La fe por encima de todo

Me he dedicado en los últimos tiempos a discutir con creacionistas en sus foros. Protestantes todos ellos, claro, los católicos no tienen ese problema, les basta con creer que Dios es «el principio creador», el que «encendió la mecha del Big Ban», y el que dio el alma al hombre, y para el resto admiten la evidencia científica. Esto, para los católicos no es un gran esfuerzo de creencia, tengan en cuenta que para ellos es muy común el concepto de parábola: «Jesús enseñaba su doctrina a través de parábolas». En la parábola la anécdota no tiene porqué ser literalmente verdad, ya que lo importante es el mensaje de la historia. Pero los protestantes llevan su fundamentalismo religioso mucho más allá y creen en la literalidad de la Biblia.

En mis discusiones me he dado cuenta de que los cristianos protestantes más integristas (los más peligrosos) no sólo son creacionistas, si no que ¡son fijistas! No sólo niegan la evolución, ¡niegan que exista la posibilidad de mutaciones en las especies! Cuando hay gente que se gana la vida gracias a esas mutaciones que crean nuevas variedades y razas.

Pero todo se explica si se tienen en cuenta algunas frases de Martín Lutero:

  • «La razón es la mayor enemiga de la fe. Quienquiera que desee ser cristiano debe arrancarle los ojos a su razón».
  • «La fe debe sofocar toda razón, sentido común y entendimiento».

Como está muy claro que los luteranos tienen muy asumidas estas frases lo cierto es que no merece la pena el esfuerzo de discutir con ellos, ya que antepondrán, siempre, su fe a la evidencia.

No importa que se les demuestre con hechos que la evolución existe, siempre lo negarán, y te dirán que los cambios y las mutaciones son imposibles, aun cuando cualquier agricultor y ganadero puede constatar lo contrario, y nadie (aun en tiempos de Darwin) lo discute. Así explicaba en 1590 José de Acosta la presencia de especies en América.

El problema nunca fue ese (el primer capítulo de «El origen de las especies» trata de eso), la cuestión era si existía un mecanismo natural que hiciera lo mismo que el hombre conseguía con sus especies domésticas de plantas y animales; si existía un mecanismo de selección natural lo mismo que existe un mecanismo de selección artificial. Y es evidente que sí existe, y es tan eficaz que hace evolucionar las especies.

Tampoco importa que las especies evolucionen ante sus propios ojos, como lo hacen los virus y las bacterias. La mayoría de estas nuevas especies no las conocemos, pero sí que sabemos de las que afectan a la salud humana. Ante sus narices han evolucionado los virus de la gripe o el SIDA.

Pero siempre y ante todo negarán la evidencia material, porque para ellos hay algo más importante que la Verdad: LA MENTIRA.

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