos están muy por encima de la mayoría de los ajedrecistas. Fue segundo en el torneo de candidatos de 1953, primero en Belgrado 1954, primero en el interzonal de 1955, tercero en el torneo de candidatos de Amsterdam 1956. Ganó los torneos de Gotha 1957, Moscú 1959 y 1968, Sarajevo 1971, Hastings 1957, Budapest 1977, etc. A partir de 1980 su participación en torneos descendió.

El estilo de Brónstein es brillante y profundo. Brónstein se distinguió desde joven por una gran habilidad para organizar el ataque, junto con una marcada intuición para detectar las sutilezas tácticas latentes en la posición. Así pues, se trata de un jugador de ataque, de un ajedrecista sutil, habituado a desentrañar los secretos de la posición. Ciertas maniobras son obra personal suya, hasta el punto de que muchos aficionados son capaces de identificar sus partidas sin necesidad de ver que es él quien las juega. Su juego se basa en un profundo conocimiento del juego posicional, pero con una mente escéptica que considera que la excepción es tan válida como la regla. Es el maestro de los jugadores tácticos de la década de los 50: Tal, Géller o Spassky. Su influencia en el ajedrez ha sido decisiva.

Brónstein es un iconoclasta que suele escandalizar al mundo del ajedrez con afirmaciones como «jugar al ajedrez es fácil», o «¿porqué, si se puede tomar al paso con un peón no se puede tomar al paso con una pieza?». Propuso un sistema de tiempo añadido para jugar al ajedrez que consiste en determinar un tiempo añadido por jugada, pero si se contesta antes de ese tiempo sólo se incrementa el tiempo empleado. Es el único sistema realmente serio para organizar torneos con tiempo añadido. Difícilmente se habrá hecho justicia a Brónstein, a la enorme entidad que tiene su figura, con toda su infinidad de ideas, de constante búsqueda innovadora. Sabemos que el ajedrez tiene fronteras inaccesibles, posibilidades entrevistas, áreas increíblemente fértiles. Brónstein, sin embargo, jamás marcó límites a su propio afán investigador.

Es una persona pequeña, siempre sonriente y dispuesto a jugar una partida. «he ganado, ¿jugamos otra?» suele decir. Yo le conocí Oviedo en 1992 y a sus 68 años perder reiteradamente con él era todo un placer. Es una persona de una vastísima cultura, interesado por todo lo que le rodea. Sólo le molesta que aficionados y principiantes, por su miedo a perder, opten por partidas cerradas. En el torneo de Oviedo de 1993 una joven vietnamita abrió la partida con 1. d4, y Brónstein estuvo a punto de no jugar aquella partida. Impresiona mucho ver cómo un hombre tan modesto como él se ha convertido en uno de los jugadores más carismáticos del mundo, todo un mito del ajedrez.

Campeonatos del mundo

Año: 1951
Ciudad: Moscú (Rusia)
Contrincantes: Botvínnik contra Brónstein
Resultado: 12 – 12
Campeón: Botvínnik (5 ganadas, 5 perdidas, 14 empatadas)

El encuentro por el título con Botvínnik fue trepidante. Brónstein era un joven talentosos muy bien preparado. Botvínnik no estaba del todo en forma, ya que se había dedicado a su profesión de ingeniero. Las condiciones eran un duelo a 24 partidas, y el aspirante debía ganarlo, en caso de empate Botvínnik retenía el título. Las cuatro primeras partidas terminaron en tablas, Brónstein ganó la quinta, y Botvínnik las dos siguientes. Las tres siguientes terminaron en tablas, pero Brónstein ganó la undécima partida. Botvínnik reaccionó y ganó la duodécima, volviendo a tomar ventaja. Las cuatro siguientes partidas terminaron en tablas. En la decimoséptima partida ganó Brónstein, y Botvínnik volvió a tomar ventaja en la decimonovena. Las cuatro últimas partidas fueron trepidantes. Las partidas vigésimo primera y vigésimo segunda las ganó Brónstein, pero Botvínnik reaccionó y logró ganar la vigésimo tercera. Brónstein necesitaba la última partida, sacrificó un peón y se lanzó al ataque. Botvínnik se defendió y paró el ataque. Le propuso tablas y tras pensarlo veinte minutos Brónstein las aceptó renunciando al campeonato del mundo.

Frases célebres que se le atribuyen

  • «Jugar la ajedrez es fácil».
  • «Un juego con unas reglas tan simples, en el que a un lado tenemos torre, caballo y alfil y al otro lado también, no puede ser difícil» Esto se lo dijo Brónstein a un servidor de ustedes. También añadía en bajito, «lo difícil es ganar, pero no por no ganar al fútbol uno dice que el fútbol es difícil».
  • «Recomiendo sinceramente no creer en los corifeos del ajedrez, sino ensayar una apertura y practicarla en encuentros individuales. La experiencia mostrará cómo seguir con ella».
  • «Si quieren saber como gana Tal, es muy sencillo. Coloca las figuras en el centro y después las sacrifica por ahí…».
  • «El ajedrez es imaginación».
  • «Jugar una partida de ajedrez es pensar, elaborar planes y también tener una pizca de fantasía».
  • «La combinación es una preciosa flor, nacida de la fantasía, del amor, del trabajo y de la lógica».
  • «Usted habrá visto que a menudo pienso durante 15 ó 20 minutos antes de efectuar la primera jugada. Quizá el público se pregunte cómo es posible, cuál es la razón… Y la única razón es que así es como yo juego… como un pintor trabajando en su cuadro. Así trabajo y así creo».
  • «Si un jugador tiene miedo a reveses competitivos nunca creará nada nuevo».
  • «Hace cuatro décadas que asisto al Templo del Arte ajedrecista, toco piadosamente el peón del rey blanco y lo envío con una oración a explorar el terreno contrario».
  • «Ganar no era lo más importante; más bien lo importante era mostrar que la suya no era la única manera de jugar al ajedrez». (se refería a su match con Botvínnik).
  • «La maestría en cualquier arte es imposible sin técnica, lo mismo que sucede en el ajedrez». (En el prólogo a la segunda edición rusa de «El ajedrez de torneo»).
  • «Las variantes [en ajedrez] tienen interés si desvelan la belleza de nuestro juego; son innecesarias si van más allá de lo que un ser humano es capaz de calcular; son nocivas si pueden ser sustituidas por el estudio o la explicación de aquellas posiciones en las que la intuición, la imaginación y el talento deciden el desenlace de la lucha». (En el A modo de prefacio de «El ajedrez de torneo»).
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