De la vida por azar

¿Conocen ustedes el sorteo de Navidad de la lotería nacional de España? Es un espectáculo fantástico, del que el día 22 de diciembre de cada año está pendiente todo el país. Los premios no son muy grandes, pero es el que más ilusión hace, y cada año los informativos de todas las cadenas abren con la noticia de los ganadores. La suerte se reparte, y mucho, hasta el punto de que los billetes de lotería (décimos) se dividen en participaciones y se comparten con familiares y amigos. El sorteo consiste en ir emparejando todos los números que se juegan, que se encuentran en unas bolas en un bombo grande, con todos los premios que se reparten, que se encuentran en unas bolas en un bombo más pequeño.

Todos los años salen premiados unos determinados números y les toca a unas personas concretas. ¿Saben ustedes qué probabilidad hay de que en un sorteo salgan premiados unos determinados números y les toque a unas personas concretas? Prácticamente nula. Y menos que la suerte se repitiera, y aunque sólo fuera el que en dos sorteos diferentes salgan los mismos números. Y sin embargo este año han salido estos números y les ha tocado a estas personas, y podrían salir los mismos números si hiciésemos un número suficiente de sorteos, y con la particularidad de que no podríamos precisar qué sorteo sería el de la repetición.

¿Y a qué viene todo esto? Pues a que desmota el argumento de la poca probabilidad de que la vida surgiera por azar. Sí, la probabilidad es poca, pero el número de «sorteos» en todo el universo es inmenso, y a nosotros «nos ha tocado la lotería»; y es posible que en otros puntos del universo también haya tocado (no lo sabemos).

Ustedes no deben pensar en ¿qué probabilidad hay de que el carbono, el hidrógeno, el oxígeno y otros átomos se combinen para dar vida? Lo que deben sopesar es ¿qué probabilidad hay de que cada átomo de carbono, hidrógeno, oxígeno, etc., se combinen para dar vida? Entonces caerán en la cuenta de que el número de «sorteos» es enormemente alto, y de que es relativamente fácil que al menos en un punto del universo haya «tocado la lotería», de que haya surgido la vida por azar. Y encima, el ejemplo de la lotería nos muestra que no es necesario un número de sorteos muy alto para que le toque a alguien. ¿Porqué no a mí? Por eso juego.

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